El amanecer en Suiza es realmente hermoso, ya que lo único que transita en este lugar, es: las personas y el autobús que queda a unas cuadras de aquí. Eso hace que se escuche solo el canto de los pajaritos en la ventana. Me di una ducha rápidamente y me puse lo primero que encontré en el pequeño armario de mi dormitorio. Karine dijo que iba a enseñarme el lugar, así que por la emoción, hice todo muy rápido.
Estaba a punto de bajar por las escaleras, pero Karine apareció de inmedito. Esperé para que subiera.
—Hola. Veo que estás muy emocionada —dijo acomodando su chaqueta.
—Quien no lo estaría estando en otro pais —sonreí.
—Bien, menos mal. Es hora de ir —me dio una señal para que la siguiera.
Karien empezó mostrandome el lugar en donde estaría viviendo. Tiene varias tiendas, no tan grandes, pero por lo menos hay. Lo mejor de todo, es que hay una pequeña biblioteca. Desde muy pequeña me ha gustado leer.
Nos dirigimos hacia la ciudad porque me dijo que había algo que valía la pena ver. Sin cuestionarla, accedí. Aunque, por supuesto que me preguntaba que era. El autobús se tarda no más de diez minutos. Caminamos cinco minutos más para por fin llegar al lugar del que Karine hablaba.
—Hemos llegado —se le notó lo emocionada que estaba—. Dime que no es hermoso.
—Por supuesto que si lo es —me brillaron los ojos.
—Esta fuente cumple lo que le pidas, siempre y cuando, sepa lo que es mejor para ti.
Me dediqué un momento a obserbarla y lo que había alrededor de ella. Efectivamente, una maravilla. Lo malo fue que no duramos mucho en el lugar porque Karine tenía que ir a su trabajo. Le quedaba poco tiempo para llegar.
—Lo siento Emma, en otro momento prometo mostrarte el lugar más tranquila.
—Claro, no te apures —sonreí—. Ve tranquila.
—Oye… si no es mucho pedir ¿podrías hacerme un favor?
—Por supuesto.
—En la bodega de mi casa, hay unas cajas que debí de ordenar ayer. Estaba algo cansada, así que olvidé hacerlo —me dio unas llaves—. ¿Podrías ordenarlas por mi? Prometo recompensarte.
—Por supuesto —sonreí—. Yo lo hago por ti.
Salí rumbo a la casa de Karine. No tenía nada que hacer, así que accedí. El día de mañana empezaré a buscar trabajo. No vine de vacasiones. Vine por un objetivo.
Al estar adentro de la casa, no pude evitar abrir la boca de lo asombrada que estaba. Según Karine es pequeña, pero ahora que me doy cuenta, para nada que lo es. Es más grande de lo que imagine. Bueno, quiza lo digo porque siempre he vivido en una pequeña casa. Dejé de pensar en lo increíble que se veia la casa y fui a la bodega a ordenar las cajas, que eso fue para lo que vine.
Eran demasiadas cajas. Por suerte, terminé de ordenar las de abajo. El problema es que soy baja de estatura y no alcanzo para poner las demás. Fui en busca de un banquillo para ayudarme de él. Me faltaban una cuantas cajas para terminar, era un alivio, pero escuché un ruido detrás de ellas.
—¿Hola? —dije con miedo—. Pero que tonta. Soy la unica que se encuentra en esta casa.
Seguí con lo mio. Terminando de poner la última caja, volví a escuchar el mismo ruido, pero más fuerte.
—Lo que sea que esté haciendo eso, salga —dije con voz temblorosa.
Nada ni nadie salió. La única que salió fui yo pensando que habían fantasmas en la casa de Karine. Me senté en una banca grande, plana y cuadrada que se encuentra en la azotea para esperar a Karine. Después de unas horas ella apareció espantandome por detrás.
—Hola —me tocó los hombros.
Di un pequeño sobresalto del susto.
—Lo siento —se sentó a mi lado—. Veo que dejaste muy ordenada la bodega. Gracias.
—Si —dije pensativa.
—¿Estás bien? —preguntó confusa.
—Ah, si —giré a verla—. Creo que hay fantasmas en tu casa.
—¿Cómo que fant… ¡Ah! Es un animal inútil que no deja de meterse a mi casa a robar comida —dijo elevando la voz como si quiesiera que alguien la escuchara—. No te preocupes, no te hará nada.
Karine sacó las bolsas que traia con ella. Era pollo frito con cervezas. He escuchado que el pollo de aquí es el más delicioso. Me invitó a tomar una cerveza y a comer de su cena. Con mucha pena tomé una pieza. ¡Oh por Dios! Quien haya dicho que el pollo de aquí es el mejor, tenía toda la razón.
—El pollo es una delicia —dije sin darle una y otra mordida.
—Con la cerveza sabe mejor —me dio una—. Es una buena combinación.
—Tienes razón —abrí los ojos de par en par de lo sorprendida que había quedado—. El pollo con cerveza será mi nueva combinación favorita.
Ambas comiamos mientras veíamos hacia la nada hasta terminar el pollo y las cervezas.
—¡Ah! —me limpié los labios con una servilleta—. ¿Quién vive ahí? Ayer vi luz en esa habitación.
—Es un tipo que se mudó justo cuando yo lo hice. No causa problemas, no te preocupes.
Al terminar de charlar y comer, agradecí por la cena y me fui a dormir para levantarme temprano y buscar trabajo.
Como era de costumbre, tomé lo primero que encontré en el armario, aun asi no combinara. A estas alturas, lo único que me importa, es encontrar un trabajo. Sin embargo, este día no obtuve nada. Traté de estar tranquila y no pensar que estoy salada. Pregunté por tiendas de ropa, cafeterías, padanderías y hasta de mesera, pero nada. Lo unico que recibia era un “por ahora no buscamos trabajadora” ademas de una sonrisa amable, que ahora que lo pienso, quizá por ser extranjera no me aceptaron. No me daré por vencida tan fácil. De pronto recordé las palabras de Kariene en el bus, y eso fue lo que me motivó a seguir intentándolo.
Al llegar a la habitación noté que la bombilla de entrada se quemó. Empecé a buscar una entre las cajas que se encontraban afuera imaginando que eran de Karine, porque solo ella usa esas cajas. Lo noté cuando estaba ordenando la bodega. Sin éxito entré de nuevo.
Un nuevo día. Quiero creer que esta vez me irá mejor que ayer. Me duché y me puse mi conjunto favorito, un pantalón de lona flojo y mi sudadera café. Al salir me encuentro con un tipo regando las flores de la azotea. Ya decia yo que las flores no podrían vivir mucho tiempo sin que nadie las riegue.