Sombras en Suiza

Capítulo 15

Han pasado cinco días desde que Noah me propuso ir a la granja. Con dos maletas que cualquiera que las viera, juraría que llevo mucha ropa, pero la realidad es que solo llevo protección para cuidarme de cualguien animal salvaje que intentara hacerme daño. Claro, como si un par de botes de plástico diseñados por mi me ayudarían.

Jamás he ido a una granja, así que no sé que llevar.

—Vamos por tres días, no por tres meses —vio detenidamente las maletas.

—¿Qué se supone que lleve entonces? Solo llevo dos botes de plástico —los saqué.

—¿Y eso para qué? —estaba confundido.

—Quizá hayan animales salvajes —me encogí de hombros.

—Solo hay cerdos, gallinas, vacas y algunos caballos —tomó las maletas—. Son cariñosos, probablemente la única salvaje en el lugar, serías tú.

Entró a mi habitación mientras reía, ¿qué era lo gracioso? Me dijo animal. Desgraciado.

Tomó unas cuantas prendas de mi armario y dos pares de zapatos. Los metió en una de las maletas mientras que la otra, la regresó a su lugar. Salimos lo más rápido posible para no perder el tren. Según Noah, es un viaje de tres horas, así que traje un libro que encontré entre mis cosas para no aburrirme.

—¿Qué haces? —frunció el ceño.

—Leer —le mostré el libro.

—¿Es una broma? —se cruzó de brazos—. ¿Te pones a leer en lugar de admirar los increíbles lugares?

—Solo veo forraje —guardé el libro.

—No solo es forraje —se acercó a la ventana—. Si observas muy detenidamente, puedes ver lo mucho que ese grupo de pajaritos disfruta volar.

No le encontraba sentido a lo que decía, ¿cómo lo sabe? Era imposible saber eso.

—¿Cómo lo sabes? —incliné la cabeza hacia mi derecha.

—Por la manera tan relajante en la que lo hacen —regresó a su lugar—. Puedes darte cuenta de pequeños detalles si prestas mucha atención a lo que observas.

Seguía sin poder entenderlo, pero fingi que si lo hice. Me apoyé sobre la ventana para poder ver lo que se encontraba en el forraje, observando muy detenidamente para encontrar los los pequeños detalles de los que Noah habla.

Estaba empezando a aburrirme al no poder encontrar pequeños detalles en lo que veía, hasta que…

—¿Ves lo triste que está esa vaca? —lo vi.

—¿Cómo lo sabes? —se tallo los ojos.

—Lo veo en sus ojos que reflejan tristeza al estar atado con una cuerda que le causa dolor.

—Y es así como puedes darte cuenta de muchas cosas —me vio fijamente—. Incluso, de las personas que tienen malas intenciones.

Estaba feliz de poder lograrlo. Fue así como llegamos a la granja, observando muy detenidamente para encontrar pequeños detalles. La granja era muy grande y con muchos animales. Iba feliz de la vida admirando todo lo que se encontraba en ella. Un pequeño lugar llamó mi atención, me acerqué muy cuidadosamente para ver que había en él, mala idea, admito. Un pequeño grupo de cabras empezó a perseguirme. Salí corriendo mientras gritaba. Noah que hablaba con un tipo llenito, con barba blanca y prendas de granja, giró a verme mientras reía, ¿qué resultaba gracioso? Estaba siendo perseguida por cabras, ¿qué no lo veía? De lo mucho que había corrido sin encontrar una escapatoria, las fuerzas se me iban cada vez más, tanto que, tropecé con una roca y caí sobre algo ni tan aguado, ni tan duro. Mi playera favotita se había embarrado de ¿excremento de vaca? No puede ser, con razón ese olor tan horrible. Juro por mi madre que tenía ganas de vomitar al notar que tenía en la boca. ¿Noah? Él seguía riéndose de lo que me había ocurrido, como si era algo tan simple.

—Descuida, es lo más simple que te ha ocurrido —estiró su mano para ayudarme.

—Ya lo creo —sonreí forzosa.

—Si te hace sentir mejor —tomó una pala—. También me pasó lo mismo el primer día, pero las vacas no estaban en tan buenas condiciones que digamos.

—De acuerdo —arrastré la última vocal—. Me iré a cambiar.

—No —me detuvo—. No hace falta.

¿Ahora que planea hacer? Lo único que quería en ese momento, era estar limpia. El tipo llenito se despidió de Noah. ¿Dejo la granja en buenas manos? ¿a qué se refiere con eso? Según tenía entendido, solo veníamos de paseo.

Noah estaba de regreso con una segunda pala.

—Espero estés lista.

—¿Lista? ¿para qué? —lo vi muy confundida.

—Para sacar todo ese excremento —señaló hacia donde se encontraban las vacas.

—¿Para qué? —grité—. ¿Acaso no veníamos de paseo?

—Claro —asintió—. ¿Para ti esto no es un paseo?

—No, no lo es —me crucé de brazos.

Después de pensarmelo por unos largos minutos, tomé la pala y me dirigí hacia donde se encontraba él. Espero que por lo menos, sea divertido, porque estar embarrada de excremento, no lo es.

No había notado mi presencia, así que decidí jugarle una broma. Caminé en silencio hacia él, con ayuda de mis dos manos, lo empujé haciendo que cayera sobre el excremento. Empecé a reír mientras que él se limpiaba el rostro. En algún momento, llegué a pensar que se iba a molestar, pero también empezó a reír.

—Oye —se quejó.

—Ahora estamos igual —dije entre risas—. No es como si nos fuera a ver la reina Isabel.

—Bien, tienes suerte de que estemos haciendo esto y de alguna manera iba a terminar sucio —se limpió—. De no haber sido así, hubieras estado huyendo por tu vida —agregó sarcasticamente.

—Exageras mucho —le di palmaditas sobre uno de sus hombros.

—No creo que exagere —se acercó—. Solo digo que deberi…

Noah aprovechó la corta distancia que había entre nosotros para tomarme del cuello con una de sus manos, causandome un poco de dolor. Sabía que no era él. Por una parte me ponía feliz que haya dejado de hacerse daño, y por otra, me molestaba que estuviera así. No digo que sea por la manera en la que me tomaba mientras me veía con mucha ira, sino que estuviera sufriendo, sé que si por el fuera, ahora estuvieramos felices, casi. Pero agradezco que me haya hecho caso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.