Solyra

Capítulo 13: El espejo que no podés evitar

Solyra no apartó la mirada.

No esta vez.

Porque entendía algo que antes no veía.

Lo que tenía delante…

No era un enemigo.

Era un reflejo.

Pero no uno cómodo.

Uno necesario.

—Así que vos sos la que empezó a despertar…

La voz de esa persona no tenía burla.

Tampoco aprobación.

Era neutra.

Demasiado neutra.

Como si no reaccionara…

Solo observara.

Solyra respiró profundo.

Y respondió desde ese nuevo lugar que había empezado a habitar.

—No empecé… recordé.

Silencio.

Pero esta vez… cargado de significado.

La persona inclinó levemente la cabeza.

Como si evaluara esa respuesta.

No para juzgarla…

Sino para medir su profundidad.

—Interesante… —dijo—. La mayoría se queda en el proceso. Pocos llegan a esa parte.

Solyra no sintió orgullo.

Ni necesidad de validación.

Solo presencia.

—No llegué… estoy aprendiendo a sostenerlo —respondió.

Y en esa frase… había verdad.

Y la verdad… no necesita adornos.

La persona dio un paso más cerca.

Ahora su energía era más clara.

No era oscura.

No era luminosa.

Era… consciente.

—Eso es lo que define todo —dijo—. No despertar… sostenerlo.

Solyra asintió levemente.

Porque lo sentía.

Cada paso anterior… la había llevado hasta ahí.

Pero ahora…

El desafío era otro.

—¿Quién sos? —preguntó finalmente.

La persona la miró directo a los ojos.

Y por primera vez…

Su presencia se volvió más intensa.

—Soy alguien que eligió no volver a dormirse.

Silencio.

Pero esta vez… profundo.

Porque esa respuesta… no era una identidad.

Era una decisión.

Solyra sintió un leve movimiento interno.

Como si algo dentro de ella… reconociera ese estado.

—¿Y por qué estoy acá? —preguntó.

La respuesta no tardó.

—Porque llegaste al punto donde ya no alcanza con sanar… tenés que empezar a ver.

Solyra frunció el ceño.

—¿Ver qué?

La persona se acercó un poco más.

Y dijo algo que la atravesó completamente.

—El impacto de tu conciencia en el mundo.

Silencio.

Pero no vacío.

Expansivo.

Porque esa idea…

Abría algo mucho más grande que su historia personal.

Solyra sintió un leve vértigo.

—No entiendo…

—Lo vas a entender —respondió—. Pero primero… tenés que dejar de pensar que esto es solo sobre vos.

El impacto fue inmediato.

No como golpe.

Como expansión.

Porque en ese instante…

Solyra vio algo.

No con los ojos.

Con la conciencia.

Las personas alrededor.

Sus estados.

Sus emociones.

Y cómo ella…

Desde su presencia…

Ya estaba influyendo.

No con palabras.

No con acciones visibles.

Con su energía.

—¿Esto… es real? —susurró.

La persona asintió.

—Siempre lo fue. Solo que ahora podés percibirlo.

Solyra sintió un silencio interno profundo.

Como si su mente se aquietara para dejar espacio a algo más grande.

—Entonces… lo que hago conmigo… afecta a otros…

—Todo el tiempo —respondió la persona—. Pero ahora… sos consciente.

Y ahí…

Todo cambió.

Porque ya no se trataba solo de sanar su dolor.

Se trataba de lo que emanaba desde su estado.

Y eso…

Era poder.

Pero también… responsabilidad.

—Eso es mucho… —dijo Solyra, en voz baja.

—No —respondió la persona—. Es lo natural. Solo que te enseñaron a olvidarlo.

Silencio.

Y luego… comprensión.

Solyra respiró profundo.

Y algo dentro de ella… se ordenó aún más.

Pero entonces…

La persona dijo algo que cambió todo otra vez.

—Pero no todos sostienen esto.

Solyra levantó la mirada.

—¿Por qué?

La respuesta fue clara.

Directa.

—Porque cuando avanzás… también aparecen niveles más profundos de resistencia.

Solyra sintió un leve escalofrío.

No de miedo.

De verdad.

—¿Más que lo que ya viví?

La persona la sostuvo con la mirada.

—Mucho más sutiles… y por eso más difíciles.

Silencio.

Pero esta vez… con tensión.

—¿Cómo cuáles?

La persona no respondió enseguida.

Dejó que la pregunta se asentara.

Y luego dijo:

—Duda disfrazada de lógica.

Miedo disfrazado de prudencia.

Y lo más peligroso…

Volver a lo conocido… disfrazado de comodidad.

Solyra sintió el impacto.

Porque lo reconoció.

No como algo externo.

Como algo que ya había sentido antes.

—Entonces… esto no termina… —murmuró.

—No —respondió la persona—. Se profundiza.

Silencio.

Pero esta vez… firme.

Solyra no retrocedió.

No dudó.

Respiró profundo.

Y eligió.

—Entonces sigo.

La persona sonrió apenas.

Pero no como aprobación.

Como reconocimiento.

—Eso es todo lo que importa.

Pero justo en ese instante…

Algo ocurrió.

No interno.

No sutil.

Externo.

Real.

El ambiente cambió.

Pero esta vez…

De forma más evidente.

Más densa.

Más directa.

Como si algo…

Se hiciera presente de verdad.

Solyra lo sintió.

Y no fue leve.

Fue claro.

Una presión.

Un peso.

Una energía que no buscaba confundirse con sus pensamientos…

Sino imponerse.

Solyra giró lentamente la cabeza.

Y lo vio.

A unos metros.

Otra figura.

Pero esta vez…

Diferente a todas.

Más definida.

Más intensa.

Más… presente.

Y en ese instante…

Solyra entendió algo que la estremeció.

Esto ya no era solo aprendizaje.

Era confrontación.

La figura dio un paso hacia adelante.

Y su voz…

Fue la más clara hasta ahora.

—Hasta acá llegaste.

Solyra sintió el impacto.




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