Sombras en Suiza

Capítulo 14

He estado buscando soluciones para que Noah pueda deshacerse de una vez por todas del demonio que no lo deja vivir tranquilo. Le he prometido guardar el secreto, no es como si fueran a creerme, pero siento la necesidad de tener que decirselo a alguien.

Tomé la bolsa que contenía dos blusas y un pantalón, se lo di a la clienta fresa que nos visita cada día. Ella solo me tira el dinero y se va sin agradecer. Si, estoy hablando de la amiga de Karine, que por fin se dignó a comprar algo y no solo llegar a probarse las prendas para tomarse fotos. Ya se podrían imaginar las redes de esa chica, con selfies que incluyen casi todas las prendas de la tienda. Aún no puedo comprender como no le dicen nada.

—Esto es cansado —susurre.

—¿Qué cosa? —Nia se acercó—. ¿Esa chica?

—¿Tanto se nota que es sobre ella?

—Supongo que todas coincidimos en lo mismo —se apoyó sobre la mesa—. Hasta Karine está empezandose a hartar de esa tipa, ahora imagínate nosotras.

—Es insoportable —suspiré.

Cambiamos de turno con Samantha, ella se estaba encargando de la limpieza. Debo admitir que esto de cambiar de puestos, no es mala idea. Me encontraba barriendo la entrada, una voz bastante masculina llamó mi atención.

—Ey Emma —me saludó a lo lejos con la mano—. Te has desaparecido.

—Zyon —imite lo que hizo—. Que bueno verte.

—Te he estado buscando estos días —se cruzó de brazos—. No supe nada de ti.

—Me he perdido en el lago —me apoyé sobre la escoba—. ¿Puedes creerlo?

—¿De ti? Por supuesto que si —empezó a reir.

Después de pelear por un pequeño momento, optamos por ir a comer algo. Justo me tocaba tomar turno para ello. Esta vez decidí ir con Zyon, dejé por un momento a mis compañeras. Eran tantos restaurantes que no sabíamos a cuál ir. Duramos más en detenernos a pensar sobre ello, que terminar en un puesto callejero de perros calientes.

—No puedo quejarme —di un bocado —. Están deliciosos.

—No puedo creer que hayamos terminado en un lugar como este —añadió.

—No es tan malo.

—No es el lugar al que quería traerte —se encogió de hombros.

—A donde quiera que vayamos voy a estar agradecida —sonreí.

—Eres una buena persona.

No tengo derecho a quejarme, mientras no sea la que pague, no puedo reprochar del lugar a donde me llevan. No tengo una buena perspectiva de las personas que hacen eso, las llevan a comer y a parte de ellas no pagar, reprochan por el lugar a donde las llevan. Soy enemiga de ellas.

—¿Vas a contarme cómo pasó? —se acomodó para poder escuchar el caos.

—¿Qué cosa? —dejé mi perro caliente sobre la mesa mientras me sacudia las manos intentando deshacerme de las migajas que quedaron en ellas.

—Sobre cómo te perdiste en el lago —empezó a reir burlón—. ¿Cómo pudiste perderte en él?

—¿Quién no? Le puede pasar a muchas personas —me crucé de brazos.

—Lo sé, solo bromeaba —enderezo su postura—. Vamos, cuenta.

En realidad no hay mucho que contar. En el momento fue algo que pasó muy lentamente, pero ahora que lo veo, no fue la gran cosa.

—A Noah se le ocurrió la gran idea de llevarme a remar —fui un poco sarcastica—. Todo iba bien, pero de un momento a otro, perdimos la orientación y nos alejamos de la orilla. Poco después, nos encontramos en una pequeña isla, eso quise creer porque no estaba segura si en verdad lo era. Unos ancianitos muy amables, nos dejaron pasar la noche en una de sus habitaciones.

Recordé lo que había pasado afuera de la habitación, lo que Noah me confeso. Quería contarselo a Zyon, pero le había hecho una promesa a Noah, asi que dejé de dudar en ello y descarté la idea de una vez por todas.

—Ajaaa —respondió con los ojos fruncidos.

—Ninguno de los dos sabe remar —agregué—. Fue así como nos perdimos en el lago.

—En la habitación, ¿sucedió algo? —preguntó picaro.

—Como vas a creer esas cosas —le di un pequeño golpe de lo nerviosa que me había puesto.

—Tranquila agresora, solo bromeaba —se sobo el brazo con una mueca de dolor.

No es como si le haya pegado duro, es solo que a Zyon le gusta exagerar las cosas. Nos retiramos del lugar al ver la hora, me había pasado cinco minutos. Salí corriendo, Zyon hacia el intento de poderme alcanzar, pero por suerte, soy muy rápida.

Llegué muy exhausta. Nia y Samantha veían confundidas, por un momento pensé que me veían así por los minutos que me había pasado, pero no. Detrás de mi, venía un Zyon casi que muriéndose, jadeando de lo cansado que estaba, tirado en el suelo reflexionando lo que acababa de ocurrir. Hablaba como si ese sería su último momento de vida. Lo rodeamos mientras veíamos muy detenidamente lo que hacía.

—¿Él está bien? —Samantha estaba preocupada.

—Lo está, solo exagera —me alejé del lugar yendo a mi puesto.

Zyon al ver que todas se alejaron de él y nadie más le prestó atención, se levantó mientras se sacudía las prendas. Se acerco muy indignado hacia nosotras mientras nos fulminaba con la mirada.

—Hola —dije sin verlo.

—No puedo creer lo rápido que corres y lo desconsiderada que eres —se cruzó de brazos.

—¿Desconsiderada? ¿por qué?

—Por dejarme tirado en el suelo —hizo pucheros.

Debo admitir lo adorable que se veía reprochandome, pero no quería demostrar mi debilidad a ello, sin embargo, no pude evitarlo.

—Ya, ya —lo tomé entre mis brazos—. No te moriste.

—¿Cómo puedes decir algo como eso? —seguía reprochando.

—Tranquilo, tranquilo —lo llevé de nuevo a mis brazos.

Samantha se acercó hacia nosotros interrumpiendo con mucha pena.

—¿Qué ha sucedido? —apoyó sus manos sobre la mesa.

—Nada importante —Zyon se alejó.

Él quedó bobo mientras veía a Samantha de pies a cabeza. No la fulminaba con la mirada, mucho menos la juzgaba. Estaba admirandola por un buen rato. Ella nos veía confundida intentando adivinar lo que ocurría.

—¿Pasa algo? —preguntó ella.




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