Cuando llegué a casa, estaba más que entusiasmado. Estuve hasta las tres de la mañana rebuscando entre mis cosas aquellos recuerdos entre Samanta y yo. Necesitaba centrar mis esfuerzos e idear un plan de conquista. Sabía que sonaba como un demente, pero si ella iba a estar solo un año con nosotros, no podía darme el lujo de improvisar. Aún no me quedaba claro lo de su novio, pero si tenía que jugar sucio, lo haría. Ella había sido mi amiga antes. Yo la había amado antes que él. Y mi amor seguía intacto a pesar del tiempo. No importaba lo que tuviera que hacer: Samanta iba a ser de nuevo mi mejor amiga y mi novia.
—Damián, el desayuno está listo— Anunció mi madre detrás de la puerta— Tengo que ir a la oficina hasta el medio día por favor no me des problemas—
Salté de la cama con rapidez, y abrí la puerta, encontrándome con su mirada divertida.
—¿Por qué vas a la oficina un domingo? — Pregunté con el ceño fruncido—
—Porque mañana tengo una conferencia muy importante y debo adelantar varias cosas—
Sonreí atrayéndola en un abrazo.
—Está bien. Nos vemos más tarde—
Se despidió con un beso y aproveché que tenía toda la casa para mí solo para vagar en calzoncillos. Aunque mi madre siempre preparaba un buen desayuno, puse la música a todo volumen y comencé a hacer mi comida preferida. Mi familia no era muy adinerada, pero gracias a la ayuda de la abuela teníamos esa casa, y el trabajo de mi padre les proporcionaba a sus empleados más destacados un bono que él había sabido aprovechar muy bien. Anteriormente, tener tocino, salami y camarones en la nevera era un lujo; sin embargo, las cosas habían ido mejorando para nosotros.
En cuanto pudiese, comenzaría a trabajar también para ayudarlos con los gastos. Aunque mis padres querían que dedicara todo mi tiempo a los estudios, sabía que podía hacer ambas cosas. Con la beca universitaria, los entrenamientos y un trabajo de medio tiempo, las cosas serían mucho mejores. Si ganábamos el partido final de la liga, podría redimir mis errores pasados y obtener un buen puntaje de fichaje con algún equipo profesional.
Después de limpiar el desastre que hice en la cocina y organizar algunos compromisos para el lunes, decidí ir a la casa de James. Necesitaba terminar de definir mi plan para acercarme a Samanta sin que su tía lo notara. Ella había mencionado algo con respecto a no querer regresar con su padre, y temía que algo grave hubiera pasado entre los dos. Su relación nunca había sido muy buena; de hecho, cuando sus padres se separaron, Samanta estuvo encerrada en su habitación por una semana. Cuando me enteré de que su padre la había golpeado, casi salí corriendo a golpearlo a él. Ese día la abracé en el parque hasta que se quedó dormida entre mis brazos. Verla llorar me rompió el corazón y, desde ese día, tenía cierta aprehensión hacia él.
—¿Trajiste algo de comer? Me muero de hambre, y en esta casa desaparece todo el mundo los domingos. ¿Puedes creer que mi mamá se largó y no me preparó nada de comer? — Dijo James con mala cara en cuanto llegué a su casa—
—Son las tres de la tarde, James. Prepara algo tú—
—¡No puedo cocinar nada! — Exclamó indignado— Las mamás deberían preparar comida para sus hijos—
Sacudí la cabeza con una sonrisa y me dirigí a la sala de estar. La casa de James era muy parecida a la mía. Cómoda, minimalista y para nada extravagante.
— Te noto muy tranquilo y relajado, Damián. Ayer desapareciste sin decir nada. ¿Cómo te fue con Samanta? Ben estuvo enviándote mensajes sin parar—
—Estoy ignorando sus mensajes. No quiero hablar con él. Sé que va a hacerme un interrogatorio sobre anoche, y no quiero arruinar mi felicidad. Solo quiero disfrutar el día de hoy, sin pensar en nada más—
James, levantó ambas cejas con una mirada traviesa y no pude evitar soltar una carcajada.
—Necesito detalles, amigo—
Exhalé profundo, riendo completamente feliz.
—Joder, James. No te imaginas lo que sentí ayer. Ella se veía igual de hermosa que siempre. Al principio ambos estábamos muy tensos, y puede que haya dicho algunas cosas realmente serias, pero…—
—Oh, mierda, dime por favor que no lo hiciste. ¡¿Le pediste que fuera tu novia?!— Preguntó a gritos interrumpiéndome—
—¡Por supuesto que no! ¿me crees idiota? Solo hablamos un poco. Y de cómo me sentí cuando se fue—
Me miró con una mueca en sus labios, mientras se deja caer sobre el sofá.
—No debiste decirle cuanto te afectó que se fuera. Las chicas utilizan ese tipo de información para manipularnos. Mira Cintia, en cuanto supo que me gusta se la pasa huyendo de mí, o quiere que me gane su amor, y esa mierda— Dijo soltando un resoplido— Quiere que actúe como un pelele todo enamorado por ella.
—¡No puedes comparar mi situación con la tuya! — Exclamé ofendido— Cintia no quiere aceptar ser tu novia porque sabe que eres un perro mujeriego. Mi caso con Samanta es distinto. A ella la perdí por cosas del destino, y no he tenido la oportunidad de amarla como realmente quiero. A excepción de Estefany no estuve con nadie más—
—¡Amigo, estuviste con Estefany por tres meses! No te hagas el santo. Ayer en la fiesta escuché un par de chicas hablando. Todas quieren una noche contigo y es gracias a Estefany—
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Editado: 01.05.2026