Sombras de poder.

Epilogo.

—Cuando desalojamos al resto de los clanes, el clan del mar se autoproclamó dueño de los otros dos territorios —un deje de diversión tiñendo la voz de Malik—. Los clanes aledaños lo reconocieron y aceptaron.

—Entonces tenemos para nosotros desde el mar hasta el bosque, incluyendo el bosque oscuro —declaró Azalea sonriéndole ampliamente—. Hay mucho terreno de caza y somos pocos.

—Tenemos a los cachorros. Pronto seremos muchos.

Dashiell, se había negado a exterminar todos los descendientes de aquellos antiguos clanes, había decidido conservar al menos a los cachorros, esos que eran demasiado jóvenes como para poder recordar siquiera de dónde venía, mucho menos a sus padres. Ellos serían criados por las parejas que habían aceptado cuidarlos como si fuesen sus hijos propios.

Azalea y Malik incluso estarían a cargo de tres cachorros ellos mismos. La unidad en la manada era lo que querían enseñar, un cachorro huérfano era problema de toda la manada.

—Malik, tus osos...

—No queremos territorio definido, somos demasiado territorialistas para eso... Y como ya dijiste Azalea, tenemos mucho terreno para la caza, como sea que se vayan a dividir el territorio entre lobos y vampiros, los osos queremos un pasaje libre.

—Ir y venir a sus anchas, eso es avaricia Malik.

—Pedirle ayuda a los osos en una guerra que no era contra nosotros, fue avaricia, Dashiell.

—Hay suficiente para todos —murmuró Azalea al hombro de su pareja, pero para el que tenía la voz de los osos, agregó fuerte y claro—. Además una alianza y paz duradera con los osos de parte del clan de las sombras y solo con nuestro clan está garantizada, ¿No es así, Malik? 

—Una hembra inteligente —concedió el oso—. Pero descuida copito de nieve —y ese era un apodo con el que la había bautizado desde que la conoció—. El resto de los clanes nos dan caza, así que dudo que algún oso quiera aliarse con ellos.

—Y al que quiera te lo despellejas.

—La congregación ha terminado entonces. 

—Los osos tendrán paz con todo aquel que venga del clan de las sombras, sea lobo, vampiro, demonio o albino —hizo una reverencia ante la aludida. Esta asintió agradecida.

—Y los osos son libres de ir a donde quieran.

Los tres líderes se levantaron de alrededor de la fogata sagrada y todos los demás que habían presenciado la reunión lo hicieron con ellos, acto inmediato todos y cada uno vaciaron un poco de agua para apagar el fuego sagrado y despedir a los hermanos en paz.

Azalea, todavía un poco mal herida por el reto, se sentía bien. Había hecho justicia por su madre, su muerte estaba saldada, por primera vez en años podía descansar en paz, en especial sabiendo que el futuro de sus crías iba  ser diferente a su pasado. Ya se había encargado de que sus crías de sangre, fuesen albinas o no, serían parte del clan de las sombras, tendrían su manada. 

 


 

FIN.

 




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