
Los Saint-Lary, Wellington, Vasiliev, Corbyl y Brunswick, procedían de un árbol común, y como casi todas las familias, tenían muchos cadáveres en el armario, pero dada su antigüedad y como decía Genevive, más bien tenían todo un cementerio.
El cadáver más importante de estas familias, era que su obscena fortuna se había construido, en gran parte, sobre el dolor y el sufrimiento de millones de seres humanos.
Casi todos, aunque eso excluía a los Brunswick, y en menor medida a los Corbyl, no iban por ahí haciendo ostentación de sus títulos nobiliarios a menos que le fuesen de alguna utilidad y en determinadas circunstancias, pero era una verdad del tamaño de una catedral, que estaban emparentados con las sangres más nobles de Europa.
A pesar de lo anterior, eran pocos los miembros de sus familias que, a través de la historia, podían ser ubicados en puestos de importancia militar o política, porque habían sostenido siempre la premisa de que no era necesario ostentar una corona, o un bastón de mariscal de campo, para ejercer el poder, y ciertamente ellos eran maestros en el arte de hacerlo.
Habían visto la coronación de muchos reyes, el auge y la caída de incontables dinastías, y el surgimiento y destrucción de naciones. En tiempos relativamente recientes, habían sorteado con éxito dos revoluciones, las guerras napoleónicas, y dos guerras mundiales saliendo indemnes de todo ello, y si había sido así, era porque en mayor o menor medida, casi siempre mayor, habían sido los artífices y financistas de todos los conflictos.
La rama de los Vasiliev, por ejemplo, que habían hecho de Rusia su patria, no sufrirían persecución ni daño alguno cuando los bolcheviques desplazaron al imperio, pues todos los revolucionarios se desgañitaban arengando a una población con escaso pensamiento crítico y casi sin educación, acerca de lo malvados que eran los miembros de las clases nobles, y los convencían con sus ideas acerca del bien común, pero eran solo eso, ideas, porque mientras los empujaban por la ladera de la miseria, los grandes líderes revolucionarios, gustaban de vivir con todas las comodidades y ventajas del capitalismo al que demonizaban en la arena pública. De manera que, individuos como los Vasiliev, eran quienes los financiaban y no por altruismo, o por una filosofía compartida, pues la única filosofía, religión o convicción que sustentaban, estaba muy alejada de las míseras ambiciones de aquellos payasos.
No obstante, y como en toda familia también, de aquellas habían surgido eventualmente, individuos que no comulgaban con los planes familiares fueran éstos los que fueren, y el destino de la mayoría era terminar execrados de la familia al igual que aquellos pobres desdichados que habían nacido con alguna condición mental deplorable.
Casi la totalidad de los Vasiliev eran científicos, pero en su historia reciente tenían dos casos que se habían alejado por completo de aquella actividad. Uno era el de Boris Vasiliev, tío de Gleb, quien se había dedicado a la escritura, y era por ello que Igor, el padre de Gleb y siendo el menor, se había hecho cargo de la dirección de las empresas. Y el otro era más reciente todavía, y muy vergonzoso en opinión de Gleb, pues se trataba de un individuo que, por empezar, ni siquiera debió nacer, ya que lo hizo más o menos al mismo tiempo que su sobrino Mijail, pero no era hermano de éste, sino de Gleb y de Vladimir, es decir, era hijo de Igor quien se había llevado a la cama a la cuñada de su hijo.
Por supuesto, y como cabía esperar, aquello no le supuso ningún problema a Igor si no se contaba con la indignación de sus hijos. Vladimir que era más visceral que Gleb, apaleó a su progenitor, pero quien terminó en el hospital fue él, ya que, si bien Igor no iba a rebajarse a pelearse como un vulgar borracho, lo que sí hizo fue ordenar a sus hombres devolverle el favor a su vástago.
Gleb no se había peleado a golpes nunca en su vida, pues ya eso lo hacía su hermano casi todos los días, mientras que su arma eran las palabras, así que dijo muchas, solo que eso tampoco borraba el problema.
Como Igor no veía ninguno, se dispuso a esperar el nacimiento de la criatura, pero si la madre de la misma tenía la peregrina idea de que su futuro hijo vendría acompañado de un anillo, no pudo equivocarse más. Igor a diferencia de Bertrand, y por empezar, primero quería asegurarse de que fuese un varón, porque si no lo era, despacharía a la madre y a la hija con alguna cantidad que considerase adecuada y nada más. Si Gleb hubiese sabido eso, se habría horrorizado, porque podía no gustarle lo sucedido, pero de ahí a abandonar a un hijo, con independencia del sexo del mismo, había un abismo. Tal vez su pensamiento obedecía a que él tenía tres hijas y las amaba.
No obstante, fue un varón, de modo que Igor se portó con un poco más de decencia, aunque cualquiera estaría en desacuerdo, pues apenas nació el chico, fue separado de su madre y esta solo recibiría la visita de un abogado que informaría que había una propiedad a su nombre en Rumania, y una sustancial cantidad en valores en un banco suizo, así como también le aclaró que por su propia salud, en cuanto abandonase la clínica se subiría al vehículo que estaría esperándola para trasladarla al aeropuerto y no debía volver por ningún motivo.
De ese modo entraría Yuri Vasiliev en la vida sus parientes. Sus hermanos nunca lo trataron como a uno, pues la diferencia de edad lo hacía casi imposible, mientras que Mijail sí lo hizo, y aunque ninguno de los niños entendía por qué Igor era abuelo para Mijail y papá para Yuri, eso no evitó que tuviese una infancia tan normal como podría ser la de cualquier criatura que creciese en un ambiente como el de ellos. Los problemas se presentaron cuando Yuri tenía alrededor de diecisiete años y se animó a preguntarle a Igor por su madre.
Editado: 04.02.2026