Capítulo 35
Jordan
—Me gusta este lugar, tiene presencia —dice Jaz, mirando la fachada del edificio de dos pisos frente a nosotras, y estoy de acuerdo con ella.
—Sí, me gusta, es justo como me imaginé que sería.
Ella contactó a una agencia de bienes raíces para que nos muestren algunos lugares en sitios estratégicos de la ciudad para la boutique. Este es el primero que vemos y ni siquiera hemos entrado, pero me gusta, es imponente y tiene carácter. Nos tiene encantadas solo con la fachada, y eso sin contar que está en una calle transitada, cercana a la Magnificent Mile. Excelente ubicación, si me lo preguntan.
Jaz y yo estamos tan entretenidas decidiendo dónde poner el letrero con el nombre de la boutique –nombre que aún no decidimos–, cuando una mujer de cabello castaño y rasgos delicados se acerca a nosotros.
—Jazmine, Jordan —saluda, adoptando una sonrisa profesional, extiende su mano hacia mí, la estrecho y luego hace lo mismo con Jaz.
—Es gusto verte, Hadley.
—El gusto es mío. —Señala la entrada del lugar—. ¿Entramos?
Ellas hablan como si ya se conocieran, aunque Jazmine me dijo que la agencia es la misma donde trabaja su tía, no me parece extraño que conozca a esta mujer. Sin embargo, creo haberla visto antes, su rostro me es familiar.
—Por supuesto, estoy impaciente por verlo.
Caminando delante, incluso de Hadley, Jazmine va hacia la entrada. Yo camino a un lado de la mujer, mirándola de reojo.
—Tienen suerte de haber llamado ayer, este lugar se puso en venta hace dos días y hay muchas personas que lo quieren. —Nos explica la mujer—. La infraestructura es anticuada, pero está en perfectas condiciones, el anterior dueño se encargó de arreglar todas las grietas que se habían hecho por el tiempo y renovó todo el sistema eléctrico.
Por dentro es mejor, si eso es posible. Los pisos de granito están relucientes, las paredes de color blanco le dan luz al lugar, aunque las ventanas rectangulares de la entrada y las puertas francesas la dan entrada a la luz natural.
—¿Qué uso tenía este lugar antes de estar en venta? —cuestiono, impresionada por lo bien cuidado que está.
—Era una joyería, pero quebró por malversación de fondos y tuvieron que cerrar. —Se encamina hacia la parte trasera y abre una puerta que no había notado—. Esto es la trastienda, es aparte del depósito, que está en el sótano.
—El sitio perfecto para el taller de confección. —Jaz aplaude satisfecha, admirando el lugar—. ¿Cuenta con sistema de seguridad?
—Sí, tiene sistema de seguridad completo; cámaras y alarmas.
—Excelente.
Jaz parece una mujer que ha conseguido lo quiere, yo pienso como ella, pero no lo dejo al descubierto.
Hadley camina por delante de nosotras hacia la escalera a un costado del lugar, no es la mejor ubicación para una escalera, pero servirá. Además, es espaciosa. La seguimos.
—El piso superior es hermoso, los ventanales de piso a techo le dan mucha luz y estilo.
En efecto, los ventanales de cristal tiene todo el piso iluminado sin necesidad de encender ninguna bombilla, lo que nos ahorraría energía.
—Esta parte de aquí podrían ser probadores —murmura Jaz, más para sí misma que para mí—. Y toda esta pared la visualizo con espejos.
—Me gusta como piensas —interrumpo sus cavilaciones, ella me sonríe.
—Tengo las mejores ideas.
Volvemos abajo con Hadley dando más detalles sobre el lugar, aunque ya nos tiene convencidas. Es justo lo que queremos, tiene los espacios que necesitamos y la infraestructura está perfecta. No podemos pedir más.
El sonido de un teléfono sonando interrumpe a Hadley, ella mira al aparato en su mano antes de dirigirnos una sonrisa de disculpa.
—Lo siento, tengo que atender esta llamada.
—Adelante —decimos Jaz y yo al mismo tiempo.
La mujer se aleja y empieza a hablar en susurros. La observo todo el tiempo, tratando de recordar dónde la he visto. Siento que la respuesta la tengo justo en la nariz, pero no me llega.
¿De la universidad? ¿Era una profesora? No creo. ¿La habré visto en la tienda? Allí conocí un montón de gente en esas escasas dos semanas. No, no tiene pinta de ser una persona que le guste la tinta en su piel.
—¿Por qué la miras así? —inquiere Jazmine, sacándome de mis pensamientos.
—Creo haberla visto antes. —Por la cara de Jazmine cruza vergüenza y luego culpabilidad—. ¿La conoces?
Ella hace una mueca y gime.
—Sí, la conozco, pero no quería que tú la reconocieras —confiesa.
Frunzo el ceño.
—¿Quién es? —Jaz aparta la mirada y aprieta los labios, renuente a decirme de quien se trata—. Jazmine, dime quien es.
—Mira, no te lo dije antes para que no te sintieras incómoda, ella es buena en su trabajo y no quería que la juzgaras.