Soy Damián

Capítulo 26

Una de las cosas que más me gustaba de asistir a las competencias clandestinas de motocicletas era la adrenalina que se respiraba, no solo dentro de la pista, sino también en el ambiente cuando todo el mundo se juntaba a esperar al ganador. Me recordaba mis mejores momentos en la cancha cuando estaba en la escuela. Después del accidente, no pude retomar el ritmo con el equipo por lo que me perdí varios partidos importantes. Ver a mis compañeros intentar darlo todo mientras yo esperaba en la banca había sido una de las cosas más difíciles que tuve que enfrentar. Y lo peor de todo fue que, enfrenté las consecuencias de mis decisiones sin el apoyo de la única chica por la que había arriesgado todo.

Llegamos a la pista, y el rugido de las motos sirvió para olvidar un poco mis problemas con Samanta. Entre el olor a neumático quemado y las cervezas que corrían de mano en mano, no había espacio para pensar en nada más. Ben se veía extremadamente feliz, y yo, me concentré en disfrutar del ambiente.

Me quité el casco y sacudí un poco el cabello. Ben me lanzó una mirada de complicidad mientras se ajustaba los guantes.

— Necesito competir ya, hombre. ¡Estoy seguro que vamos a ganar! — exclamó él sonriente—

— Lo que digas, Marc Márquez— contesté burlonamente mencionado el nombre de su competidor estrella favorito— Solo necesitas mantener la mente en la pista. No quiero riesgos, Ben. Es una moto, no un auto de carreras. Si te caes, adiós equipo de baloncesto.

— Si, lo que sea. ¡Estoy listo para brillar! — Gritó entusiasmado mientras los demás chicos gritaban también, siguiéndole la corriente.

Sacudí la cabeza con una sonrisa, disfrutando verlo tan animado. Me apoyé en el asiento mientras Ben empezaba alardear con un grupo de chicas sobre las especificaciones del motor. Esperé pacientemente a que terminara de coquetear, y al cabo de algunos minutos se acercó de nuevo a mí, soltando un suspiro dramático.

—Definitivamente soy el puto rey, Damián.

— Seguro, rey. ¿Ya puedo hacer mi apuesta? No traje suficiente dinero, así que no me falles

— Amigo, esta noche celebramos a lo grande. Hey, quiero que estes pendiente de abril. Si la vez, no la dejes ir. Necesito hablar con ella.

— ¿En serio la invitaste? Es una mala idea, hombre. Ella está con Ray ahora.

— ¿Y qué? No estoy haciendo nada malo. Solo quiero hablar— respondió encogiéndose de hombros— Además, ella me pidió que la invitara.

—Bueno, genio. La invitaste sabiendo que ella se la pasa con Samanta. Lo más probable es que vengan juntas. ¿Acaso pensaste en mí siquiera por un minuto?

—Mierda. Olvidé a la rubia— respondió haciendo una mueca— Lo siento, amigo. Te prometo que voy a compensar el sacrificio de hoy. Por lo pronto, no arruines mi estado de ánimo. Necesito una cerveza para entrar a tono. Vamos a beber un rato.

Durante la siguiente hora, nos dejamos llevar por el ritmo del lugar. Bebimos, coqueteamos con algunas chicas que se acercaron a preguntar por las motos y nos reímos hasta que nos dolió el estómago. El ambiente, la gente, el clima... todo se sentía perfecto.

El primer par de corredores se alineó en la pista, haciendo rugir sus motores y levantando una nube de humo blanco que olía a pura adrenalina. Nosotros nos quedamos a un lado, apoyados en las máquinas, esperando el turno de Ben mientras comentábamos las maniobras de los demás. Por un momento, logré convencerme de que mi vida volvía a ser simple. Que era solo un chico disfrutando de un sábado con su mejor amigo, sin exnovias apareciendo por ahí.

— Joder, mira como coge esa curva— comentó Ben con la mirada fija en uno de los competidores— Creo que lleva demasiada velocidad. Puede salir disparado.

—Si es que no se mata antes. No se te ocurra hacer lo mismo Benjamín. Solo vinimos a pasar el rato y a divertirnos.

Soltó una pequeña carcajada y asintió ligeramente. Estaba a punto de insistir con el tema de la seguridad, cuando vi abril acercarse a nosotros.

—Más te vale escuchar a tu amigo— dijo ella rodeando a Ben en un abrazo— No vine hasta acá para ver tu cerebro esparcido sobre el asfalto, idiota. Hola, Damián.

— Hola, abril— saludé asintiendo.

— Llegas tarde— resopló Ben — ¿Qué te tomó tanto tiempo? ¡Estamos aquí hace más de dos horas!

— Samanta no quería venir. Tuve que hacer un gran esfuerzo para convencerla.

—¿Por qué la trajiste entonces? Ella solo quiere fastidiar a mi amigo.

—Benjamín. No empieces— advertí.

— La traje para que se distraiga en poco— respondió abril — Se la pasa en su habitación triste y leyendo libros. Damián, podrías hacerle compañía un rato. Mientras Ben y yo hablamos. ¿Te parece?

No esperó a que respondiera, cogió a Ben del brazo y lo arrastró lejos. Contuve un suspiro, y eché un vistazo alrededor. No pude ver a Samanta por ningún lado. El lugar estaba atestado de gente gritando y haciendo apuestas, pero no tanto como para no identificar su cabellera rubia en medio del caos.

—Maldita sea —mascullé para mis adentros, dándole una patada suave al neumático de mi moto.

Caminé unos metros alejándome de los pits, tratando de no parecer un idiota buscando a alguien que, se suponía, no quería ver. Me abrí paso entre un grupo de tipos que discutían sobre cilindradas y seguí caminando hasta llegar a un campo abierto, solitario. A pocos metros de distancia, estaba ella sentada en una pequeña colina, observando las luces de la ciudad completamente ida en sus pensamientos. Se veía pequeña y frágil, un contraste absoluto con la Samanta de ayer en el bar.




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