Vi como Toms se quitaba la chaqueta y seguidamente me la ató sobre la cintira haciendo que la parte de atrás quedara cubierta. No entendía nada hasta que decidí preguntarle.
—¿Qué pasa?
—Estás manchada —me susurró en el oido—. Te ha venido la regla.
—Maldición —dije de inmediato.
Salí corriendo hacia mi habitación dejándolo solo. Al llegar a la azotea me encontré con el vecino. No me detuve en ningún momento sabiendo que solo perdería el tiempo si lo hacía. Después de ducharme y cambiarme de atuendo, salí en busca de Toms. Me encontré de nuevo al vecino. Ahora que lo noto, lleva puesta una pulsera muy linda, junto a un diamante. No perdía nada con preguntarle sobre ella.
—¿Siempre has llevado esa pulsera?
—Claro —respondió seco.
—Es muy linda. ¿Puedes prestar…
—No —respondió de inmediato.
Supuse que es muy especial para él para no prestarla. No respondí y seguí mi camino normal. Iba tan tranquila, hasta que lo vi. Los nervios y la vergüenza aparecieron apoderandose de mi.
—¿Vamos por un helado? —caminó como si nada.
—Claro —sonreí avergonzada—. Por favor, olvidalo.
—¿Qué cosa?
Ya lo había dicho. Toms es un hombre increíble. Que suerte que el accidente me haya pasado con él, de haberme pasado con otra persona, seguramente se hubiera burlado de mi.
—Nada —sonreí.
Estábamos en un puesto de panquesillos con nutella. Mientras esperábamos, decidí platicarle un poco sobre de mi a Toms.
—Papá nos abandonó desde que tenía cinco años. Mamá se las ingeniaba para que yo estuviera bien —bajé la mirada—. A pesar de que papá es millonario, no nos dio nada, no nos dejó nada. Literalmente, nos dejó en la calle —formé una linea con mis labios—. Gracias a mi tía tenemos en donde vivir. Nunca he tenido pareja, y he sufrido mucho, junto a mamá. Jamás he estado con un hombre.
—Yo, lo siento mucho.
Solo sonreí ante lo que respondió. Toms sacó un oso de peluche detrás de él mientras sonreía.
—Seguramente tu vida fue mucho más facíl —lo vi fijamente.
—Prefiero no hablar de eso en este momento —me tomó de la mejilla.
Al sentir su tacto, me sentí segura. Empecé a acercarme poco a poco a él. Al estar a unos cuantos centímetros de sus labios, empezó a reír burlón. No entendía que sucedía. Toms se alejó de inmediato viendo hacia otro lado.
—Que tipa tan ingenua —me devolvió la mirada con frialdad.
—¿Qué? —mi voz apenas se sostenía, temblorosa.
—¿A caso no lo notaste? Olvídalo, claro… acabo de recordar que nunca has tenido pareja. Cómo ibas a darte cuenta.
—¿De qué hablas?
Sin poder evitarlo, algunas lágrimas empezaron a deslizarse por mis mejillas.
—Solo me divertía contigo —apoyó una de sus manos sobre la rodilla—. Pensé que duraría más, pero no puedo seguir con alguien como tú. Empiezas a aburrirme.
El silencio se volvió insoportable. Cada palabra suya retumbaba en mi pecho como un eco cruel. Después de todo, mi vecino gruñón tenía razón. Vi cómo una chica se acercaba a él mientras lo llamaba “mi amor”. Fue entonces cuando supe que, en realidad, todo fue solo un juego para Toms.
—¿Quién es ella? —me escaneo con la mirada.
—No es nadie —la tomó de la mano—. Solo es una tipa que se me acercó por casualidad.
Ahí me encontraba yo, fría, incapaz de moverme al escuchar lo que me había dicho.
—Te conté todo —me derrumbé cayendo sobre mi tobillo—. Hata lo más íntimo.
—No pedí que lo hicieras —dijo con una frialdad que me partió en dos.
Tenía razón, él no pidió que le contara mis cosas, y… que empezara a tener sentimientos por él,
Un nudo apretó mi garganta. Más lágrimas amenazaban con salir, pero me obligué a mantenerme fuerte. No podía regalarle mi derrota.
—¿Por qué te comportabas así conmigo?
—Solo era amable. No pienses cosas que no son —dijo burlón.
Ellos se fueron dejandomé con tanto dolor en el pecho. Fue entonces que no pude evitarlo más, las lágrimas salieron de inmediato al ver como ellos se alejaban sin más. No podía levantarme por más que quisiera. El tobillo me dolía demaciado.
Sentí como dos manos se posaban sobre mis hombros. Giré de inmediato para ver de quién se trataba. Era él, mi vecino gruñón.
—¿Qué sucede? —preguntó con seriedad.
Eso bastó para que me echara a llorar como una niña entre sus brazos. A él pareció no importarle; simplemente permaneció en silencio, hasta que finalmente murmuró.
—¿Ya te diste cuenta que solo jugó contigo? —dijo con un tono burlón.
—Si lo sabías, ¿por qué no dijiste nada?
—Pues… —frunció el ceño—. Dijiste que no era asunto mío. No podía hacer mucho.
Odio tener que darle la razón.
—Al menos lo hubieras intentado —me crucé de brazos.
—Hay que salir de aquí. Todos están mirando y ya me empieza a incomodar.
Me limpié las lagrimas e intenté levantarme, pero era absurdo. No podía hacerle debído a la fractura en mi tobillo. Mi vecino tenía razón, la mirada de todos está empezandome a incomodar, pero es imposible salir de este lugar si no tengo la ayuda de alguien.
Él me tomó entre sus brazos saliendo lo más rápido del lugar. Pude sentir su calidez contra mi. De nuevo, el perfume que me atrapaba de inmediato en un hechizo. Nuestras miradas se encontraron en un calido instante que pareció detener el tiempo. Sus ojos, normalmente fríos y distantes, tenían un destello extraño, como si detrás de esa coraza de dureza se escondiera algo más profundo, algo que no estaba acostumbrado a mostrar.
De inmediato, devolvió la mirada hacia su camino, no sin antes, aclararse la garganta.
—¿Contento? Ya nadie nos ve.
—No es gracioso —me dejó sobre una pequeña banca.
—Tampoco lo intento —alcé la ceja.
Traté de tranquilizarme por lo sucedido. Respiré profundo hasta que el dolor desapareciera, pero el dolor seguía allí.
—¿Sabes que es lo peor de todo esto? —intenté que la voz no se quebrara—. Que lo vi venir, pero quise creer en sus palabras.