Estábamos a punto de que Siana se perdiera de su presentación. Siana, mi niña de cinco años. Ella ama el ballet y hoy es su primera presentación que, si su padre no se apresura, ella perderá.
—Por favor hombre, que se tarda demasiado, tu hija está por perder su presentación.
—En unos minutos estoy. No desesperes, llegará a tiempo.
—Eso dijiste hace unos minutos atrás —fruncí los ojos.
Me senté en el sofá tratando de calmarme, los nervios me ganan, no puede culparme por eso. Después de unos minutos, por fin bajó listo.
—Preciosa, no te alteres —me dio un beso en la frente—. También me pone nervioso.
—Es momento de irnos —sonreí.
Tomamos las cosas y nos dirigimos al auto.
—Siento que se nos olvida algo —dije viendo hacia atrás.
—No creo —él giró también.
Después de tratar de adivinar qué era eso, él pegó un grito.
—LA NIÑA —arrastró la última vocal.
—Está en el baño —salí corriendo.
Fui por ella, la pobre está asustada de estar sola. En mi defensa, es por los nervios. Ahora sí, con la niña en el auto, por fin nos dirigimos a la presentación.
Ella brillaba y era la más feliz, pero nosotros lo éramos más al ver a nuestra pequeña en el escenario. Al terminar, la maestra quiso hablarnos.
—Buenas tardes. No es nada malo, solo quiero felicitarlos por la presentación de Siana. Es una alumna excepcional.
—Es nuestra luz —agregó él—. Gracias.
—Ella ama bailar, desde que estaba en mi barriga —reí.
—Eso es increíble —sonrió.
—La otra semana quiero que Siana vaya en representación de la academia por ser de las mejores bailarinas. Quisiera saber el nombre de los padres. Ella lleva tan solo una semana y es increíble la habilidad que tiene.
—Emma Astley —sonreí.
—Noah Lockhart.
Bonito y casi perfecto, ¿cierto? Eso era algo de lo que iba a suceder si Noah no hubiera terminado aceptando una siesta eterna, cortesía de un proyectil entusiasmado.