Soy Damián

Capítulo 23

— ¡Oye! ¡Apártate de mi hermana! —

Mi cuerpo se tambaleó hacia atrás con fuerza mientras un tipo alto y musculoso arremetía contra mí.

— ¡Kirt! ¡No lo golpees! — Dijo Mariam interponiéndose entre nosotros—

La aparté con delicadeza haciéndole frente a su hermano. Aun con la poca iluminación a nuestro alrededor, pude notar su cara enrojecida por la rabia. Estaba dispuesto a disculparme, pero antes de pronunciar una palabra, Ben apareció junto a mí con los puños cerrados y la mandíbula tensa.

— Benjamín. No vamos a pelear— Murmuré entre dientes en su oído, tomándolo por el brazo —

— ¿Quién diablos eres tú de todas maneras? — Preguntó el tal Kirt, lanzándome una mirada de desprecio— ¿No te conozco y vienes a mi fiesta y besas a mi hermana en mis propias narices? ¡Ella no es una puta!

— ¡Hey! baja el tono de voz… amigo— Gruñó Ben, intentando soltarse de mi agarre—

— No. Hombre. Lo siento. Es mi culpa— intervine, mirándolo directamente— Asumo toda la responsabilidad. No quise faltarle a tu hermana. Estábamos pasando un rato agradable…no sé qué me pasó. Por favor, discúlpame.

— ¡Tú, pedazo de idiota! ¡Insistes en arruinarme la vida! — Le gritó Mariam a su hermano, empujándolo por el pecho— ¡Damián no hizo nada malo! ¡Estábamos divirtiéndonos!

— ¡Yo vi cuando te besó! ¡No quiero que andes besándote con nadie aquí!

— ¡Cállate, Kirt! ¿Eres el primero que se besuquea con todas y vienes a darme lecciones moralidad? ¡Vete al infierno!

Mariam salió corriendo, abriéndose paso entre el grupo de curiosos que ya estaban amontonados observando el espectáculo. Exhalé un suspiro pesado, sintiendo cómo la adrenalina empezaba a transformarse en cansancio.

—Me importa una mierda lo que pasó, pero si te metes con mi hermana y la haces sufrir. Voy a ir por ti. Y no será bonito— Espetó él, señalándome—

— ¿Qué tal si dejamos las amenazas? Mi amigo ya se disculpó— Masculló Ben— De todas maneras, ya nos íbamos. Esta fiesta apesta.

— Benjamín. Vámonos— dije, jalándolo por el brazo.

Salimos de la casa ignorando algunas miradas curiosas y nos dirigimos a la acera donde estaba estacionado el auto. Todo fue cayendo en su lugar mientras el silencio hacía lo suyo. Intenté respirar hondo, buscando una manera de llenar mis pulmones, pero el aire se sentía pesado. Todo era tan confuso y había pasado tan rápido, que una parte de mi cerebro todavía intentaba convencerse de que era solo una alucinación.

—¿Puedo saber el motivo por el cual casi terminamos con la nariz rota? —soltó Ben, rompiendo el silencio— ¿En serio besaste a esa chica? No parece para nada tu tipo.

Resoplé, disgustado conmigo mismo.

—Sí, la besé, pero…

—Damián. Sé que hace mucho que no estás con nadie, pero no puedes ser tan estúpido. El hermano casi te agarra a golpes y tú simplemente vas y te disculpas. ¿Olvidaste cómo ligar o algo así? Me preocupas…

—No seas imbécil. Me disculpé porque fui yo quien la besó de forma impulsiva. Aunque ella no se opuso, no debí faltarle al respeto. Además, ¿yo qué mierda iba a saber que su hermano estaba allí mirando?

Ben se detuvo en seco, mirándome como si me hubiese salido una segunda cabeza.

—Espera un momento… acabo de caer en cuenta de que besaste a una chica. Hoy. Delante de un montón de extraños. La besaste y fuiste tú quien tomó la iniciativa... vaya. Tengo que conocerla; acaba de romper tu racha de abstinencia. Esto sí es una novedad —añadió, asintiendo con cara de idiota.

Puse los ojos en blanco con fastidio y retomé el paso, pero él me alcanzó de inmediato.

—De verdad te felicito, Damián.

—Benjamín, no digas bobadas. No es lo que crees.

—Amigo, llevas dos años en un desierto total. ¿Cómo puede no ser lo que creo? ¡Tenemos que celebrarlo!

—Te repito: no es lo que crees. Si besé a esa chica fue porque... —Me detuve. Las palabras atascándose en mi garganta al ver mi realidad a pocos metros de nosotros.

Ben, frunció el ceño, extrañado por mi silencio repentino y siguió el rumbo de mi mirada.

— Santo. Jodido. Cristo. Jesús— susurró perplejo al notal la presencia de Samanta y abril al otro lado de la acera—

Se tomó la cabeza con ambas manos, e intercambió la mirada entre ellas y yo, con la boca abierta. Parecía estar procesando la escena, quizás no con la misma intensidad que yo cuando la vi allá dentro, pero definitivamente estaba muy sorprendido.

— Ahí tienes la respuesta. Samanta estaba viéndonos cuando besé a esa chica— Admití con dificultad, haciendo un gran esfuerzo para tragar el enorme bulto en mi garganta a punto de asfixiarme.

Ben, soltó un par de maldiciones en voz baja y comenzó a caminar de un lado a otro. Lo ignoré, y puse mis ojos en ella. Allí estaba. De pie, viéndose tan perfecta como la recordaba. Odiaba que se viera tan hermosa en un momento como este. Lucía un vestido negro que resaltaba cada curva de su cuerpo. Su cabello rubio caía sobre sus hombros brillando entre la luz de la calle. Y esos zapatos de tacón, la hacían ver más segura…y más desafiante.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.