Capítulo 39
Jordan
Abro la puerta de mi apartamento para encontrarme con la cara sonriente y pacífica de mi novio. No quiero hacer conjeturas, pero, por su expresión, se puede decir que las cosas fueron bien con su padre. Me aparto, dándole paso, él me besa rápidamente al pasar por mi lado y se dirige a la sala de estar.
—¿Quieres algo de beber?
Kurt asiente al tiempo que se sienta en el sofá y posa sus ojos en el programa que estoy viendo en la televisión.
—¿Qué es esto, Fresita? —cuestiona con burla cuando se da cuenta lo que he estado viendo—. ¿Desde cuándo te gustan las Kardashian?
Río mientras entro a la cocina y saco dos colas del refrigerador.
—Desde siempre —contesto cuando vuelvo. Me asiento a su lado y le paso la lata—. Son divertidas y dramáticas, perdona si soy banal.
—No puedes ser perfecta, ¿cierto? —bromea, abriendo su cola y dándole un trago.
No dice nada más y yo espero que me cuente cómo fueron las cosas. Está de buen humor, sonríe y bromea, ¿debo confirmar sin que me lo diga que las cosas fueron mejor de lo que pensaban? Pasa un minuto y él no suelta prenda, solo mira el reality y ríe con cada tontería que hace cualquiera de las Kardashian.
Mi paciencia tiene un límite y mi lado cotilla toma el control.
—¿No vas a decirme como estuvo la reunión con tu padre? —inquiero, él me mira.
—Tienes un aguante de acero, pensé que me interrogarías apenas pusiera un pie dentro del apartamento.
Golpeo su brazo con la mano abierta.
—Eres un malvado —lo acuso—. ¡Cuéntame!
Kurt deja su cola sobre la mesa y luego pasa un brazo detrás de mí, dejándolo reposar en el respaldo del sofá.
—Fue bien, explicó lo que pasó y, aunque no lo haya perdonado por dejarnos, creo que voy a poder hacerlo. —Adoptando la posición de indio, me giro hacia él y le hago una seña para que continúe—. Resulta que cayó en depresión después de irse, tanto que dejó a su esposa, que en ese tiempo no era nada suyo, porque no creía que fuera bueno para crear una segunda familia cuando le había fallado a la primera. Sin embargo, después que se recuperó y no vino a buscarnos porque creyó que ya no lo necesitábamos. —Bufa—. Vaya mierda.
˃˃Luego de que soltó esa excusa tan pobre, Blake se destapó. Le dijo que estuvo esperando que volviera por diez años, y que cuando decidió dejarlo atrás, poco después enfermó mamá y volvió a suplicar que volviera. Le contó lo que tuvimos que hacer para mantenernos, echándole en cara que fue su culpa que tuviéramos que llegar a esos extremos. —Se detiene a respirar, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá y centrando su mirada en el techo—. Papá se puso a llorar… como un bebé. Lloró tanto que a Blake se le ablandó el corazón y fue a consolarlo. —Gira la cabeza hacia mí, sus brillando con un millar de emociones—. Repitió una docena de veces que lo sentía hasta que dejó de llorar. Cuando se calmó, aceptó que no merecía nuestro perdón, pero que quería estar en nuestras vidas, que no lo viéramos como un padre si eso nos hacía sentir mejor, pero que no lo alejáramos. Mamá fue la primera en responderle, le aseguró que ya lo había perdonado y después se fue a hacer café. Blake fue la siguiente, y aunque no lo perdonó, le dijo que podría hacerlo con el pasar del tiempo. —Se detiene, frunciendo el ceño—. Nos dejó solos y, entonces, él dijo: “Veo que cumpliste tu promesa. Eres el hombre de esta casa y cuidaste de ambas”.
—¿Le hiciste una promesa antes de que se fuera? —pregunto, atónita. Él asiente—. ¿Sabías que se iría?
—Sí —afirma—. El día en que se fue, estábamos jugando a las escondidas con Alex en el patio trasero, Blake robó mi escondite y tuve que ir dentro de la casa. —Suspira—. Los escuché discutiendo, mamá reclamando que la iba a dejar, él diciendo que ya no la amaba y que se iba… En fin, un sarta de tonterías que yo no tenía que escuchar. —Tomo su mano en la mía y aprieto, él me sonríe agradecido—. Cuando se dio cuenta que los había oído, papá me llevó a mi habitación y me confirmó que se iba, pero me prometió que volvería. Luego, me hizo prometerle que cuidaría de mamá y Blake y que sería el hombre de la casa. Lo hice, y cumplí mi promesa aunque él no cumplió la suya.
—Eso fue un gesto admirable de tu parte, cariño.
No lo niega, pero tampoco lo confirma. No está convencido de mis palabras.
—Se convirtió en el móvil de mi vida, Jordan, hice de esa promesa mi motor. Y hoy, cuando lo mencionó, por fin pude sentir que había hecho algo de lo que mi padre estaba orgulloso. —Aprieta su agarre en mi mano y pasa la lengua por sus labios—. ¿Te das cuenta de lo tonto que suena? Se sintió bien enorgullecer a un hombre que no ha estado en la mayor parte de mi vida hasta ahora. —Suelta el aliento lentamente—. Ese sentimiento me dio vía libre para intentar perdonarlo, no ocurrirá hoy o mañana ni la próxima semana, pero es un avance.
—Uno grande —agrego.
—Uno grande —repite—. Y se siente bien, como si me hubiesen quitado un peso de mis hombros. Me siento mucho mejor.
Cierro el espacio entre nosotros y beso su mejilla.
—Me alegra, cariño. Te mereces tener paz.