Capítulo 40
Kurt
Al llegar a la camioneta, golpeo un costado de la misma con mi puño cerrado. De inmediato, me escuecen los nudillos, me los he roto, pero no me importa.
Debía saber que algo malo pasaría, todo iba demasiado bien para ser verdad. Estaba en calma, feliz luego de contarle a Jordan lo que había pasado con papá, cuando me empezó a vibrar el teléfono en el bolsillo. No recuerdo en qué momento le cambié el sonido a vibrador, pero me alegro haberlo hecho, Jordan no se dio cuenta de que me estaban llamando. Hasta que me escuchó en el baño.
Quiero borrar esa parte de la noche de su mente, que no recuerde nada de lo que dije al teléfono. Quiero regresar el tiempo a ese instante en el que decidí contestar la llamada y cambiar los hechos.
¿Cómo, tontamente, permití que las cosas se me salieran de las manos?
Hui, sí, lo hice, pero tengo un motivo; me niego a que Jordan se involucre en esto, no la quiero cerca de mis problemas.
Alzo el puño y miro a mis nudillos sangrantes, he golpeado tan fuerte la camioneta que me he abierto heridas profundas, la sangre me corre por los dedos hasta mis uñas. Abro la puerta y busco en la guantera el trapo que uso para limpiar mis manos cuando arreglo alguna parte del motor. Está manchado de grasa y hay un alto riesgo de se que me infecte, pero necesito limpiar la sangre. Miro hacia arriba, al lugar preciso donde está la ventana de la habitación de Jordan, está apagada, pero la de la sala de estar sigue encendida. Quiero subir, disculparme y limpiar mis heridas, sin embargo, no sería buena idea, Jordan querría que le dijera todo y no estoy de humor para hablar de ello. Lo que quiero en este momento es golpear hasta inconsciencia a Liam, Danger y sus secuaces.
La sangre no para, así que envuelvo mi mano con el trapo y subo a la camioneta. Alex me está esperando en el taller, está trabajando en el motor de su auto y me propuso vernos allá.
Justo después de terminar la llamada, le envié un mensaje diciéndole que Liam me había contactado otra vez, que me llamara. Salí del cuarto de baño de Jordan con la intensión de darle cualquier excusa creíble para irme, pero no hizo falta, ya había escuchado todo.
¿Habrá escuchado el nombre Liam y ató cabos? No preguntó nada en referencia a ello y, además, hay un montón de tipos llamados Liam por ahí.
Una vez llego al taller donde trabaja Alex, toco la bocina y él sale por el portón segundos después, como si hubiese estado esperando en la puerta. Bajo de la camioneta y voy a su encuentro. Mira mi mano envuelta en el trapo manchado de grasa y alza las cejas.
—¿Con qué descargaste tu furia? —pregunta divertido.
—La camioneta —señalo detrás de mí y una media sonrisa aparece en mis labios.
—¿Puedo saber qué te hizo la camioneta para que te descargaras con ella?
—Fue lo primero que se atravesó en mi camino en medio de un berrinche.
—Pobre de ella. —Se gira y abre la puerta del portón para mí—. Vamos, explícame todo a detalle dentro.
Entramos al taller y vamos directamente a la oficina del dueño. Allí, Alex va hacia el pequeño refrigerador que hay en la sala y saca dos cervezas, las abre, me da una y se sienta en la silla de su jefe, mirándome expectante.
—Te escucho —dice, dándole un trago a su cerveza.
Me siento en el sillón junto a unas cajas de repuestos y apoyo los codos en mis rodillas.
—Danger quiere que vayamos antes del sábado a verlo —le informo—. Mandó a decir con Liam que si no lo hacemos, el mensaje le llegará a Blake.
Alex deja la botella sobre el escritorio a su lado y se pasa una mano por la cara.
—Ese idiota de Danger tiene que aprender a aceptar la palabra “no” —resopla—. No le debemos nada, no tiene por qué amenazarnos.
—Supongo que era Billy el que cumplía las normas, Danger hace sus propias normas.
—Pues es momento de que aprenda la maldita lección —gruñe.
—Lo mismo digo —concuerdo. Le doy un trago a mi cerveza y bajo la vista a mis pies—. Hay algo más.
—¿Qué?
Respiro antes de mirar a Alex a la cara.
—Jordan me escuchó hablando con Liam.
Alex maldice por lo bajo.
—Eso no es bueno.
Niego, rascando detrás de mi oreja.
—No lo es.
—¿Qué escuchó? —inquiere.
—Escuchó cuando le dije a Liam que no era un perrito faldero para ir con Danger cada vez que le diera por llamarme y también oyó cuando le dije se mantuviera alejado de mi familia o se atuviera a las consecuencias. —Dejo la botella a mis pies y me recuesto del sillón—. No entendió nada más.
Alex hace una mueca.
—Lo que escuchó ya es suficiente para hacer preguntas.
—Ya las hizo.
—¿Qué le dijiste?
—No tuve tiempo de decir nada, me llamaste en ese momento.