Sombras en Suiza

Capítulo 17

No podía encontrar mi par de jeans favoritos, los busqué por todas partes, pero no había señal. Cuando por fin me había dado por vencida, alguien llamó a la puerta de mi habitación. Me dirigí con mucha paciencia hacia ella, pero la persona que llamaba a ella, para nada la tenía. Un toque tras otro, sin parar.

—Ya voy —dije molesta.

En ningún momento dejó de tocar hasta que, por fin, abrí la puerta dejando ver a Noah con una maleta mientras sonreía.

—Se nos hace tarde —se cruzó de brazos.

—Aún es temprano —entré de nuevo—. No puedo irme sin mis jeans favoritos.

—No hay tiempo de seguir buscándolos, de verdad no tenemos tiempo.

—Lo dices como si fuéramos en el mismo vuelo —seguí buscando.

—Bueno, solo evito que llegues tarde y pierdas tu vuelo —se encogió de hombros.

Salió de mi habitación haciendo que la puerta se cerrara detrás de él. Creo que he usado esos pantalones por mucho tiempo, quizá sea momento de dejarlos ir. Tomé mi maleta y chaqueta; antes de salir, quise convencerme de que iba a tiempo. Salí corriendo al darme cuenta de que Noah tenía toda la razón, y yo no le hice caso.

Corriendo por todos lados, iba rezando para no perder el vuelo. Esta era mi única oportunidad del año para poder ver a mamá. Me esforcé para poder comprar el vuelo; no soportaría perderlo. Al llegar al aeropuerto, vi a Noah sentado mientras veía su reloj. Me acerqué para poder descansar un poco; estaba exhausta.

—Hola —me senté.

—Hasta que llegas —dijo aliviado—. Vamos, que el vuelo está por salir.

—¿Qué? Apenas acaba de llegar —traté de calmarme.

—Lo sé, tan solo me hubieras hecho caso.

Me levanté tomando fuerzas para caminar. No podía creer que hasta para viajar me pasaran estas cosas. Al estar en el avión, fui en busca de mi asiento para, por fin, descansar un rato. Me acomodé mientras pedía que nadie fuera cerca de mí para no moverme. Estuve unos minutos tranquila; un tipo empezó a moverme para que abriera los ojos.

—Deja que ponga mi bolsa en su lugar.

—¿Qué te pasa? Creo que te has equivocado de asiento.

—Mucho gusto, soy tu compañero de asiento —formó una línea con sus labios mientras alzaba ambas cejas.

—Noah, no es momento de bromear —me crucé de brazos.

—No estoy bromeando —mostró su boleta.

Realmente era mi compañero de asiento, pero ¿cómo? Pensé que solo bromeaba, y también aquella noche, pero es Noah Lockhart, el que siempre tiene la razón y cumple. Sin más rodeos, le di espacio para que pudiera pasar.

Volví a cerrar los ojos para descansar. Eso fue lo que pensé; el piloto dio un mensaje antes de despegar, eso hizo que abriera los ojos de nuevo. Poco después, Noah tomó mi mano, haciendo que se entrelazara junto a la de él. Giré a verlo sin decir nada.

—Ah —se acercó para que pudiera escucharlo—. Me siento más seguro así.

No quise responder; solo le dediqué una sonrisa y volví a cerrar los ojos. Esta vez, por fin, pude descansar. Para mi mala suerte, el vuelo duró poco tiempo; esto era increíble.

—Hemos llegado —Noah se soltó.

—Eso lo sé, no estoy sorda para no escuchar hablar al piloto —dije de mala gana.

—Anímate, ¿no te alegra ver a tu madre? —se levantó.

—Claro que sí, es solo que no he dormido lo suficiente últimamente —me tallé el rostro—. Quizá sea la razón por la que esté tan insoportable.

—No lo estás —me tomó de nuevo de la mano—. Es hora de irnos.

—Espera un momento…

¿Irnos? Yo voy con mi madre, y si no mal recuerdo, él está aquí por otras cosas.

—¿Qué sucede?

—¿A qué has venido? —lo vi confundida.

—Bien —se dio por vencido—. He mentido, en realidad he venido por ti. Lo del vuelo y el asiento no fue de casualidad. No sabes lo que me costó conseguir el mismo vuelo y, aún más, el asiento.

¿Qué ha venido por mí? No lo puedo creer. ¿Cómo pudo hacer tal cosa? Le ha de haber costado una fortuna el vuelo y asiento. Está realmente loco para hacer eso. Ya está aquí; no puedo enviarlo de regreso.

—Estás loco, ¿lo sabías?

—Por supuesto que sí —afirmó—. Tú haces que lo sea.

—Cállate y salgamos de este lugar.

—Claro —sonrió.

De inmediato nos dirigimos hacia mi casa. No se escuchaba nada; parece que mamá no se encontraba en casa. Entré para poder inspeccionar bien y, confirmado, no se encontraba nadie. Supuse que estaba con mi tía Antho, así que nos dirigimos hacia su casa.

Todos estaban almorzando; parece que celebraban algo, pero no podía adivinar qué. Me paré detrás de todos mientras apoyaba mis manos sobre mis caderas para poder hablar.

—¿Está delicioso?

Todos giraron a ver. Mamá, con lágrimas que caían sobre sus mejillas, se levantó y corrió hacia mí para tomarme entre sus brazos. Ella no paraba de agradecer por tenerme de vuelta, y yo no podía evitar llorar. Por supuesto que fui con las personas que me dieron esta oportunidad; les agradecí como debía.

Los pequeños monstruos fueron hacia mí para abrazarme de lo felices que se encontraban. Sí, también los extrañé; los tomé entre mis brazos mientras los llenaba de besos.

—Hijita —se limpió las lágrimas—. No sabes lo feliz que me pone verte después de mucho tiempo.

—A mí también, mamá —me levanté—. No sabes las ganas que tenía de verte, de verlos. Ya los echaba de menos.

—Él —giró a ver a Noah—. ¿Quién es?

—Ah —hice que Noah quedara cerca de mí—. Es un amigo.

—Mucho gusto —Noah tomó la mano de mamá—. Noah Lockhart.

—Mucho gusto —sonrió—. Es muy apuesto, pensé que eran pareja.

—No —él sonrió—. Estoy deseando con todo mi ser que eso se pueda dar.

Mamá hizo que pasáramos a la mesa para que también compartiéramos la alegría de la graduación de uno de mis pequeños monstruos. Después de compartir un poco con ellos, fui devuelta a casa para poder acomodar mis cosas. Noah, por supuesto, iba detrás de mí.

—Mierda —dije entrando a mi habitación.




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