Sonrisas de ocasión

Capítulo 2. Mi Mujer Maravilla

Franco

—¡Te pedí una sola cosa, Franco! —escucho a mi hermana gritar desde la cocina.

Me hundo más en el sillón, esperando poder mimetizarme con él, pero resulta inútil, porque un cojín me golpea la cara en cuestión de segundos.

—¿Qué te pedí? —inquiere Miranda con las manos en la cintura y una mirada acusadora.

Miro de mi hermana a mi sobrino, que me sonríe desde la isla de la cocina, sosteniendo enorme galleta con chispas de chocolate.

—¡Teníamos un trato, eh, niño! —le digo. Mi hermana me golpea con el cojín en el hombro —. ¡Auch!

—¡¿Qué te pedí?!

—Si ya está todo solucionado.

—Me dijiste eso la semana pasada —recibo otro golpe.

—Bueno, esta vez es de verdad —detengo el cojín antes de que me golpee una vez más —, y si no te lo dije, es porque sabía que te molestarías y te estresarías por algo que ya está arreglado.

Antes de que pueda responderme, el timbre suena y ella se dirige a abrir la puerta. No sin antes mirarme con los ojos entornados y señalarme con el dedo. Cuando está fuera de mi vista, el cojín aterriza en mi cabeza una vez más.

Auch.

...

Todo sucede muy rápido y un viaje a la pastelería, muchos saludos y una rodilla raspada después, podría decir que la fiesta es un éxito.

—¿Lo ves? Al final todo se acomoda —le digo a Miranda y ella sólo rueda los ojos. Ambos observamos a los niños correr de un lado al otro en el enorme patio de su casa.

Antes de que pueda decirme algo, el timbre suena. La miro cerrar los ojos con fuerza, mentalizándose para el siguiente asalto, pero me apresuro a ofrecerme a abrir mientras me pongo de pie.

Al abrir la puerta, una bella mujer de cabello rizado y abundante me sonríe con nerviosismo. A su lado se encuentra una enorme maleta decorada con muchas estampas y de su hombro cuelga un bolso que estoy seguro que mi hermana envidiaría.

—¿Alicia? —digo, reconociéndola por su foto de perfil.

Ella asiente y la invito a pasar. No mediamos palabra durante el corto recorrido al patio. Una vez ahí, acomodo la mesa que mi hermana dejó preparada para ella. Al voltear a verla, la encuentro sacando dos bancos plegables, uno más pequeño que el otro de su enorme maleta.

—Tú sí que piensas en todo, ¿eh? —le digo acomodando los bancos también.

—Mujer prevenida vale por dos —responde sin voltear a verme. Por mi parte, me encojo de hombros y la observo sorprendido por la cantidad de cosas que veo salir de la misma maleta.

Al terminar, se aclara la garganta.

—Mi compañera llegará más tarde —dice atrapando su labio entre sus dientes.

Sacudo la cabeza y niego repetidamente.

—Por supuesto, lo mencionaste por mensaje —ambos asentimos y reímos incómodamente —. Bueno, Alicia, te dejo trabajar. Avísame si necesitas algo más.

En cuanto mi hermana anuncia su llegada, los niños se acercan apresuradamente a su mesa. Estoy seguro de que la siguiente hora es un borrón para ella, pero, al ver a su compañera, su semblante se relaja considerablemente al tiempo que deja ir un largo suspiro. Las miro hablar por un momento con mi hermana mientras entran a la casa. Unos minutos después, la Mujer Maravilla está lista para la acción.

Mientras observo a su compañera comenzar a reunir a los niños, me acerco a la hermosa artista que ha robado mi atención toda la tarde. Puedo ver su entrecejo arrugarse cada vez más, concentrada en su tarea. Cuando me encuentro a su lado, aclaro mi garganta.

—Apuesto a que tú te verías mucho más hermosa con el traje —ella abre mucho los ojos sin despegar la mirada de mi sobrino, que se remueve impaciente.

—¿Falta mucho? —dice él volteando a ver a la heroína.

—Ya casi termino, encanto —responde colocando un poco de brillantina en su mejilla. Y en efecto, al cabo de unos minutos, Mateo está sentado en un círculo alrededor de su compañera, junto con todos sus amigos.

Por su parte, ella aprovecha el primer momento de calma de la tarde y se dispone a poner en orden la pequeña mesa en la que se instaló. Antes de que la marea de niños regrese, supongo. Hora y media fue más que suficiente para convertirla en un caos.

—¿Quieres que te maquille o vas a seguir mirándome?

Me muerdo el labio sopesando mis opciones. Y tener toda su atención por los próximos quince minutos no suena mal. Me mira con la cabeza ladeada y sonríe, no suena nada mal.

—Sí, ¿por qué no? —Me siento en el pequeño banco en el que hace unos momentos se encontraba mi sobrino.

Ella me pasa una carpeta con fotografías. Y aunque mi idea inicial era simplemente señalar uno al azar, me descubro mirando sus diseños con atención.

Decenas de imágenes con personajes, estrellas, animales, flores y brillos inundan sus páginas en diseños sencillos e intrincados también. Algunas de las personas retratadas, son adultos con diseños igual de coloridos, aunque algunos más sobrios y elegantes.

—¿Todos son tuyos?

Asiente tomando asiento frente a mí.

Miro de la carpeta a ella un par de veces, boquiabierto.

—Son increíbles —digo, con un tono más incrédulo de lo que me gustaría.

—¿Gracias? —me responde divertida.

—No me malentiendas —me apresuro a continuar —. Es que, wow, además de hermosa eres talentosa.

—Bueno, no soy sólo una cara bonita —dice con fingido enfado y se ríe —, ¿qué te voy a hacer?

Antes de que pueda responder, una niña que no reconozco toca su hombro con su pequeño índice.

—Dime, nena —Alicia le sonríe.

—¿Está ocupada? —dice en un susurro.

Cuando niega con la cabeza, la niña le pide un maquillaje de tigre en la menor cantidad de palabras posible. Y veo cómo mi heroína le muestra su catálogo y le ayuda a la niña a elegir su diseño. Para cuando se decide, se convierte en una niña sonriente y parlanchina.

Alicia me da una mirada entre divertida y contrariada.

—Ya será en otra ocasión —le aseguro y me pongo de pie.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.