Solyra

Capítulo 15: Ser… aunque todo cambie

Solyra no respondió con palabras.

No hacía falta.

Porque algo dentro de ella… ya había elegido.

No desde la emoción.

No desde el impulso.

Desde la certeza.

Y la certeza… no grita.

Se sostiene.

El mundo seguía moviéndose a su alrededor.

Gente caminando.

Sonidos.

Rutina.

Pero algo había cambiado de forma irreversible.

Ya no estaba reaccionando al mundo.

Estaba habitándolo.

Y eso… lo transformaba todo.

Respiró profundo.

Y dio un paso.

Pero ese paso… no fue como los anteriores.

No fue una decisión aislada.

Fue coherencia en movimiento.

—Estoy lista… —susurró.

No porque supiera lo que venía.

Sino porque ya no necesitaba controlarlo.

La persona a su lado —la que eligió no dormirse— la observó en silencio.

Y luego dijo:

—Entonces dejá de prepararte… y empezá a vivir desde ahí.

Silencio.

Pero esta vez… activo.

Solyra asintió levemente.

Y en ese instante…

Algo se acomodó dentro de ella.

No como una emoción intensa.

Como una base.

Un lugar interno donde podía volver… una y otra vez.

Y eso…

Eso era estabilidad real.

—¿Y si vuelvo a dudar? —preguntó.

La respuesta fue inmediata.

—Vas a dudar.

Solyra parpadeó.

—¿Entonces?

—Entonces volvés a elegir.

Simple.

Claro.

Real.

Y por eso… poderoso.

Solyra respiró profundo.

Y algo dentro de ella dejó de buscar seguridad absoluta.

Porque entendió.

La seguridad no estaba en que todo salga bien.

Estaba en saber que podía sostenerse… pase lo que pase.

Y eso… era libertad.

Comenzó a caminar nuevamente.

Pero ahora…

No estaba pensando en el pasado.

Ni anticipando el futuro.

Estaba… presente.

Y en esa presencia…

Algo nuevo empezó a ocurrir.

Las decisiones aparecían.

Pequeñas.

Cotidianas.

Pero distintas.

Elegía cómo responder.

Elegía qué decir.

Elegía cuándo callar.

Y cada elección…

La alineaba un poco más.

—Esto es vivir… —susurró.

Y lo era.

No perfecto.

No sin incomodidad.

Pero real.

Pero entonces…

Algo cambió.

Otra vez.

No de forma abrupta.

Sutil.

Pero clara.

Una sensación interna.

Como un leve desajuste.

Solyra se detuvo.

Frunció el ceño.

—Esto… ya lo sentí…

No era miedo.

No era duda.

Era algo más fino.

Más difícil de detectar.

La persona a su lado la observó.

—¿Qué pasa?

Solyra cerró los ojos un segundo.

Y lo identificó.

—Estoy empezando a querer que todo esto se mantenga… sin esfuerzo.

Silencio.

Y luego…

Una leve sonrisa en la otra persona.

—Ahí está.

Solyra abrió los ojos.

—¿Ahí está qué?

La respuesta fue clara.

—La nueva trampa.

El impacto fue inmediato.

No fuerte.

Pero sí revelador.

—¿Trampa?

—Sí —asintió—. Querer que el proceso deje de incomodar… para sentirte segura.

Silencio.

Y luego…

Comprensión.

Porque era cierto.

Una parte de ella…

Ya quería estabilidad sin práctica.

Paz sin conciencia.

Resultado… sin sostener el camino.

—Entonces… esto nunca se vuelve fácil… —murmuró.

La persona negó suavemente.

—Se vuelve natural… si no dejás de elegirlo.

Silencio.

Pero esta vez… firme.

Solyra respiró profundo.

Y algo dentro de ella… se reajustó.

No como frustración.

Como aceptación madura.

—Entonces no se trata de llegar… —dijo.

—Se trata de ser —respondió la persona.

Y ahí…

Todo encajó.

Porque dejó de buscar un punto final.

Y empezó a habitar el proceso.

Pero entonces…

Algo ocurrió.

Más claro.

Más evidente.

Más… real.

Una situación apareció frente a ella.

Cotidiana.

Simple.

Pero cargada.

Una persona discutiendo.

Un tono elevado.

Una energía tensa.

Solyra lo sintió.

Y por un instante…

Su cuerpo quiso reaccionar como antes.

Evitar.

Ignorar.

O intervenir desde la emoción.

Pero no lo hizo.

Se sostuvo.

Observó.

Y eligió.

No desde el impulso.

Desde la conciencia.

—Esto también es parte… —susurró.

Y lo era.

No solo en lo interno.

En lo externo.

Porque vivir desde quien sos…

Se prueba en lo cotidiano.

En lo incómodo.

En lo real.

La situación se desarrolló.

Y Solyra no se perdió en ella.

Tampoco se desconectó.

Se mantuvo.

Presente.

Disponible.

Pero centrada.

Y en ese equilibrio…

Algo se consolidó.

Más fuerte que antes.

Más estable.

Más… propio.

—Esto sí es distinto… —dijo en voz baja.

La persona asintió.

—Ahora no estás reaccionando… estás eligiendo.

Silencio.

Y luego…

Una calma profunda.

Pero justo cuando sintió que algo se afirmaba dentro de ella…

Algo más apareció.

No como conflicto.

Como expansión.

Una sensación clara.

Profunda.

Inconfundible.

Como si algo…

La llamara a ir más allá de lo que ya conocía.

Solyra frunció el ceño levemente.

—Esto no es como antes…

—No —respondió la persona—. Porque ya no estás en el mismo nivel.

El corazón de Solyra latió un poco más fuerte.

No por miedo.

Por apertura.

—¿Qué viene ahora?

La persona la miró con una calma distinta.

Más profunda.

Más silenciosa.

—Ahora… dejás de buscar quién sos… y empezás a vivir para qué estás.

Silencio.

Total.

Porque esa pregunta…

No era ligera.

No era superficial.

Era… dirección.

Solyra sintió algo en el pecho.




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