Soy Damián

Capítulo 16

Todavía te amo…Espérame…Todavía te amo…Es...pe...ra...me…

Corrí al baño lo más rápido que pude. Me desplomé sobre el retrete y vacié el contenido de mi estómago. El sonido de las arcadas resonaba en el frío silencio. Intenté respirar pausadamente mientras las entrañas se me retorcían; era un dolor que iba más allá de la resaca. Lo que sentía en el pecho era mucho peor. Me incorporé con manos temblorosas y me lavé el rostro. El agua helada me devolvió algo de lucidez.

En dos días llego a la ciudad…

El eco de esas palabras estaba causando un gran y jodido desastre en mi mente.

—¿Damián? —

Me tensé ante el tono inseguro de su voz. Era increíble cómo una sola palabra, pronunciada con esa fragilidad, podía desarmarme. Siempre fue así. Desde niños, su voz era lo único que equilibraba mis miedos con la tranquilidad que tanto me costaba encontrar. Pero hoy no se sentía así.

—Necesito estar solo, Samanta— Murmuré manteniendo la mirada fija en algún punto entre el espejo y mi expresión lamentable.

—¿Estás bien? ¿Quieres un vaso con agua? Mi tía tiene algunos analgésicos que pueden ayudar con la resaca—

Giré lentamente y allí estaba ella. Apoyada contra el marco de la puerta, con mi camiseta puesta, viéndose tan adorable y sexy como en mis malditos sueños. Mi cuerpo reaccionó de inmediato y toda la sangre caliente viajó hacia mi entrepierna. Pensar que anoche la tuve entre mis brazos me hacía querer repetir lo que sea que hubiese sucedido entre los dos; sin embargo, el recuerdo de ese mensaje en su teléfono me devolvió a la realidad. Me pasé la mano por la cara soltando un suspiro mientras el dolor de cabeza amenazaba con partirme el cráneo.

—¿Como llegué aquí, Samanta? — Pregunté de golpe—Discúlpame, pero lo último que recuerdo es estar en casa de Brian—

Se removió inquieta, apretando el borde de mi camiseta.

—Me… llamaste. Estabas muy mal y te pedí que vinieras. Ben te trajo, y me ayudó a meterte en la casa—

—Jodido cristo— Murmuré sintiéndome peor—¿Por qué aceptaste verme en esas condiciones? ¡No recuerdo una mierda de lo que pasó! —

—No te sientas mal, por favor. Solo íbamos hablar, y bueno… las cosas se salieron un poco de control—

La miré con incredulidad.

—Tuvimos sexo anoche y no recuerdo nada, Samanta— Espeté—¿Cómo crees que me siento ahora? ¿De verdad piensas que fue solo un “se salió de control”? —

—No te estoy reclamando nada, Damián. Yo también lo quería. Aunque estabas borracho, fuiste muy especial conmigo—

—¡¿Especial?! — Repetí completamente estupefacto— ¡Estaba borracho! No recuerdo en qué momento te besé. No recuerdo en qué momento te acaricié. ¡Ni siquiera recuerdo haberme puesto el maldito condón! ¡¿Qué tiene de especial eso, samanta?!—

—Damián. Por favor, no grites— pidió desesperada— Mi tía está abajo. Ven afuera y hablemos calmadamente, por favor—

Resoplé molesto, y salí del baño hecho una furia. Ella parecía muy cómoda con lo ocurrido y dolía jodidamente demasiado darme cuenta que lo que para mí era algo especial e importante, para ella fue simplemente un descuido.

Caminé por toda la habitación recogiendo mi ropa con movimientos erráticos. El desorden que había alrededor era la prueba de que hicimos algo más que solo retozar en la cama.

—Damián, cálmate. Las cosas no son como te las imaginas. Siéntate un momento y hablemos. Te conozco y sé que piensas que no debí permitirlo, pero…—

Me detuve en seco, y la fulminé con la mirada.

—No debiste permitirlo— Gruñí—Para mí era algo importante, Samanta. No se trata de aliviar la tensión, o quitarme las ganas. Yo quería que las cosas entre los dos fueran diferentes a esto. ¡No recuerdo una mierda!

—¿Estás culpándome? — Preguntó con una sonrisa amarga—¡fuiste tú quien quiso que esto pasara.! Viniste aquí implorando que fuera honesta contigo. Querías saber sobre mi vida, de mi familia, de mis planes. Te dije que te amaba muchas veces. Después lloraste en mis brazos por todo el tiempo que me esperaste, y volví a pedirte perdón por mis errores. Nos pasamos todo el rato hablando de lo que pudo ser si yo no me hubiese ido con mi papá. Luego, te di un analgésico y te acosté en la cama. En algún punto de la noche, comenzaste acariciarme y yo…— Guardó silencio por unos minutos y me miró con lágrimas en los ojos—No pude detenerte, Damián. No quise. Después de ver el dolor en tus ojos. Escuchar todas aquellas cosas que siempre quise escuchar, fue como volver a mi hogar—

Aspiré una bocanada de aire sintiéndome perdido. Su vulnerabilidad me desarmó por completo; yo era una marioneta en sus manos. Ella podía hacer conmigo lo que quisiera y no me opondría. Es la chica que he amado siempre, y sin importar cuánto dolor me cause, siempre termino gravitando a su alrededor.

—Está jodiendo mi cabeza no recordarlo— Admití en voz baja— Si de verdad dije todas esas cosas anoche, puedes hacerte una idea de cuanto anhelaba tenerte. Pasé años imaginando como sería hacerte el amor, o tener sexo alocado después de un partido. Quería que nuestra primera vez fuese especial. Sé que suena ridículo, e incluso puedo parecer un estúpido, pero así de importante eres para mí—

Sonrió con timidez, y acortó la distancia entre los dos. Sostuvo mi rostro entre sus manos, y susurró a escasos centímetros de mis labios.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.