Sombras De Poder I.

Cap. 27 ¿Equivocados?

Después de despedirse de Tiziano, Charlotte se recostó en su sillón, y se giró cerrando los ojos con cansancio.

Ella sabía que Tiziano era inteligente, era un Wellington de los pies a la cabeza, algo de lo que ella se había encargado personalmente, y tenía todo lo necesario para asumir la responsabilidad que quería delegarle. Sin embargo, aun siendo poseedor de todo lo anterior, lo que no parecía era listo para algo tan importante como llevar las riendas del legado familiar. No era que ella esperase que el chico asumiese todas las responsabilidades de entrada, pero era que parecía inadecuado hasta para comenzar. Aquel pensamiento no la hacía para nada feliz, y menos acercándose tan peligrosamente a la edad en la que se suponía debía estar ya instalado en sus primeras funciones.

Ella había planeado con meticulosidad la vida de Tiziano casi desde antes de que lo pusieran en sus brazos. Una vez que Marja había superado el segundo trimestre, ella hizo los contactos pertinentes para contratar a una nana, pero no sería una cualquiera, pues la misma era una profesional en todos los aspectos deseables, que iban desde los adecuados cuidados de un niño desde su nacimiento hasta la edad en la que pasaría a manos de un tutor, pasando por la habilidad de hablar varios idiomas en los que se suponía debía hablarle al niño para que éste fuese adecuando su oído, hasta la capacidad para impartir disciplina obviando el posible encariñamiento con la criatura.

Cuando su nieto estaba por cumplir cinco años, ya ella tenía al tutor que se haría cargo de él a partir de ese momento y hasta que estuviese apto para ir a la escuela, de manera que Tiziano no pasaría por el jardín de infantes, razón por la cual habría podido tener problemas de adaptación en la escuela, bien fuese para socializar, o para acostumbrarse a un método de enseñanza que ya no sería individual. Sin embargo, no sería así, pues el chico no tendría problemas con el nuevo método de enseñanza, y en cuanto a la socialización, aunque Tiziano era egocéntrico, también era muy sociable, y si hubo algún problema en aquel sentido, nadie se habría atrevido a ponerle una queja a Charlotte Wellignton.

A pesar de todo lo anterior, los verdaderos problemas comenzarían, y aunque Charlotte no lo supiera, cuando Tiziano notó que nada de lo que hiciera parecía atraerse la atención de su abuela, o al menos no a nivel emocional, así que él decidió que si no era de una forma, sería de otra, y fue cuando comenzó a hacer lo que quería, cuando y dónde quería, sin prestar atención a si a Charlotte le gustaba o no, una conducta que, a nivel inconsciente, solo evidenciaba su necesidad de que le prestase atención, aunque fuese de manera equivocada.

Y así habían llegado al presente, con Tiziano viviendo y estudiando al otro lado del mundo, un mundo que por cierto, Charlotte despreciaba, y sin aparente interés en nada que tuviese que ver con las empresas familiares, porque para más preocupación, Tiziano no había estudiado nada útil, al menos en opinión de aquella obsesiva mujer, ni tenía intenciones de hacerlo, porque él había dicho que iba a dedicarse a su profesión, algo que resultaba casi insultante para Charlotte que no veía motivos para que su nieto se interesase en las cabezas de personas que ni conocía ni tendrían por qué importarle.

Una de las importantes cosas que Charlotte se había perdido, era que, si bien había intentado moldear a Tiziano a su imagen y semejanza, subsistía el hecho de que, en realidad, él era hijo de Jean Paul, un individuo que había estado obsesionado con el bienestar no solo físico, sino espiritual del prójimo, de manera que, aquello que ella llamaba necia manía de su nieto por la salud mental de las personas, parecía venir en el código genético de Tiziano.

Pensando en el legado familiar, y siendo como había sido siempre, la prioridad en toda su vida, y siendo honesta, Nathan acumulaba más mérito para la continuidad del mismo. Siempre había sido serio, obediente, inteligente, astuto, y con un instinto feroz para los negocios. Se había recibido joven, había comenzado a trabajar casi inmediatamente, y, por otra parte, nunca había desobedecido una orden suya. No obstante, Nathan no era Tiziano, no era el chico que ella misma había construido, y estando tan poco acostumbrada a fracasar, no estaba en su sistema desistir. No aún.

Se frotó los ojos con cansancio, pero al mismo tiempo se enderezó riñéndose a sí misma, no tenía tiempo para eso, todavía había mucho qué hacer, se acercaba la reunión anual y aun no sabía si sería acertado llevar a Tiziano a la misma.

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Vadim a diferencia de sus parientes o amigos cercanos, era el único que volaba él mismo su jet privado, así que la única obligación de su piloto era la de ocuparse del mantenimiento, y de tener la nave dispuesta cualquier día y a cualquier hora, ya que su dueño era sumamente inquieto. Vadim no dejaba de hacerse cargo del vuelo, ni siquiera en las pocas oportunidades en las que había llevado a una chica, algo que, en realidad, había sucedido muy poco, porque decía que chicas había en todas partes y no era necesario ir cargando por ahí con ninguna.

Jordan Kerry, el piloto, estaba muy contento con su trabajo y, de hecho, pensaba que había tenido mucha suerte al aceptar aquel trabajo, mismo que en un principio había rechazado, porque no era que a él le gustase mucho estar inactivo, pero teniendo en cuenta que después del accidente que había tenido inhabilitándolo para continuar en las FF.AA de su patria, sin duda trabajar para Vadim Vasiliev era lo mejor que le había podido suceder y siempre le estaría agradecido a Michel Corbyl que era quien lo había recomendado.




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