Sospechosamente Culpable

Carta 1- Enrique

Querido Enrique:

Han pasado ya casi cinco años desde que te conocí.

Durante mucho tiempo te odié más de lo que puedes imaginar, pero poco a poco entendí que ese odio solo me estaba destruyendo a mí y que, probablemente, tú ni siquiera piensas en mí.

Yo solo era una chica inocente que no sabía nada acerca del amor ni del sexo. Solo era alguien que creyó enamorarse y que lo hizo con todo el corazón. No tuve reservas contigo. Te di hasta lo que no tenía; te di el amor que ni siquiera sabía darme a mí misma.

Mientras para mí tú eras aquella dulce ilusión, aquella primera vez, mi primer beso y mi primer amor, yo solo era para ti una más. Una más que podías usar a tu gusto y conveniencia.

Se suponía que eras mayor que yo. Se suponía que nunca me harías daño, que nunca me abandonarías.

¿Lo recuerdas?

Te amé con inocencia. Con esa inocencia con la que jamás volveré a amar a nadie.

Noche tras noche fui dándome cuenta de que ya no me tratabas como antes. Tus largas conversaciones, tus palabras románticas y aquella versión dulce de ti comenzaron a desaparecer poco a poco.

Fue entonces cuando entendí que ya no me querías.

Y no pasó mucho tiempo antes de descubrir que tu corazón ya pertenecía a alguien más.

Todavía recuerdo aquella fotografía.

Tú abrazándola.

Tú sonriéndole.

Tú amándola.

Y yo mirando la pantalla mientras todo dentro de mí se derrumbaba.

Me engañaste con ella, al mismo tiempo que la engañaste a ella conmigo.

¿Qué clase de persona hace algo así?

Durante mucho tiempo no pude dejar de hacerme la misma pregunta:

¿Por qué con ella sí y conmigo no?

Miles de respuestas pasaron por mi cabeza, pero ninguna logró satisfacer a mi necio corazón.

Te convertiste en una herida que parecía no cerrar nunca.

El dolor y el llanto hicieron de mí su nuevo hogar.

Me aferraba a cada recuerdo que tenía de ti como un niño que se niega a soltar su juguete favorito. Revivía una y otra vez los momentos felices que compartimos, sin darme cuenta de que cada recuerdo era también un cuchillo clavándose directamente en mi corazón.

Tú rompiste cosas en mí que creí imposibles de romper.

Me hiciste tocar el cielo con las manos y el infierno con los pies.

Me enseñaste que el amor también puede convertirse en una forma de destrucción.

Pero el tiempo siguió avanzando.

Y poco a poco, aquellos recuerdos comenzaron a desvanecerse en el tan preciado olvido.

Algunas heridas dejaron de sangrar.

Y algunas preguntas finalmente dejaron de importar.

Hoy acepto decir adiós.

Acepto que no eras para mí.

Acepto que el amor que sentí fue real, aunque la persona que amé no fuera quien yo imaginaba.

Acepto que ya no puedo seguir mirando el ayer mientras dejo escapar el hoy.

Necesito volver a mis sueños.

Necesito volver a mí.

Porque hubo una época en la que te convertiste en el centro de mi universo, y mientras giraba alrededor de ti me fui perdiendo poco a poco.

Hoy entiendo que no necesito respuestas.

No necesito explicaciones.

No necesito que regreses.

Solo necesito seguir caminando.

Y aunque una parte de mí siempre recordará a aquella chica que te amó con todo lo que tenía, también sé que ya es momento de dejarla descansar.

Adiós, Enrique.

Y gracias.

Porque después de sobrevivirte, aprendí que incluso un corazón roto puede volver a latir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.