Sombras en Suiza

Capítulo 11

Zyon se encontraba golpeándome con un bastón de espuma que ha encontrado en el espacio para niños. Hemos ido por pan de sándwich, galletas de mantequilla, gelatina, crema y algunos toppings. Era un día bastante aburrido, así que decidimos hacer un pastel. Últimamente hemos pasando más tiempo juntos para conocernos mejor.

—Detente ahora —reí.

—No seas aburrida Emm —siguió golpeandome.

—Bueno, no me dejas opción.

Tomé uno de los bastones que quedaban y empecé a golpearlo también. Entre risas nos encontrabamos jugando hasta que una voz se hizo presente.

—Por favor supervisar el pasillo para niños.

No habíamos prestado atención a la voz porque seguíamos jugando.

—Si me dejas de golpear, también dejo de hacerlo —aún le seguía dando golpecitos.

—Déjame pensarlo —reía.

Zyon no duró mucho tiempo en pensarlo porque el supervisor de piso ya se encontraba cerca de nosotros con una cara de amargado.

—Jovenes por favor, les pido amablemente que puedan comportarse —dijo serio—. No me quiero ver en la obligación de sacarlos del supermercado.

Al momento de él irse, nos echamos a reír bajito para que no pudiera escucharnos. Increíble, iban a sacarnos y apenas estábamos llegando.

—Que amargado —devolvió el bastón a su lugar.

—Te lo he dicho antes —también dejé el bastón en su lugar—. Aquí todos suelen ser unos amargados, pero venden las mejores cosas.

—Supongo que tenemos que comportarnos —se encogió de hombros.

—Podemos llevar dos de ellos —alcé las cejas mientras sonreía—. En la azotea nadie podrá decirnos nada.

No hizo falta una respuesta de Zyon, él fue por dos y regresó de inmediato hacia donde me encontraba. Zyon era más de juegos infantiles y bromas, pero cuando se trataba de otros planes, él iba sin renegar. Salimos del pasillo para niños y fuimos por lo que realmente ibamos a necesitar. Si nos quedábamos en él, iban a sacarnos y adiós al pastel. Si se preguntan por qué no íbamos a otro supermercado, en otros no podremos encontrar las mejores cosas.

—¿También jamón? —preguntó.

—Haremos un pastel, no sándwiches —le quite el jamón devolviéndolo a su lugar.

Zyon parece un niño obediente, él hace lo que los demás le piden sin molestarse.

—Solo uno —volvió a tomarlo.

—Está bien —me di por vencida.

Al salir del supermercado nos encontramos al tipo que quería manosearme en el bar. Después de observarnos por unos largos minutos, se acercó.

—Ves como si eres el tipo de mujer que pensaba —rió burlón—. Ya andas con otro.

Tomé de la muñeca a Zyon para caminar un poco más rápido, pero el tipo nos detuvo.

—Me pregunto, ¿quién será el siguiente? —se puso a un lado de mi.

—Por favor señor, no estamos molestandolo —solté a Zyon—. Déjenos tranquilos.

—Mira esto —se señaló el rostro—. Ves como me ha dejado ese idota.

Se lo merecía, nadie tiene el derecho de tocar a una mujer sin su consentimiento. Es un tipo sucio. Seguí caminando, no quería que algo peor fuese a pasar.

—No me ignores —me hizo girar hacia él de manera brusca.

Zyon no pudo contenerse, lo tomó de la playera haciendo que me soltara. Lo veía muy molesto, tanto que hasta temblaba.

—Si hay algo que detesto con todo mi ser —lo sujetó aún más fuerte—. Es que toquen a las mujeres.

—Sueltame imbecil —trató se soltarse de su agarre.

—Suéltalo Zyon, no vale la pena.

Zyon obedeció a mis peticiones, pero el tipo no pudo contenerse y le soltó un puñetazo en el rostro. Zyon solo se limpió sin ninguna reacción.

—A mi hazme lo que quieras, pero no a ella —me puso detrás de él—. ¿Acaso no te han enseñado a respetar a las mujeres? Vienes de una, idiota.

—No me digas que tú si las respetas —dijo burlón.

—Ven —tomé de la muñeca a Zyon—. Solo hay que irnos.

El tipo por fin nos dejó tranquilos. Ibamos en silencio, no porque Zyon quería, si fuera por él, estaría intentado hacer que olvidara el mál momento que he pasado, sino porque se lo he pedido. Pero su silencio no duró mucho.

—Lo siento —susurró—. No quiero que te quedes con esa imagen mía, el tipo que golpea. Mi mamá ha sufrido ese tipo de cosas y las personas, lo hombres, pensaban que podían tratarla y hablarle como se les pegara la gana solo porque era mujer.

—Descuida, no pensaría eso de alguien que cuida a las mujeres —sonreí.

—De pequeño no podía hacer mucho, pero me hice una promesa —levantó la mirada—. Cuando creciera, jamás permitiría que nadie volviera a hacerle eso a una mujer frente a mí.

—Eres y serás un gran hombre, que nadie te haga dudar eso —advertí.

Sin más, nos dirigimos a la azotea. No teníamos mucho tiempo para preparar el pastel porque Zyon había quedado con uno amigos. Dejamos las cosas en la mesa y nos pusimos el mandil.

—Primero: Tenemos que poner las galletas en el balde como base —expliqué.

—¿Así? —ponía una tras otra.

—Como base —me tomé la cabeza con ayuda de mis manos—. No como torre.

¿Acaso quería hacer la Torre Eiffel? Después de explicarle cómo debía de hacerlo, por fin terminamos de poner la base.

—Ahora hay que quitarle la orilla al pan dejando lo suavecito —tomé el pan.

—¿Así? —mostró el que había hecho.

—Muy bien —sonreí.

Después de poner el pan sobre la base de galletas, fuimos a hacer la gelatina para poder regarla sobre las galletas y el pan.

—Ser chef es difícil —dijo dejando caer la gelatina sobre el bowl.

—Pues mira chef —le quité la gelatina—. Tienes que dejalo caer muy suavemente.

—¿Después de eso que sigue?

—Preparar la crema, ponerle los toppings y llevarlo al refri —sonreí mostrando los dientes.

Le agregamos azúcar a la crema y batimos hasta que quedara una consistencia espumosa. Le agregamos los toppings (gomitas azucaradas) y llevamos el bowl al refri.

—Mientras está listo, puedes ir con tus amigos —empecé a limpiar.

—Después de ayudarte —tomó los tazones que habíamos utilizado y fue a lavarlos.




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