A mamá le ha estado yendo muy bien, con el dinero que le envío cada semana y de sus ahorros, puso un puesto de bocadillos. Me alegra que todo haya cambiado. Si no fuera por mi tía Antho y su esposo, ahora mismo me estuviera lamentando por no encontrar un trabajo con la chatarra que me dejó papá.
Sostenía un cuadro con una foto de Karine en Polonia dentro de él. Ella se veía muy feliz, y eso me alegraba mucho.
—Que lindo obsequio —sacudi el cuadro.
—Lo sé —me lo quitó—. Soy pésima dando obsequios.
Karine se notaba muy decepcionada, cambió de tema para olvidar el mal momento que recién pasó, según ella.
—¿Entonces? —sonrió picara—. ¿Cómo sucedió?
—¿A qué te refieres? —me crucé de brazos confundida.
—Noah —formó una linea con sus labios.
—Ah —le quite de nuevo el cuadro—. Quizá sea en otro momento.
Me dirigí a mi habitación para dejar el cuadro. Karine iba detrás de mi quejándose para que le contara como Noah y yo, empezamos a ser amigos.
—Ya dímelo por favor —arrastró la última palabra.
—Solo pasó de la nada —dejé el cuadro sobre la mesita de la sala.
—Gracias por la conclusión —se quejó.
—A decir verdad, no recuerdo muy bien como pasó —intenté recordar.
Quizá Toms hizo algo bueno en su asquerosa vida, hacer que Noah por fin dejara de responder con palabras cortas.
—Me he enterado con detalles lo que sucedió con el imbecil de Toms.
Salimos de nuevo a la azotea para hablar mejor.
—De haber sabido que iba a comportarse como un verdadero idiota, jamás los hubiera presentado —se sentó en la banca—. Todo fue mi culpa —escondió sus manos entre sus piernas.
—Claro que no —me senté a su lado—. A decir verdad, solo me forcé a sentirme mal por lo que pasó con él.
—¿Forzarte? —giró a verme.
—Quería saber lo que es sentirte mal al terminar una relación, o por qué las personas entran en depresión a causa de eso —giré a verla—. Pero ni siquiera llegamos a ser mas que amigos, así que solo me forcé a sentirme mal, y la verdad, no sentí absolutamente nada intentandolo —sonreí.
—Eres un caso Emma —me dio un empujoncito.
—Solo tenía curiosidad.
—¿Qué tal si vamos por un café? —se levantó.
—Por supuesto —la imite.
Fuimos a la cafetería más cercana para no demorar en regresar. El jefe me ha dicho que quería verme un poco más temprano, tenía claro que era por lo que había sucedido, así que tenía que prepararme para escuchar “estás despedida”
—¿Qué tal el viaje? —tomé un pastelillo.
—Polonia es increible, deberíamos de ir juntas —tomó también un pastelillo—. Te la pasarás genial.
—Ya lo creo —sonreí—. Oye, lo siento pero tengo que irme, mi jefe dijo que quería verme más temprano.
—Descuida, entiendo —sonrió.
Me puse el uniforme sin saber qué pasaría en unos minutos, mis esperanzas me decían continuar con el trabajo, pero eso dependía solo del jefe.
Alguien llamó a la puerta, me dirigí con una zapatilla en el pie y la otra en la mano.
—Me he enterado que tu jefe quiere verte más temprano de lo habitual.
—Me temo que si —me puse la otra zapatilla.
—Bien, iré contigo —aceleró el paso—. Estaré esperándote abajo.
No es mala idea, estar a solas con el jefe, podría intimidarme. Me apresuré para no hacerlo esperar, tomé una chaqueta, he aprendido a llevar siempre una conmigo.
—Estoy lista —me subí a la motocicleta.
Al momento de rodearle la cintura con mis brazos, el corazón me empezó a latir tan rápido que pensé que iba a salirse por mi boca. Estaba empezandome a poner nerviosa, así que me alejé un poco, pero él frenó de golpe y eso hizo que volviera a mi postura anterior.
Después de ir con los ojos cerrados en todo el camino, por fin llegamos. El jefe se encontraba afuera del bar, claro, estaba esperandome.
—Hasta que llegas —entró.
Lo seguí un tanto nerviosa. Pensé que Noah iba a acompañarme solo hasta la entrada, pero él también entró. Mi superior hizo que nos sentaramos en una de las mesas.
—Me han informado sobre la pelea de esa noche —se cruzó de brazos.
—El tipo quería manosearme —dije sin más.
—Pero no debiste haber iniciado una pelea —elevó la voz—. El cliente se fue con una mala impresión de mi bar.
—¿Y qué debí haber hecho? ¿dejar que me manoseara?
—Lo que sea para que él no pasara un mal momento.
Me quedé callada intentando asimilar lo que me había dicho.
—¿Usted iba a hacerse responsable si a ella le hubiera pasado algo? —Noah apoyó sus manos sobre la mesa.
—¿Tú te hiciste responsable por como dejaste a mi cliente?
—No iba a dejar que se aprovechara de Emma, si hubiera tenido la oportunidad de haberlo matado —lo vio fijamente—. Lo hubiera hecho, pero para mi mala suerte, llegaron justo a tiempo.
—Quedas despedida Emma Astley.
No estaba molesta por haber quedado despedida, estaba molesta por lo que había dicho, ¿dejarme manosear para que el cliente no pasara un mal momento? Debió de haber estado drogado para decir eso. Al final, creo que no era un trabajo apto para mi.
—¿Estás bien? —Noah iba detrás de mi.
—Por supuesto, es solo que —me detuve—. Me molesta que piense de esa manera.
—Lo sé, no entiendo como pueden existir tipos que disfrutan ver sufrir a las personas, más si la persona te importa mucho.
Sentí muy personal sus palabras, en un cierto momento, pensé que hablaba de él. Ahora tendré que buscar otro trabajo, un tercer trabajo si no mal recuerdo. Esto es estresante.
—¿Puedes llevarme a la azotea? Necesito pensar.
—No te decepciones tan rápido.
—Solo quería complir mi sueño de abrir mi propia cafetería en Suiza y enviarle todo el dinero que pudiera a mamá.
—Y lo vas a lograr.
—No puedes garantizarlo.
—Apuesto mi vida a que si —dijo con seguridad.
Es muy gracioso oir las cosas que Noah dice sin pensar. Él me llevó a la azotea tal y como lo habia pedido, Karine se encontraba sentada en la banca viendo el anochecer.