Sombras en Suiza

Capítulo 8

Noah siempre ha usado playeras de manga larga, a decir verdad, me ha sorprendido verlo por primera vez con una playera de manga corta. Aunque… he notado unos cuantos moretones en su brazo, a demás de las ojeras que se carga. Lo noto muy extraño últimamente, me ha ignorado todo este tiempo.

Cerré la última maleta.

—Dios mio Emma —me limpié el sudor de la frente—. Pero solo te vas por unos días.

Claro, cualquiera que pudiera escucharme hablar sola pensaría que estoy loca, pero es algo que he acostumbrado y no puedo evitar.

—¿Con quién hablas? —Karine se asomó.

—Pero que diablos —sobresalte del susto llevandome una mano al pecho.

—Lo siento —se acercó—. Debí haberte avisado—. Había olvidado lo miedosa que eres.

—Descuida —regresé a mi lugar con una risa nerviosa.

Karine también estaba empacado porque iría a pasar la navidad a Polonia.

—En unos minutos me iré —tomo asiento en la orilla de la cama.

—Quisiera pasar más tiempo contigo —formé un arco con mi boca demostrando mi tristeza.

—Ya tendremos tiempo para nosotras —sonrío.

Antes que Karine se fuera, quise hablar sobre Noah. Ella lo conoce más tiempo, asi que su comportamiento debe de tener una explicación.

—¿Sabes por qué Noah se comporta así?

—¿Así, cómo? —su rostro feliz se tornó a uno confundido.

—Me refiero a que cada vez que estamos solos y él intenta comportarse amable, de la nada se comporta frío —me toqué la sien—. No —me detuve—. Alguien agresivo, como si algo estuviera haciendo que se comporte así —fruncí los ojos—. Después vuelve a ser él mismo.

—No tengo idea —se levantó—. Jamás se ha comportado así conmigo.

—Claro —sonreí—. Quizá solo esté alucinando.

Karine salió antes porque tenía que pasar a comprar unas cosas. Después de dejar las maletas cerca de la puerta, salí y me detuve a observar una vez más el lugar que me acogió durante este tiempo. Me eche a correr con prisa al ver la hora, mi vuelo estaba por salir. No importaba que tan rápido iba, de todos modos iba a encontrarme con que el aeropuerto estaba cerrado los ultimos días de diciembre y los primeros días del próximo año. ¡Genial! Lo que me faltaba.

Recordé que mi tía Antho había mencionado que podía ir en tren.Vaya sorpresa con la que me he encontrado, ¡a que no podrían adivinar! Las estaciones de tren también se encontraban cerradas hasta nuevo aviso.

—¿Tendré que pasar las fiestas navideñas lejos de mamá? —me pregunté en un suspiro.

Me encontraba de regreso, triste por supuesto. Volví a ordenar mi ropa entre mi armario y dejé las maletas en su lugar. Salí de nuevo para tratar de evadir el mal momento que pasé.

Noah se encontraba sentado en la banca viendo hacia la nada, como le era costumbre.

—Hola —me senté a su lado.

—Pensé que estabas rumbo a Palermo —dijo sin verme.

—Han pasado unas cuantas cosillas que impidieron el viaje —dije en un suspiro.

—Veo que no ves las noticias.

Tan de pronto cambio de tema. Vaya que si es un tipo raro.

—¿Quién querría ver las noticias? Son aburridas —me encogí de hombros.

—Personas a las que les interesa saber qué pasa en Zúrich, por ejemplo —giró a verme por fin.

—Puede ser —frunci los ojos—. Pero no tengo tiempo para eso.

—Si te tomaras un momento para verlas, sabrías que los aeropuertos estan cerrados, igual que las estaciones. Eso habría evitado que te echaras a correr como loca —soltó una pequeña risilla—. Lo he visto todo.

Aunque sea molesto, tiene razón. He estado ocupada, no puede culparme por no haber visto las noticias.

—¿Qué se supone que haga ahora? —me quejé.

—No me preguntes a mi, a penas puedo resolver mi vida —me vio con los ojos fruncidos—. ¿Cómo podría resolver la tuya?

—Por lo menos pudiste haberme dado una idea —hice pucheros—. Grosero.

—Te he dicho que no me gusta celebrar ese tipo de fiestas.

Se me había ocurrido una idea genial. Me levanté y me eche a caminar tomando a Noah de la muñeca.

—¿Qué crees que haces?

—Solo sígueme —respondí sonriendo.

—Sueltame —intentó soltarse de mi agarre.

—Ah, lo siento —lo solté tan rápido como me di cuenta que aún lo tomaba de la muñeca—. No dejaré que te pierdas de algo tan increíble.

Seguí caminando, pero Noah me detuvo haciendo que girara hacia él.

—¿A qué te refieres? —hizo notar lo confundido que se encontraba.

—Ya lo verás.

Nos encontrabamos en una de las calles del Casco antiguo de Zurich. Estaban iluminadas por luces amarillas y decoraciones navideñas, realmente se veía hermoso. La calle quedaba justo en medio de casas con balcones decorados, tiendas y una cafetería muy linda a decir verdad.

Me detuve frente a la cafetería, necesitaba algo dulce.

—Vamos a entrar —advertí.

—¿Esta era tu idea? —señaló la cafetería.

—Claro que no —fruncí los ojos—. Solo me dio hambre.

Noah entró primero. Él fue directo a una mesa mientras metía sus manos en los bolsillos de su sudadera.

La cafetería tiene una estetica fresca, limpia y contemporanea. Conformada con una paleta de colores suaves. Las paredes blancas, los sillones azules, mesas rectangulares y redondas de tonos amaderados. La iluminación es cálida, con lamparas colgantes de color rojo que añaden un toque de contraste. Las sillas blancas, de estilo clásico tipo bentwood, lo que aporta un toque vintage elegante. El piso tiene un patrón geométrico en tonos rosa pálido y blanco. Hay espejos colgados de las paredes y por ultimo, ventanales interiores que expanden visualmente el espacio.

—¿Y? —Noah se acomodó.

—¿Y qué? —lo vi confundida.

—¿Qué vas a pedir? —arqueo ambas cejas.

—¡Ah! —tomé la carta para darle una ojeada—. Solo pediré gipfeli y heisse schoggi —la cerré y dejé a un lado.

El pedido estaba demorando, quiza porque habían demasiadas personas. Dicen que suelen venir más para estas temporadas. Noah no pidió nada, según él se encontraba bien, pero eso cambió cuando el pedido llegó a la mesa. Él olfateó varias veces intentando disimular.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.