Sombras en Suiza

Capítulo 12

Unos pantalones holgados, zapatillas blancas y la playera de la tienda en la que trabajaré. Karine cambió de empleo por culpa de sus compañeras, ahora está en una nueva tienda de ropa junto a mi. Me emociona trabajar juntas, será una muy bonita experiencia.

—¿Lista? —se asomó por la puerta de mi habitación.

—Lo estoy —tomé una chaqueta.

—No pagan lo que desearias, pero es un trabajo fijo. No tienes que preocuparte por nuestras compañeras, ellas son muy comprensibles, y envidiosas… olvidate de eso, ellas no conocen la envidia.

Me alegraba escuchar eso, solo espero que sea como Karine lo dice. No olvido cuando habló algo similiar de sus amigas y terminaron siendo unas odiosas. Estábamos por bajar de la azotea, pero la voz de Noah se hizo presente.

—¿Ya se van? —se acercó.

—Si —sonreí.

—Suerte —fijó su mirada en mi.

—¿Están seguros que no son pareja? —Karine se unió.

Noah bajó corriendo no sin antes despeinarme un poco. Karine me veía mientras se cruzaba de brazos y fruncía los ojos.

—No tenemos nada más que una amistad —le di palmaditas en el hombro—. Es hora de irnos.

—Esperame —corrio detrás de mi.

Imaginaba que la tienda era pequeña, pero en realidad, era la más grande que había visto en ese sitio, eso si, las prendas eran de último modelo. Una de las chicas de la tienda me explicó lo que tenía que hacer. En cuestión de minutos, era una cajera profesional.

—Gracias por enseñarme —guardé uno de los billetes.

—Si necesitas ayuda, solo llamame —sonrió.

Karine tenía razón, ellas son un amor. Conectamos al instante.

—No solo puedes estar en caja —otra chica se acercó—. Aquí nos turnamos en cada puesto para no aburrirnos, pero —llevó su dedo indice hacia sus labios—. La jefa no lo sabe, es un secreto.

—Claro —sonreí.

Veo que trabajan mucho en equipo, eso es bueno. Esto me agrada, al fin puedo decir: he encontrado mi lugar.

Tal y como una de las chicas dijo, aquí todas se turnan para no aburrirse. Esta vez, me ha tocado ordenar las prendas.

—Tú puedes Emma, aún te falta una fortuna, pero poco a poco vas a ir juntando para abrir tu propia cafetería —me repetía en la mente.

Iba por una caja de blusas, pero la voz de una chica llamó mi atención. Era la amiga de Karine, una de las chicas fresa.

—¿Trabajas aquí? —preguntó seria.

—¿Tendría puesta la playera solo por así? —me dirigí hacia donde se encontraba la caja.

—¿Puedes ayudarme? —iba detrás de mi—. Noah, él me llama mucho la atención.

—Ajá, ¿y? —regresé.

—¿Qué cosas le gusta hacer?

—No lo conozco al cien —alcé ambas cejas—. Suerte para ello.

Fui a otro pasillo para ordenar otro tipo de prenda. Admito que me dio celos escuchar lo que dijo, ¿por qué debería de sentir celos? Solo somos amigos, él puede estar con quien quiera. La tipa se negaba a dejarme de seguir hasta conseguir lo que quería.

—Andale, dame una mano —hizo que sus tacones hicieran ruido a propósito.

Tenía que encontrar alguna forma de poderme deshacer de ella, no soporto ese tipo de ruidos.

—Supongo que ama los paseos en motocicleta —formé una linea con mis labios.

Ella se fue sin siquiera agradecerme, que tipa tan molesta. Seguí ordenando las prendas, esta vez con sus palabras retumbando en mi cabeza acompañadas de varias preguntas, ¿será que le hará caso? ¿qué harán? ¿por qué siento celos? ¿terminarán siendo algo? Estaba tan metida en mis pensamientos que no escuchaba la voz de Karine llamandome, hasta que me sacudió un par de veces.

—Dios mío Emma —seguía sacudiendome—. Reacciona mujer.

—Ya ya —hice que me soltara—. Estoy consiente.

—No parece —puso ambas manos sobre sus caderas—. La jefa quiere verte.

Me sacudi la playera y me dirigí hacia la caja, muy nerviosa, debo admitir. Ella estaba charlando con la chica que ha cambiado de puesto conmigo. Me acerqué aún más nerviosa sabiendo que en mi primer día de trabajo, iba a llamarme la atención por hacer cambios de puestos.

—Ella es Emma —Karine llamó su atención.

—Emma Astley —estendí mi mano esperando a que la tomara.

—Nadia, la jefa de estas niñas —tomó mi mano mientras sonreía.

Desde el momento en que cruzamos las primeras palabras, sentí esa confianza, como si me hubiera dado un abrazo sin hacer contacto. Ella se veía tan dulce, como si fuese la mamá de todas las chicas.

—Es un gusto —sonreí.

—El gusto es mío. Me han contado que eres la nueva cajera.

—Gracias por darme la oportunidad de poder trabajar aquí —fui sincera—. Le prometo que no tendrá reportes míos.

—Eso lo sé —sonrió—. Bienvenida.

Después de que la jefa se haya ido, ne dirigí de nuevo a mi puesto, Karine iba detrás de mi. Ella está en la parte del segundo piso, aunque trabajemos en el mismo lugar, no podemos vernos en todo momento.

—¿Cómo te sientes? ¿estás cómoda?

—Me siento muy cómoda —sonreí.

—Eso es genial —me dio unas cuantas palmaditas en la espalda—. Es una lastima que para el almuerzo no podamos ir juntas —se lamentó.

—Así que ¿tengo que ir con las de mi piso mientras ustedes supervisan? —giré a verla.

—Exactamente —asintió.

Menos mal me cayeron bien las chicas de mi piso, y creo que yo a ellas también. De no haber sido así, hubiera preferido quedarme.

Mis compañeras de piso y yo iríamos de primero. Ellas querían ir a la cafetería de Noah, no le vi el problema. Es una cafetería con mucha variedad. Si lo que quieres es comer algo ligero, esa cafetería es perfecta.

—Amo venir aquí —dijo una de ellas.

—Es mi cafetería favorita —respondió la otra.

Aun no había agarrado confianza, así que opté por quedarme callada, pero mi silencio no duró mucho.

—Emma ¿cierto? —una de ellas me vio sonriendo—. Me llamo Nia y ella es Samantha.

—Un gusto —sonreí.

—No queremos hacerte sentir incomoda, si algo te llega a molestar o sientes que nos estamos pasando de la raya —Nia vio a Samantha—. Háznoslo saber.




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