Sombras en Suiza

Capítulo 9

De nuevo había perdido el broche del bar, no lo encontraba por ninguna parte. Cada vez se hacía más tarde, no quería que el jefe me regañara. Por alguna extraña razón, él se presenta todas las tardes para supervisarme. Es muy molesto, estoy segura que lo hace solo para hacer que renuncie. Si no me quiere en su bar, ¿para qué me contrató?

Al bajar de la azotea me encontré a Noah recostado sobre su motocicleta mientras le daba caladas al cigarrillo que estaba entre sus dedos. Una chaqueta negra de cuero junto a una playera blanca, pantalones holgados de lona y unas botas cortas color negras. No puedo describir lo atractivo que se veía.

—¿Noah?

—Por fin has salido —dio una última calada—. Sube.

—Algún día voy a pagarte lo que haces por mi —me dirigí hacia él.

—¿Si? —escondió sus labios mientras alzaba ambas cejas.

Él se dirigió a toda velocidad para que pudiera llegar a tiempo, eso me tranquilizaba. Noah tomó un callejón distinto, jamás lo había visto, pero supuse que era un atajo para llegar aún más rápido.

Me pareció extraño ver que ya había pasado el bar y en ningún momento paró, fue cuando opté por preguntarle, aún así llegara a molestarse.

—Hemos pasado el bar, ¿por qué no te detuviste?

—Porque no es el lugar al que quiero llevarte —dijo sin más.

—Pero tengo que trabajar.

—Niña ingenua —bufo.

Fue cuando recorde que Toms me había dicho esas mismas palabras. Tal y como lo pensé, estaba empezando a tomarle cariño, pero él solo se aprovechó de eso.

—Detente ahora.

—Me detendré cuando yo quiera —dijo serio.

—Detente o saltare de la motocicleta.

Noah frenó de golpe haciendo que las llantas rechinaran. Me bajé lo más rápido que pude; realmente me encontraba molesta, pero por alguna razón, Noah parecia aún más enfadado.

—¿Qué se supone que hagas? ¿golpearme? —dejó salir una risa burlona.

—Eres un maldito —las lagrimas empezaron a bajar por mis mejillas—. Si te ibas a comportar como un idiota, no me hubieras besado esa noche.

—Solo me divertía, eres muy exagerada. Deja de llorar —bufo.

—Eres un bastardo.

No dije más, realmente no quería terminar más herida de lo que ya me encontraba. Me giré para regresar sin importar que las calles se encontraran oscuras. Sentí como Noah me tomó del cabello y me llevó hacia él.

—Te irás solo cuando yo lo ordene —me avento hacia el arbol que se encontraba a un lado de nosotros.

—Déjame ir —intenté no mostrar lo debil que me encontraba.

—¿Vas a llorar de nuevo? —dijo burlón.

Rodeó mi cuello con ayuda de sus dos manos. Estaba muy asustada, se estaba comportando como aquella tarde. Quería hacer que se tranquilizara, pero no sabía cómo al ver que sus ojos reflejaban maldad.

—Por favor —dije sollozando.

—Cállate —iba a golpearme.

Estaba rogando para que se detuviera, y fue cuando lo hizo. Él me soltó de inmediato, parecia confundido.

Me vio con arrepentimiento, pude notar como sus ojos reflejaban tristeza. No sabía lo que ocurria con Noah, su comportamiento no es normal.

—Yo… de verdad no quise —los ojos se le tornaron llorosos.

—¿Qué te sucede? —intenté recuperar la respiración.

—Lo que menos quiero es lastimarte —me tomó entre sus brazos—. Por favor perdoname.

Solo quería salir de ese lugar e ir al bar para intentar olvidar lo que sucedió. Noah se limita a hablar de las cosas que él desea, el beso por ejemplo. Despues de lo que sucedió esa noche, no quiso hablar más del tema, lo cual me dejó muchas preguntas por hacerle, pero decidí respetar su decisión.

—Solo llevame al bar —me acomodé la chaqueta.

—Si, por supuesto —dijo en un tono bajo.

Sentir el viento helado golpear mi rostro, me hizo sentir un poco mejor. A comparación de hace un rato, Noah iba un poco más despacio. Sabía que al llegar, el jefe estaría muy enfadado.

—Gracias —acelere el paso.

—Espera —se bajó de la motocicleta.

—¿Puede ser en otro momento? —evite girar a verlo—. Voy tarde.

—No tardaré.

—Lo digo en serio —seguí el paso.

Escuché como la motocicleta de Noah aceleró, y solo así, giré a ver. Al notar como desapareció poco a poco, entré lista para escuchar al jefe regañarme.

—Te has salvado Astley —uno de mis compañeros me dio el mandil.

—¿Qué? —lo tomé.

—El jefe no ha venido esta tarde. Te has demorado en venir —alzó ambas cejas.

—Ha sucedido un inconveniente en el camino.

Él solo se lamentó y regresó al trabajo. Era lo que tenía que hacer también, respiré profundo y salí a las mesas. Nadie sabe que podría pasar en el momento de estar trabajando. A veces hay personas que saben controlarse y otras no, personas que te manosean por lo ebrios que se encuentran. Por suerte, no me ha tocado pasar por algo como eso, y creí que jamás me pasaría hasta que…

—¿Desea ordenar? —tomé la libreta y la lapicera.

—Por supuesto —sonrió picaro.

—¿Qué le sirvo?

—Esta noche, quiero darme uno de los mejores banquetes —empezó a acariciarme la cintura.

Me alejé de inmediato, pero el tipo volvió a tocarme, esta vez, me apegó a él.

—Por favor respeteme —estaba nerviosa.

—Entonces no te hagas la difícil, ambos sabemos el tipo de mujer que eres.

Estaba por golpearlo, pero al parecer, alguien se me adelantó.

—No vuelvas a tocarla o conocerás el tipo de demonio que soy —le dio un golpe en el rostro.

—¿El tipo de demonio que eres? —dejó salir una risa burlona mientras se limpiaba la sangre que salía de su boca—. Solo eres un idiota.

—Te lo advertí.

El tipo se veía que iba al gimnasio, y me asustaba que Noah pudiera terminar muy herido. Pero eso pareció no importarle, en lo absoluto. Lo tomó de la playera haciendo que el tipo se elevara.

—Puedes tocar a otras si quieres, pero a ella —lo tiró al suelo—. A ella no.

Noah empezó a golpearlo sin parar, no entendía de donde le salian tantas fuerzas. Al ver que el tipo estaba demasiado golpeado, otras personas tuvieron que interferir, y yo, fui de inmediato hacia Noah.




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