Soy Damián

Capítulo 27

Apenas lograba concentrarme en la conversación con los demás chicos. El bullicio alrededor estaba a tope; sin embargo, quien me tenía obnubilado era ella. Samanta hablaba animadamente con Abril y otras dos chicas, completamente ajena a mi fijación.

Como es costumbre después de la competencia, el grupo de chicos ganadores decidió celebrar en casa de uno de ellos. Benjamín estaba muy emocionado por asistir a la fiesta, por lo que en cuanto supimos la dirección nos lanzamos hacia acá. Abril no quiso conducir de regreso y, por supuesto, se subió con Ben en la moto. Intenté convencer a Samanta de venir conmigo también, pero se había negado rotundamente, así que condujo el auto de abril siguiéndonos a nosotros tres por la carretera. Me alegraba tanto tenerla aquí, compartiendo mi mundo por unas horas, que por un instante el pasado parecía pesar un poco menos.

Ben soltó un chiste sobre motos que, por supuesto no estaba prestando atención, pero reí igual, pretendiendo seguir la conversación. En este momento la música y el licor, servían para acallar algunas emociones inquietas en mi pecho producto de su presencia. Era consciente del terreno peligroso en el que estábamos. Estar tan cerca de ella, contemplando su perfil bajo las luces de la fiesta, se sentía como caminar por un borde afilado donde me moría por caer, pero me aterraba el impacto.

— Ni siquiera aceleró en la curva— explicó Ben poniéndose de pie con la mirada fija en uno de nuestros compañeros — Creíste que podías sobrepasar la línea antes, pero te confiaste. Pudiste terminar de cuarto, hermano.

—¡El cilindraje de aquella moto es superior a la mía! — exclamó el otro chico enfrentándose a Ben— En la próxima competencia tienes que venir conmigo al taller. Podemos modificarla, igual que la tuya.

Me puse de pie y los dejé discutiendo sobre más motos. Me abrí paso hacia las puertas de cristal que daban al jardín trasero de la casa, buscando un respiro del calor sofocante y de la palabrería de los chicos. Al salir, el frío de la noche me golpeó el rostro, trayéndome un alivio inmediato. El sonido de la música se amortiguó detrás del vidrio y el jardín, apenas iluminado por unas cuantas luces cálidas colgadas de los árboles. Ya era hora de volver a los dormitorios, pero estaba seguro que Ben no querría irse. Mañana teníamos entrenamiento temprano y el entrenador odiaba que llegáramos tarde.

Me apoyé contra la barandilla de madera, clavando la mirada en la oscuridad intentando ordenar el caos de mis pensamientos. Por un lado, quería quedarme e intentar acercarme a Samanta y hablar, pero temía cruzar el límite imaginario que esta noche había entre nosotros y quedar expuesto. Temía, más que a nada, enfrentar esa conversación que llevaba dos años postergando en mi mente. Preguntarle, cara a cara, por qué me había abandonado precisamente después del accidente. Por qué, cuando más astillado estaba mi mundo, ella simplemente decidió desaparecer de mi vida y no volver a comunicarse conmigo. Recordar el silencio de esos meses aún escocía, y revivirlo, bajo la fachada de una tregua amistosa, se sentía como desactivar una bomba a ciegas.

Sé que ella también espera que le de una oportunidad para enfrentar nuestra realidad. Tarde o temprano sucedería; sin embargo, algo dentro de mí, me pedía postergarlo lo más que pudiese.

— Hmm, parece que estás a punto de encontrar la cura para todos los males— comentó ella de la nada y recostando la espalda contra la barandilla para quedar de frente a mí— ¿Ya te cansaste de socializar? Si es así, solo vete, Damián. No necesitas fingir.

Sus palabras, cargadas de una ligera ironía, me devolvieron a la realidad de golpe. La miré, notando el rastro de cansancio en sus ojos y esa familiar forma de cruzar los brazos cuando se sentía expuesta.

— Creo que la que se quiere ir eres tú— respondí sonriendo un poco— ¿Muy aburrida la fiesta? No es tu ambiente, puedo entenderlo.

Se encogió de hombros, fingiendo desinterés.

— No me molesta para nada estar rodeada de un montón de hombres alabando sus motos. Y tampoco escuchar la conversación amena de sus novias donde describen cómo es tener sexo sobre sus super motocicletas. No me molesta en absoluto.

Reí, sin poder evitarlo, ante el tono sarcástico de sus palabras.

— Seguro que aprendiste un par de cosas hoy. Escuché que es una habilidad poco apreciada. Hay un lado romántico en ello, si lo piensas bien.

Ella puso los ojos en blanco intentando mantener una máscara de indiferencia, pero la comisura de sus labios la traicionó.

— Sí, seguro, Damián. Podría componer un poema describiendo esa experiencia en específico. Sería famosa en un par de meses.

— Al menos son honestas— repuse, suavizando el tono— De todas maneras, gracias por quedarte. Teniendo en cuenta que estamos en territorio de Ben, eres una buena amiga por acompañar a Abril.

—No estoy aquí por ella. La adoro, y haría cualquier cosa por ella, pero si decidí acompañarlos fue para estar contigo— admitió en voz baja, dando un paso hacia mí que redujo la distancia y me obligó a inclinarme levemente para escucharla.

Quise alejarme, quise soltar una risa amarga o usar otra frase irónica para protegerme, pero el dolor acumulado durante estos dos años fue más rápido.

— Sí, bueno. Es parte del trato. Hoy, comportarnos como viejos amigos. Ha sido una noche agradable y divertida. Por lo menos para mí.




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