Capítulo 42
Kurt
Mi cerebro acaba de hacer corto circuito. No puedo hilar las palabras ni tener un pensamiento coherente. Mi corazón se detiene por un segundo y luego empieza a latir como loco. No soy dueño de mí mismo, no tengo la capacidad de manejar mi cuerpo, no escucho, no siento, no coordino, solo se repite en mi cabeza una y otra vez:
Estoy embarazada, estoy embarazada, estoy embarazada.
Mi primer instinto es correr y esconderme, el segundo es desmayarme, pero mi cerebro no se apaga, sigue repitiendo las palabras de Jordan.
Ella está parada frente a mí, esperando, con la boca ligeramente abierta y la respiración acelerada. Tengo que decir algo, hacerle saber que escuché lo que me dijo, que no estoy entrando en pánico para que no crea que voy a correr. Es lo que quiero, pero no lo puedo hacer.
Trago grueso, asimilando la situación. Tomo una respiración profunda y extiendo una mano para tomar la suya y atraerla hacia dentro, ella viene de buena gana.
—Eh, yo me voy —dice Jazmine, recordándome que está en el pasillo también. Me extiende un bolso que identifico como el de Jordan y lo tomo—. Si necesitas algo, Jojo, llámame.
Jordan asiente y pasa a mi lado hacia el interior del apartamento. Le doy un asentimiento a la rubia en agradecimiento que ella me devuelve antes de irse rumbo a las escaleras. Cierro la puerta y me armo de valor para lo que se viene ahora. No puedo flaquear y darle a entender a Jordan que estoy demasiado asustado como para no responder.
En la sala de estar, ella se detiene y se gira hacia mí, me tiende una mano, señalando el bolso. Se lo entrego. Lo abre y busca algo, todo el tiempo en silencio, cuando encuentra lo que está buscando, alza la cabeza y me mira.
—Ten. —Saca la mano del bolso me la extiende, un palito blanco con rosa en su mano. La prueba—. Me la hice hace unos minutos.
Tomo la prueba y observo las dos rayitas que hay en ella, la confirmación de que hay un bebé mío creciendo en su vientre. Me llega la sensación de que me cae un balde de agua fría por todo el cuerpo, despertándome, y la certeza de que voy a ser padre me embarga. Es un hecho, no hay lugar a las dudas. Miro a Jordan de nuevo, como si un velo callera de mis ojos y un sentimiento indescifrable me calienta el pecho.
Ella sigue pálida, su labio inferior tiembla y el miedo brilla en sus ojos, y me siento un idiota por no haber pensado en ella antes. Está aterrada y yo no he hecho más que pensar en mí.
—¿Cómo te sientes?
Tengo muchas preguntas en mente, pero esa es la primera en salir porque necesito que me diga que está bien pese al miedo.
—Físicamente, tengo náuseas y parece que corazón se me quiere salir del pecho —responde—. Y mentalmente… eh, quiero acostarme en mi cama en posición fetal y taparme con las sábanas con la esperanza de que esto desaparezca mañana.
Mi pecho se oprime, tanto por ella como por el significado de sus palabras.
¿No quiere tener al bebé?
Sin embargo, no hago la pregunta, no quiero incordiarla u obligarla a tomar decisiones ahora. En cambio, cierro el espacio entre nosotros y la envuelvo con mis brazos.
—Todo va a estar bien, Fresita, te lo prometo —susurro en su cabello, lo suficientemente fuerte para que me escuche.
—¿Cómo lo sabes? —pregunta temblorosa.
—Porque estaremos juntos a través de esto, pase lo que pase.
Jordan se aleja unos centímetros para mirarme a la cara.
—¿Lo dices en serio?
—Eres el amor de mi vida, cariño, te amo más que a nada, ¿crees que jugaría con algo como eso?
Sorbe por la nariz, evidencia que ha estado llorando, suerte que no lo ha hecho aquí porque no sabría cómo reaccionar.
—¿Me amas tanto como para tener un hijo conmigo?
El alivio me recorre el cuerpo al entender lo que quiere decir con esa pregunta. Se va a quedar con el bebé.
—Tanto como para casarnos y formar una familia.
Jordan se queda estática, de piedra, sin expresión en la cara, solo sorpresa por mi comentario. Quiero retractarme cuando pasan los segundos y ella solo me observa, pero no lo hago, ya no hay vuelta atrás y es lo que hay, en algún momento se lo habría dicho.
—No juegues con eso, Kurt —murmura, sin aliento.
—Vuelvo a preguntar: ¿Crees que jugaría con algo como eso?
Jordan traga al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas.
Dios, que sean de felicidad, te lo suplico.
—¿No crees que es muy rápido? —cuestiona, su voz quebrándose a mitad de la frase.
—No, al contrario, creo que vamos lento. —Tomo su mano y le guío hacia el sofá—. Perdimos todo un año estando separados, no quiero seguir desperdiciando el tiempo.
Jordan sonríe y una lágrima corre por su mejilla.
—¿Me estás pidiendo matrimonio?