Sombras en Suiza

Capítulo 3

En realidad no sabía que en una panadería se pagaba por día. Lo había escuchado en otros oficios, pero nunca en un trabajo así. Compré pollo frito y unas cuantas cerveza, quería ser yo quien invitara a Karine a cenar esta vez. Preparé la banca con unas sabanas y unos cuantos cogines que saqué de mi armario porque aún no tengo un juego de sala. Me senté esperando su regreso para poder compartir mientras charlabamos un poco.

Fui por un poco de agua a la cocina. De verdad no puedo creer que me haya agarrado sequía con tan solo ir de aquí para allá unas cuantas veces. Al salir de mi habitación, la vi sentada viendo a la nada.

—Hola —me senté a su lado.

—¿Qué es esto? —preguntó sonriendo.

—Estos días me has invitando a la cena. Quería ser yo quien te invite una vez reciba el pago del primer día de trabajo.

—No debiste —giró a verme—. Lo aprecio mucho, de verdad.

Acomodé los cogines porque se habían corrido un poco y tomé dos cervezas.

—¿Cómo te ha ido? —le di una cerveza.

—Hoy no fue un buen día para mi —cerró los ojos—. Hubo algunos problemas en la tienda en los cuales me vi envuelta y no supe como reaccionar.

—¿Eran graves?

—En realidad no, pero si lo suficiente como para sentir que todo se me salía de las manos.

—¿Recuerdas lo que me dijiste en el autobús? —pregunté viendola fijamente—. Que el hecho de luchar por lo que queremos nos hace distintos. Nos da historias que contar.

Ella le dio varios sorbos a su cerveza quedando en silencio por un par de segundos.

—Si —cerró los ojos de nuevo.

—Entonces… ¿qué historía contarás hoy? —giré a verla.

—¿La de alguien que intentó mantenerlo todo bajo control pero falló en el intento?

—Eso no suena a fracaso —sonreí—. Suena a alguien que a pesar de lo que pasó, sigue de pié.

—A veces siento que eres muy optimista —formó una línea con sus labios.

—A veces siento que eres muy dura contigo misma —me crucé de brazos.

Reímos por un momento mientras nos veíamos. Regresamos la vista de nuevo hacia la nada y le dimos unos cuantos sorbos a nuestras cervezas en silencio.

—Y tú ¿Por qué vives sola?

—Tenía problemas en casa —suspiró—. Así que mi única opción fue vivir sola y aprender a valerme por mí misma. ¿Y tú?

—Para ayudar a mamá y poder cumplir mi sueño de abrir una cafetería en Suiza. Ahora que tengo la oportunidad, pienso dar todo de mi —sonreí.

—Cumplirás tu sueño. Veo en tus ojos la verdad escondida detrás de tu esfuerzo.

—¿Tú crees?

—Por supuesto que si —sonrió—. Cuando alguien lucha con el corazón, tarde o temprano la vida le abre el camino.

—Espero sea temprano —empecé a reír.

Nos quedamos dormidas sobre la banca sin darnos cuenta. Después de unas cuantas horas, nos despertamos por las gotas de lluvia que estaban empezando a caer. Corrimos hacia la habitación del vecino para poder cubrirnos un poco, las gotas no paraban de caer. De pronto sentí una tercera presencia. Era él, con una sombrilla en la mano. No podía creer que a pesar de ignorarme y ser gruñon, venga con una sombrilla para mi.

—Gracias —dije queriéndola tomar.

Él se hizo para atrás de inmediato al ver que iba por ella. ¿Qué sucede con él? Se supone que es para mi, o…. pero que tonta soy.

—Es para Karine —dijo serio mientras se la daba.

—Gracias —la tomó—. Ven Emma, iré a dejarte.

Me acerqué a ella para poder irnos. Claro, cómo pude pensar que era para mí si a penas me conoce. Karine fue muy amable conmigo al llevarme a mi habitación. Al dejarme en la puerta. Regresó con él corriendo. Vi como hablaban un rato fuera de la habitación y después de unos minutos, entraron. Así que por eso es así, porque Karine es su pareja. Pero, no entiendo por qué sigue siendo serio con ella si se supone que son pareja.

Me senté en la única silla que tenía en la sala para esperar a que la lluvia dejara de caer, y así poder salir a ver las calles mojadas. Desde pequeña siempre he salido a las calles después de la lluvia. Cuando por fin dejó de llover, salí y me apoyé sobre un pequeño muro para poderlas ver desde arriba. Como disfrutaba recordar los momentos de mi niñez en los que salía con mis pequeñas botas color amarillo junto a papá. Aún puedo recordarlo, solo tenía 3 años. Mi yo de 3 años era muy feliz para ese entonces. Por supuesto que lo soy ahora, junto a mamá, pero no como lo era antes cuando no me faltaba amor por parte de mamá y papá. Me pregunto ¿cómo le estará yendo a papá? Después de proyectar todos esos recuerdos en mi cabeza, entré de nuevo.

No sabía lo divertido que es preparar pan, me desestresa mucho y hace que olvide mis problemas. Después de un buen día de trabajo, casi, porque la dueña me dio el resto del día libre porque tenían que remodelar la cabaña, fui por pollo y unas cervezas para llevarle un poco a Karine. Al llegar a mi habitación para cambiarme, noté que la bombilla de entrada funcionaba perfectamente bien. ¿quién podrá haberlo hecho? No le tomé importancia e hice lo que tenía que hacer. Al salir de nuevo, vi al tipo parado frente a su habitación intentando abrir la puerta.

—Hola, tengo pollo frito con cerveza —le mostré la bolsa—. ¿quieres un poco?

—Ah —dijo sin ninguna expresión—. No gracias, ya he comido —entró.

Pero que demonios ¿por qué sigue comportandose de esa manera? Fui a la casa de Karine a dejarle el pollo. Ella estaba trabajando, así que traté de dejarlo lo más cubierto que pude. Karine deja la ventana de entrada abierta por cualquier cosa. Lo he dejado con una nota “come bien”. Regresando a la azotea, él estaba saliendo de su habitación y sin darse cuenta, la gatita salió y fue directo a mi para hacerme cariño.

—Hola pequeña —le acaricié la cabeza—. Eres muy linda ¿lo sabías? Pero claro que si.

—Se llama pelusa y no está acostumbrada a salir —la tomó entre sus brazos acariciandola.

—Ella es muy linda —dije levantandome del suelo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.