Solyra

Capítulo 19: Lo que sos… empieza a hablar sin palabras

Solyra no respondió de inmediato.

Porque lo que sintió…

No fue una idea.

Fue una expansión.

—Ahora sí… podés empezar a ver lo que realmente viniste a hacer.

El aire no cambió.

El entorno no se transformó.

Pero dentro de ella…

Algo se abrió.

No como emoción intensa.

Como dirección.

Una dirección que no venía de afuera.

Que no necesitaba explicación.

Que simplemente… estaba.

—¿Qué significa eso? —preguntó finalmente.

La figura no respondió con una definición.

No hacía falta.

—Significa que dejás de preguntarte quién sos… y empezás a permitirte expresarlo.

Silencio.

Pero esta vez…

no confundía.

Ordenaba.

Solyra bajó la mirada un instante.

Y sintió algo que nunca había sentido así.

No duda.

No miedo.

Una incomodidad distinta.

La incomodidad de mostrarse.

Porque hasta ahora…

Había trabajado hacia adentro.

Sanado.

Observado.

Elegido.

Pero esto…

Era diferente.

Esto implicaba salir.

Expresar.

Ser visible desde su verdad.

Y eso…

También asusta.

—No sé cómo hacer eso… —admitió.

La figura sonrió suavemente.

—No tenés que saber… tenés que permitir.

Silencio.

Y luego…

una comprensión más profunda.

Porque no se trataba de construir algo nuevo.

Se trataba de dejar de ocultar lo que ya estaba.

Solyra respiró profundo.

Y en ese instante…

Algo dentro de ella empezó a moverse.

Como si una parte que había estado contenida…

Pidiera salir.

Pero sin fuerza.

Sin presión.

Con verdad.

—¿Y si no gusta? —preguntó.

La respuesta fue inmediata.

—No es para gustar… es para ser real.

El impacto fue directo.

Porque esa había sido su mayor limitación.

Agradar.

Encajar.

No incomodar.

Y ahora…

Eso ya no sostenía su camino.

Solyra cerró los ojos un instante.

Y sintió.

Su cuerpo.

Su respiración.

Su presencia.

Todo alineado.

Pero con un leve temblor.

El temblor de quien está a punto de mostrarse de verdad.

—Entonces no se trata de hacerlo perfecto… —murmuró.

—Se trata de hacerlo sincero —respondió la figura.

Silencio.

Y luego…

una claridad nueva.

Solyra abrió los ojos.

Y el mundo… seguía igual.

Pero su forma de habitarlo… no.

Algo dentro de ella… estaba listo.

No para cambiar el mundo.

Para no esconderse más.

Y eso…

cambia todo.

Pero entonces…

La vida respondió.

No con una señal.

Con una situación.

Una persona frente a ella.

Una conversación que comenzaba.

Un momento donde podía elegir.

Ser como antes…

O ser quien ahora era.

Solyra sintió el impulso.

El viejo patrón queriendo suavizar.

Adaptarse.

Pasar desapercibida.

Pero esta vez…

No lo siguió.

Respiró.

Sintió.

Y eligió.

—Quiero decir algo desde lo que realmente soy… —dijo.

Silencio.

Pero no incómodo.

Atento.

Presente.

Solyra continuó.

No desde el discurso.

Desde la verdad.

—Durante mucho tiempo hablé desde lo que creía que los demás necesitaban… pero ahora estoy aprendiendo a hablar desde lo que realmente siento.

Las palabras no fueron perfectas.

Pero fueron reales.

Y eso… se sintió.

El entorno reaccionó.

No de forma explosiva.

Pero sí perceptible.

Algunos comprendieron.

Otros no.

Algunos se abrieron.

Otros se cerraron.

Y Solyra… lo vio todo.

Pero no se movió.

No se ajustó.

No se defendió.

Se sostuvo.

Y en ese sostener…

Algo cambió para siempre.

Porque ya no dependía de la respuesta externa.

Su expresión…

No necesitaba aprobación.

Solyra respiró profundo.

Y sintió algo nuevo.

No alivio.

No euforia.

Expansión.

Como si algo dentro de ella…

dejara de estar contenido.

—Esto… soy yo… —susurró.

Y en ese instante…

lo entendió.

No había nada que agregar.

Nada que mejorar.

Nada que demostrar.

Solo… ser.

Pero entonces…

Algo ocurrió.

Más profundo.

Más sutil.

Más… revelador.

La figura frente a ella habló nuevamente.

—Ahora entendés por qué era necesario todo lo anterior.

Solyra asintió lentamente.

Porque sí.

Todo había sido preparación.

Todo había sido camino.

Para llegar a este punto.

Pero entonces…

La figura dijo algo más.

Algo que cambió todo otra vez.

—Pero esto… es solo el comienzo de lo que realmente viniste a hacer.

Silencio.

Total.

Porque esa frase…

Abría algo mucho más grande.

Solyra sintió un leve vértigo.

No de miedo.

De expansión.

—¿Qué es lo que vine a hacer? —preguntó.

La figura no respondió de inmediato.

Porque esa respuesta…

no se daba con palabras.

—No es algo que te voy a decir… —dijo finalmente—. Es algo que vas a empezar a descubrir… a medida que lo vivas.

Silencio.

Pero esta vez… lleno de sentido.

Solyra respiró profundo.

Y algo dentro de ella…

se alineó aún más.

Pero justo cuando sintió esa expansión…

Algo más apareció.

No como conflicto.

No como duda.

Como llamado.

Un llamado más claro que nunca.

Más fuerte.

Más directo.

Solyra cerró los ojos.

Y lo sintió.

No como pensamiento.

Como certeza.

Una dirección interna.

Algo que la empujaba…

no hacia afuera.

hacia adelante.

Y cuando abrió los ojos…

lo vio.

No una persona.

No una situación.

Un camino.

Uno que no estaba antes.

Uno que…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.