Solyra

Capítulo 17: Cuando ya no actuás… sos

Solyra cruzó ese umbral sin detenerse.

No porque no sintiera…

Sino porque ya no necesitaba esperar a no sentir para avanzar.

Ese había sido su error durante años.

Creer que primero debía estar lista…

para después vivir.

Pero ahora lo entendía.

La claridad no llega antes del paso.

Se revela en el paso.

Y ella… ya estaba caminando.

El entorno no cambió.

No hubo luces.

No hubo señales visibles.

Pero algo dentro de ella… sí.

Estaba distinta.

No buscando hacerlo bien.

No intentando evitar errores.

Solo… siendo.

La escena frente a ella se desarrollaba.

Personas hablando.

Movimientos cotidianos.

Energías cruzándose.

Pero esta vez…

No se sentía arrastrada por nada de eso.

Estaba presente.

Y en esa presencia…

Había elección.

Solyra dio otro paso.

Y luego otro.

Hasta que llegó a ese punto exacto.

El momento.

El lugar donde antes…

Se hubiera perdido.

Pero no ahora.

Una conversación comenzó.

Simple en apariencia.

Pero cargada en energía.

Tonos sutiles.

Intenciones no dichas.

Emociones escondidas.

Y Solyra… lo percibía todo.

Pero no lo absorbía.

Ese era el cambio.

Antes sentía… y se perdía.

Ahora sentía… y se sostenía.

—¿Qué opinás? —le preguntaron.

Una pregunta común.

Pero no para ella.

Porque antes…

Hubiera respondido para agradar.

Para evitar conflicto.

Para no incomodar.

Pero ahora…

Respiró.

Sintió.

Y eligió.

—Opino lo que realmente siento… aunque no sea lo más cómodo —respondió.

Silencio.

Pero no tenso.

Real.

Porque la verdad… cuando es limpia… no agrede.

Solo incomoda a lo que no está alineado.

La conversación continuó.

Pero Solyra ya no estaba atrapada en ella.

Estaba presente… dentro de sí.

Y eso…

Era nuevo.

Cada palabra que decía…

No venía desde el miedo.

Venía desde la coherencia.

Y esa coherencia…

Se sentía.

No necesitaba explicarse.

No necesitaba defenderse.

Solo… estaba.

Y en ese “estar”…

Algo se consolidó aún más.

Pero entonces…

Algo ocurrió.

Sutil.

Pero claro.

Una reacción externa.

Un gesto.

Una mirada.

Una pequeña incomodidad en otro.

Y Solyra lo sintió.

Antes…

Eso la hubiera hecho retroceder.

Dudar.

Ajustarse.

Pero esta vez…

No.

Respiró.

Y se sostuvo.

—No todo lo que incomoda… es incorrecto —pensó.

Y en ese pensamiento…

Había libertad.

La escena siguió.

Y Solyra no se perdió.

Ni se cerró.

Ni se forzó.

Se mantuvo.

Y en ese mantenerse…

Había algo más.

Un nivel nuevo.

Más profundo.

Más estable.

Más… verdadero.

—Esto es distinto… —susurró.

Y lo era.

Porque ya no estaba practicando.

Estaba habitando.

Pero justo cuando sintió esa estabilidad…

Algo más apareció.

No como conflicto.

Como expansión.

Una sensación interna.

Más amplia.

Más silenciosa.

Más… poderosa.

Solyra cerró los ojos un segundo.

Y lo sintió.

No como emoción.

Como estado.

Un espacio interno…

Donde no necesitaba demostrar nada.

Ni ser aprobada.

Ni tener razón.

Solo… existir.

Y en ese existir…

Había paz.

Pero no una paz frágil.

Una paz firme.

Construida.

Elegida.

—Esto… soy yo… —susurró.

Y en ese instante…

Todo encajó.

No porque el mundo cambiara.

Porque ella dejó de fragmentarse dentro de él.

Pero entonces…

Algo interrumpió ese momento.

No con violencia.

Con claridad.

Una voz.

La misma presencia que había elegido no dormirse… habló.

—Ahora viene lo más importante.

Solyra abrió los ojos.

—¿Qué?

La respuesta fue directa.

—Sostener esto… cuando todo a tu alrededor no lo refleje.

Silencio.

Pero esta vez… con peso.

Porque eso…

Era otro nivel.

No solo en momentos conscientes.

No solo cuando todo fluye.

Sino en lo contrario.

En el ruido.

En el desorden.

En lo incómodo.

—¿Y cómo hago eso? —preguntó Solyra.

La respuesta fue simple.

Pero definitiva.

—Volviendo a vos… sin importar lo que pase afuera.

Solyra respiró profundo.

Y entendió.

No se trataba de controlar el entorno.

Se trataba de no perderse en él.

Pero entonces…

Algo ocurrió.

Otra vez.

Pero esta vez…

Más concreto.

Más directo.

Más humano.

Una situación apareció frente a ella.

No simbólica.

No energética.

Real.

Una persona alterada.

Una conversación cargada.

Un momento donde todo… podía desalinearse.

Solyra lo sintió.

El impulso.

La reacción.

El viejo patrón… queriendo volver.

Pero no lo hizo.

No reaccionó.

Se sostuvo.

Respiró.

Y eligió.

No desde la defensa.

Desde la presencia.

Y en ese instante…

Algo ocurrió.

No visible.

Pero claro.

El entorno… respondió distinto.

La tensión bajó.

La conversación cambió.

La energía… se acomodó.

No porque ella lo forzara.

Porque no lo alimentó.

Solyra parpadeó.

—¿Esto… lo estoy haciendo yo?

La persona respondió con calma.

—No lo estás haciendo… lo estás siendo.

Silencio.

Y luego…

una expansión más profunda.

Porque en ese instante…

Solyra entendió algo clave.

No se trataba de cambiar el mundo.

Se trataba de no perder su estado… dentro de él.

Y eso…

cambia todo.

Pero justo cuando sintió que algo se integraba…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.