No llegué a las duchas. No pude. Me detuve a mitad de camino y me di la vuelta sintiendo que debía volver con Samanta. No debí dejarla sola en mitad del estacionamiento, pero el peso de angustia en mi pecho fue en aumento al escucharla. Aunque no fue honesta conmigo desde un principio, creo que este problema con sus padres la estaba afectando más de la cuenta. Era mi obligación entender porque hizo lo que hizo; sin embargo, era muy difícil aceptar que ella confiaba más en aquel tipo que en mí.
Regresé al estacionamiento casi corriendo, con el corazón martilleando contra mis costillas, pero cuando llegué, el lugar ya estaba vacío. Solo quedaba un silencio absoluto que me hizo sentir el doble de miserable. Se había ido. Y yo la había dejado ir con un insulto en la boca.
—¡Mierda! —grité a todo pulmón.
Resoplé molesto y volví adentro mientras pensaba en una idea para disculparme. Cuando entré en los vestuarios, los chicos se me acercaron, arrastrándome a un lado fuera de las miradas confusas del resto del equipo.
—¿Y la rubia? —preguntó Brian expectante— Te digo algo, lo que hiciste allá con el entrenador… amigo, sí que tienes las bolas grandes.
Sacudí la cabeza con fastidio.
—No estoy de humor, Brian. Tengo que ir por Samanta. Eso me da por lo menos una hora para bañarme y cambiarme.
—¿Cómo así? ¿Saliste corriendo hace un rato por ella y ahora vas tras ella de nuevo? No entiendo —intervino Ben—
—Se fue. Discutimos y me comporté como un idiota.
—Es que lo eres —agregó James en tono agrio— Damián, entiendo tu amor por esa chica, pero no puedes arriesgar tu puesto de capitán por ella. Al menos no hasta que ganemos la final y tú obtengas un fichaje por eso.
—Completamente de acuerdo con James. Si cometes otra estupidez como la de hace un rato, te retiro mi amistad —espetó Brian— Me largo, necesito ver otras caras que no sean las de ustedes. Ben, ¿me acompañas o te quedas aquí escuchando a la nena llorar?
—Joder, no. Me voy contigo. Nos vemos mañana, chicos.
Ambos desaparecieron detrás de las duchas, y James y yo nos quedamos de pie pensativos. Yo no tenía nada que decir, pero al parecer James sí.
— Resuelve lo que sea que te tiene tan distraído, Damián. De verdad te necesitamos con los cinco sentidos puestos en el partido del sábado. Es importante para todos.
— No te preocupes. Ya lo eché a perder antes. No va volver a ocurrir. Se lo prometí al equipo.
James suspiró y se fue, dejándome solo con mis pensamientos. Saqué mi teléfono y le envié un mensaje a Samanta. Necesitaba verla y decirle que yo la apoyaría incondicionalmente, pero el mensaje ni siquiera marcó el doble check. Estaba apagado.
Al llegar a casa, me sorprendió ver a mi mamá sentada en silencio en el sofá con una expresión ausente. Mi padre salió de la cocina con un vaso de agua y un par de analgésicos en la mano. Sus ojos inspeccionaron mi cuerpo como si estuviera buscando rastros de un crimen, o quizás, como si no reconociera al hijo que tenía delante.
— Damián. Ven aquí— Dijo mi mamá en tono molesto—
Todavía con la mochila al hombro, caminé hasta ubicarme en el centro de la sala.
—¿Qué sucede? ¿Estás enferma? — Pregunté viendo cómo se tomaba las pastillas que trajo mi papá—
—Si. Muy enferma. Y preocupada también— Respondió en voz alta— Damián. ¿Qué pasó el sábado? La señora Sterling se acaba de ir. Nos contó que te metiste en su casa en la madrugada. Me dijiste que dormiste en la casa de tu amigo … así que…—
— Esa señora está muy ofendida. Quiere poner un denuncio en tu contra, hijo—agregó mi papá haciendo una mueca—
Inspiré hondo, y maldice internamente. No esperaba que esa señora viniera hablar con mis padres. Esto definitivamente era algo malo. Mi mamá no era la clase de mujer que dejaba pasar las cosas sin importancia.
— Habla, Damián. No te quedes allí en silencio. Lo que sea que hiciste, lo entenderé—
—No hice nada, mamá— Dije a la defensiva, aunque sentía que el rostro me ardía— por favor no prestes atención a las locuras de esa señora. No pasó nada. No me metí a su casa a robar ni nada por el estilo. Estuve con los chicos todo el tiempo—
—No lo sé, Damián. Últimamente no sé nada de ti. Te la pasas distraído, llegas a deshoras a la casa, y no te reportas como antes.
—¿Quizás porque estoy creciendo? En serio, ¿ustedes no se dan cuenta que ya no soy un niño? Quieren vigilar cada uno de mis pasos y eso me asfixia, mamá. No estoy haciendo nada malo. Confórmate con saber eso—
Mi padre dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco, e inmediatamente supe que había metido la pata.
— Creo haber sido muy claro con respecto a las normas de esta casa, pero parece que olvidaste tus responsabilidades— Dijo con voz gélida—
Asentí, conteniendo las ganas que tenía de gritar de frustración.
— Lo entiendo, pero les pido un favor a ambos. Si esa señora tiene algún problema conmigo, entonces yo lo resuelvo. Agradezco que quieran intervenir, pero ya estoy lo suficientemente grande para ocuparme de mí mismo. Prometo que no voy a darles problemas, solo quiero que me permitan arreglar esto—
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Editado: 05.02.2026