Sonrisas de ocasión

Capítulo 4. Cría cuervos

Franco

—¿Y no la has llamado? —pregunta el Cuervo. Todavía agachado, voltea a verme.

—No —respondo lo obvio.

Se endereza despacio, aún sosteniendo el cable que estaba por enchufar. Y su entrecejo se hunde cada vez más.

—¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Una semana?

—Supongo —me encojo de hombros —. No es que lleve la cuenta.

—Oh, estoy muy seguro de que llevas la cuenta, Franco.

Le arrebato el cable y una vez lo enchufo, el foco de tungsteno se enciende con un chasquido suave.

—Me tomó por sorpresa, ¿de acuerdo? —digo mirando el fondo bañado de un amarillo tibio que antes no estaba ahí.

—¿Qué cosa?

—Todo.

—Todo es fácilmente nada.

—Su hija —aclaro —. Tiene una hija.

—Sí, Franco —rueda los ojos juguetón —. Ya establecimos que tiene una hija —lo miro fijamente.

—Sólo digo que has dejado bastante claro que tu heroína tiene una hija —levanta las manos en señal de rendición.

Aprieto la mandíbula y ajusto el ángulo de la luz, aunque termino por devolverla a la misma posición.

—No es algo que puedes simplemente dejar pasar —digo finalmente.

—¿Quién no lo puede dejar pasar? ¿Ella? —me pregunta y me encojo de hombros.

—No lo sé.

—¿O tú? —continua el Cuervo, pero esta vez no respondo.

Él suspira y se dirige a la siguiente luz.

—¿Ella te pidió algo? —pregunta, desplegándola. Yo niego con la cabeza —. ¿Te insinuó algo? —niego una vez más —. ¿Te habló del papá?

—No.

—¿Entonces? —me mira.

—¿Entonces qué? —respondo exasperado.

—Lo único que he escuchado y que me has dicho toda la semana —dice, girándose hacia mí —, es que conociste a una mujer que te gustó y que, además, tiene una hija.

Hombre, si lo dices así…

Muevo mi cabeza de un lado a otro, haciendo tronar mi cuello.

—No es tan simple.

—Tampoco creo que sea tan complicado —me responde.

Coloca más peso para equilibrar el foco y me da el tiro de gracia:

—Además, si no te interesara, no estaríamos hablando de ella —hace una pausa antes de remarcar —: otra vez.

—Tú eres el que no suelta el tema.

El Cuervo deja salir una risa muy parecida a un resoplido y se incorpora.

—Claro, Franco.

...

La verdulería está llena, pero no lo suficiente como para llamarla un caos. Personas avanzan por los pasillos con sus canastillas y una par de niños corretean de un lado a otro resurtiendo anaqueles. El Cuervo revisa la lista una vez más mientras elijo pimientos de distintos colores.

—Ve a formarte mientras pregunto si aún tienen pimientos, ¿sí? —me indica mi amigo.

Asiento, tomando nuestra canastilla y deteniéndome detrás de una señora muy pequeña y de pelo cano. Ella me sonríe con cortesía, recorriendo su canastilla para hacerme espacio. Miro alrededor buscando a mi amigo, a quien encuentro charlando animadamente con uno de los niños que llevan los huacales con frutas y verduras de un lado a otro.

—¿Aquí va la fila? —pregunta alguien detrás de mí. Al voltear, encuentro un rostro hermoso, enmarcado por los rizos que han ocupado mi mente la última semana.

—Sí, justo aquí —afirmo saliendo de mi sorpresa.

—Hola, Franco —me da una pequeña sonrisa, dejando su canastilla en el suelo. Y es inevitable no devolverle la sonrisa.

Ella repasa su lista revisando los artículos que lleva. De nuevo, me encuentro inmerso en su expresión concentrada.

Cuando termina, nos quedamos de pie, uno al lado del otro, en una espera silenciosa. Miro alrededor, sin encontrar al Cuervo.

—¿Compras verdura seguido? —pregunto haciéndome el tonto.

Eso la hace reír y sonreírme aún más ampliamente.

—Para nada, soy más de cereal y chocolates —dice echando un ojo a la bolsa que cuelga de mi hombro.

Le doy una mirada de ojos entrecerrados.

Antes de que pueda responder, ella recibe un empujón que la hace perder el equilibrio. Me apresuro a sostenerla y, por inercia, ella se sujeta de mi antebrazo.

—Con cuidado, amigo —digo por encima de su hombro.

Cuando regreso la mirada a ella, tiene sus ojos fijos en mí.

—¡Siguiente! —grita el cajero a mi espalda.

—Ya nos veremos en otra ocasión —digo, sin mirarlo.

—Sí —responde —, en otra.

Pero no nos movemos.

Nota:

¿Cómo lxs trata el 2026? Yo sigo escribiendo 2025 por error, pero ahí vamos. Por lo pronto, les dejo un nuevo capítulo. Irán bien como Franco solito se saca los ojos, pero ténganle paciencia al muchacho.

—C




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.