Solyra

Capítulo 11: No era el final… era el llamado

Solyra no respondió.

No porque no quisiera…

Sino porque algo dentro de ella se detuvo.

Esa frase…

No era casual.

No era una coincidencia.

Era una confirmación.

—Pensé que ibas a tardar más en llegar hasta acá.

El aire se volvió más denso.

Pero no incómodo.

Intenso.

Como si ese momento… estuviera cargado de algo que iba más allá de lo visible.

Solyra sostuvo la mirada.

Ya no desde la duda.

Desde la presencia.

—¿Llegar a dónde? —preguntó, con calma.

La persona sonrió apenas.

No con superioridad.

Con reconocimiento.

—A vos.

Silencio.

Pero no vacío.

Lleno.

Profundo.

Solyra sintió un leve movimiento en su pecho.

Como si algo encajara.

Como si algo que siempre había estado disperso… comenzara a ordenarse.

—¿Te conozco? —preguntó.

La persona negó suavemente.

—No como pensás.

Solyra frunció el ceño.

Pero no desde la confusión.

Desde la atención.

Porque ahora… ya no necesitaba entender todo de inmediato.

Podía sostener el misterio.

—Entonces… ¿cómo sabés lo que estoy viviendo?

La persona la observó unos segundos.

Y respondió con una claridad que la atravesó.

—Porque pasé por lo mismo.

Solyra sintió un escalofrío.

Pero no de miedo.

De conexión.

—¿Lo mismo…?

—El quiebre.

El silencio.

La búsqueda.

La decisión.

Y ese punto donde entendés que sanar… no alcanza.

Que tenés que despertar.

Las palabras cayeron como piezas de un rompecabezas.

Y Solyra lo sintió.

No como teoría.

Como verdad compartida.

—¿Y qué pasa después? —preguntó, casi en un susurro.

La persona dio un paso más cerca.

Y por primera vez… su presencia se sintió más fuerte.

Más clara.

Más… real.

—Después entendés que no era solo para vos.

Silencio.

Pero esta vez… expandido.

Como si esa idea abriera algo más grande.

—No entiendo… —admitió Solyra.

—Lo vas a entender —respondió—. Pero primero tenés que sostener lo que empezaste.

Solyra bajó la mirada un segundo.

Recordó.

Las decisiones.

Los límites.

El soltar.

El elegir.

Y entendió algo importante.

Esto… no era un momento.

Era un camino.

—¿Y si no puedo? —preguntó.

La persona la miró con una calma profunda.

—No se trata de poder. Se trata de elegir… una y otra vez.

Solyra respiró hondo.

Y en ese instante…

Sintió algo nuevo.

No era alivio.

No era seguridad total.

Era compromiso.

Con ella.

Con su proceso.

Con su verdad.

—Entonces… sigo —dijo.

La persona asintió.

Como si esa fuera la única respuesta que importaba.

Pero entonces…

Algo cambió.

Otra vez.

No en el entorno.

En la percepción.

Solyra sintió como si su conciencia… se expandiera un poco más.

Como si pudiera ver… más allá de lo evidente.

Las personas alrededor.

Sus emociones.

Sus cargas.

Sus silencios.

Todo se volvía más claro.

Más visible.

Más… humano.

—¿Qué es esto…? —preguntó.

La persona respondió sin dudar.

—Empatía consciente.

Solyra sintió un leve vértigo.

—Es como si pudiera… sentir más.

—No es más —corrigió la persona—. Es sin filtros.

Silencio.

Y luego… comprensión.

—¿Esto también es parte del proceso?

—Es parte del despertar.

Pero cuidado… —añadió—. Si no te sostenés, podés volver a perderte en los demás.

El mensaje fue claro.

Profundo.

Importante.

Porque Solyra siempre había sentido mucho…

Pero se había olvidado de sí misma en el proceso.

—Entonces tengo que sentir… pero sin dejar de ser yo —dijo.

La persona sonrió.

—Exacto.

Solyra respiró profundo.

Y algo dentro de ella… se estabilizó.

Como si encontrara un nuevo equilibrio.

Pero entonces…

La persona dijo algo más.

Algo que cambió el rumbo de todo.

—Esto que estás viviendo… no es casual.

Solyra lo miró con atención.

—¿A qué te referís?

La respuesta fue directa.

—Hay más personas… atravesando lo mismo.

Solyra sintió un leve impacto.

—¿Cómo yo?

—Sí.

En distintos niveles.

En distintos momentos.

Pero con el mismo llamado.

Despertar.

Silencio.

Pero esta vez…

No fue interno.

Fue expansivo.

Porque esa idea… abría algo mucho más grande que su historia personal.

—¿Y qué significa eso? —preguntó.

La persona la miró con firmeza.

—Que lo que hagas con esto… no solo te transforma a vos.

Transforma lo que tocás.

Solyra sintió un nudo en el pecho.

Pero no de miedo.

De responsabilidad.

—Eso… es mucho…

—No tenés que hacerlo perfecto —respondió—. Solo real.

Silencio.

Profundo.

Solyra asintió lentamente.

Pero antes de poder decir algo más…

Algo ocurrió.

Otra vez.

El entorno.

El aire.

La sensación.

Pero esta vez…

Más sutil.

Más interno.

Como si algo dentro de ella… se activara.

Un recuerdo.

No del pasado.

Algo más… profundo.

Como si su alma reconociera algo que su mente aún no entendía.

Solyra llevó su mano al pecho.

—Siento que… esto ya lo viví…

La persona no se sorprendió.

Solo respondió con calma.

—No lo viviste… lo sabías.

El corazón de Solyra latió más fuerte.

—¿Cómo que lo sabía?

La respuesta fue suave.

Pero poderosa.

—Porque no estás empezando… estás recordando quién sos.

Silencio.

Total.

Absoluto.

Como si el tiempo mismo se detuviera para que esa verdad se asentara.

Solyra no habló.

No pudo.

Porque algo dentro de ella… se expandió.




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