Sombras en Suiza

Capítulo 6

Estaba en la parada de autobúses. Hoy salí a buscar un nuevo trabajo porque de tanto faltar al que tenía, me despidieron. Pero no fue porque quise, pasaron cosas que me impidieron ir. Me encontraba sentada en la banca viendo a mi derecha mientras pensaba un par de cosas. Le he enviado dinero a mamá, esta vez un poco más, gracias a las propinas que me daban.

—¿En qué piensas?

—Dios padre —me levanté de golpe debido al susto—. Noah, no te había visto.

—Eso lo sé —se sentó.

—¿Qué haces a esta hora en las calles? —me senté de nuevo.

—He salido por comida de Pelusa.

Noah ya me habla un poco más, no como deseo, pero ya es un avance. Estábamos en silencio esperando el autobús, pero nunca llegaba, hasta que… me di cuenta que el último autobús pasó hace diez minutos. Estába empezando a llover y necesitaba estar en mi habitación ahora mismo o voy a resfriarme y no podré seguir buscando un trabajo.

—Espera aquí y no te muevas —dijo de inmediato.

Noah se levantó y salió caminando apresuradamente. No entendía lo que sucedía, realmente estaba confundida viendo lo rápido que caminaba mientras veía su muñeca y tocaba sus bolsillos como si estuviera buscando algo. Detrás de un arbol, apareció una sombra inhumana dejándose ver por la luz de la luna. El aire se volvió denso, casi inrrespirable, y un escalofrío recorrió mi espalda. Me detuve en seco, con la mirada fija en aquella figura que parecía retorcerse en silencio, como si no perteneciera del todo a este mundo. El corazón me golpeaba con tanta fuerza que temí que me escuchara. Traté de buscar a Noah con la mirada por todas partes, pero no encontré señales de él. La sombra empezó a avanzar lentamente mientras tomaba forma humana. Estaba paralizada, no podía moverme al saber que podría morir en ese instante. La sombra avanzaba cada vez más rápido, cuando estaba a punto de mostrarse ante mi, fue Noah el que salió detrás del arbol. Mis ojos se abrieron de par en par haciendo que saliera gritando. Si, estuve un momento gritando como loca por toda la calle hasta que Noah me detuvo.

—¿Qué sucede? —clavó su mirada en la mía.

No sabía que hacer en ese instante, sabía que si corría sería absurdo porque de todos modos, me alcansaría, y si me quedaba, posiblemente moriría. Estaba entre la espada y la pared.

—Na… na… nada —evadí su mirada.

—¿Estás segura? —intentó buscar mi mirada con la suya.

—Es solo que… creí ver algo raro.

—Quiza sea el cansancio —dijo sin ninguna expresión.

—Pero no estoy cansada —por fin decidí verlo—. Quiza sea eso —bajé la mirada al sentirme con miedo estando con él.

Regresé a la banca porque estaba mojandome y no queria atrapar un resfriado. Noah me siguió e imitó lo que hice. Esperamos no más de media hora para que la lluvia por fin parara y pudieramos irnos.

—Ha dejado de llover —me levanté—. Me iré primero.

Empecé a caminar lo más rápido que pude. Sentí una presencia pesada detrás de mi, pero al girar, solo era Noah que me venia siguiendo, unos pasos detrás de mí sin decir nada. No giré en ningún momento hasta llegar a la azotea. Fue la voz de Noah la que me impidió seguir caminando.

—Pelusa quiere verte.

—¿Cómo lo sabes? No puede hablar —dije sin girar a verlo.

—Está junto a ti —señaló con su dedo indice.

Bajé la mirada y en efecto, Pelusa estaba junto a mis piernas haciendome cariño mientras ronroneaba. Me agaché lentamente para acariciarle la barbilla mientras sonreía. Gracias a ello pude olvidar lo sucedido con Noah. El miedo que empezó a ocasionarme al estar con él desde el momento en que pude ver la sombra inhumana. “Él no tiene nada que ver con ello” me retumbaba en la cabeza constantemente, y lo sabía, pero por alguna razón, empecé a sentirme insegura con él.

—Tengo que ir a descansar —me levanté de inmediato—. Me dio gusto verte pelusa —sonreí.

Di unos cuantos pasos, pero de nuevo, la voz de Noah me detuvo.

—¿Quieres pasar y beber algo?

—Estoy bien, gracias —negué con mis manos,

—¿Qué pasa, así de la nada empiezas a evitarme?

—¿Qué? —dije con una expresió neutra.

—Olvidalo —tomo a pelusa y regreso a su habitación.

En teoría si lo estaba evitando, pero no porque quería, era como si algo dentro de mi me estuviera controlando para que lo hiciera.

Después de por fin encontrar un trabajo, fui más responsable con él. No importaba si me encontraba enferma, de todos modos siempre iría. Karine quería platicarme unas cosas, me dijo que la esperara frente a su casa pero no habían señal de ella. Me senté en la banqueta que queda frente a su casa intentando ver si se aparecia por alguno de los callejones, pero no. Se hacía tarde, tenía que prepararme para ir al bar. Si, trabajaré en un bar, de mesera claro. Un mensaje de Karine hizo que regresara a mi habitación para alistarme. Le ocurrió un insidente que le impedía venir.

Eras las 6:30pm y no encontraba el broche de la playera del bar. Cuando por fin lo logré encontrar, tomé mi bolso y salí a tomar el autobús. Un aire demasiado frio hizo que se me pusiera la piel de gallina, había olvidado traer mi chaqueta. Al girar para ver si se asomaba el autobus, salí de la banca de un brinco.

—Diooos —llevé una de mis manos hacia mi pecho—. Deja de hacer eso maldita sea.

—¿Qué de malo tiene venir a esperar el autobús? —dijo sentándose.

—Nada —traté de tranquilizarme—. Pero por lo menos avisa que estás en el mismo lugar.

Noah no dijo más y solo esperó a que el autobús se digne a pasar. Era raro verlo por las calles a estas horas. Él es más de salir por la mañana que por la noche.

—Es un milagro verte salir por la noche —rompí el silencio.

—Siempre lo he hecho —dijo sin verme.

—Claro —escondí los labios.

No quise hablar más. Prefería guardar silencio a intentar construir una conversación bonita con alguien tan frío como él.

El autobús por fin estaba llegado. Me levanté al ver como se asomaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.