Soy Damián

Capítulo 29

Estaba convencido de que, en el momento en que estuviese en medio de la cancha de nuevo con mis compañeros de equipo, iba a sentir que el miedo me paralizaba. Había pasado un poco más de dos años desde la última vez que me vi rodeado del bullicio de la multitud antes del inicio de un partido. Aunque el corazón me latía descontrolado debido a los nervios, el sentimiento de emoción era mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Este era un momento de lucha interna que me permitía tener esperanza.

Sin importar las batallas que tuve que enfrentar para recuperar mi seguridad dentro de la cancha, sabía que el día de hoy era el inicio del no retorno. No existía ninguna posibilidad de que dejara atrás el baloncesto. En este momento, no importaban los recuerdos de un accidente que casi me saca del juego, ni el amor no correspondido de una chica, ni los comentarios sarcásticos del capitán sobre mi supuesta falta de entusiasmo con el equipo. Este era mi lugar. No las motos con Benjamín, no un salón de clases.

—¡Hey, Damián! —gritó el entrenador— Ven aquí. Tenemos que hablar.

Asentí y corrí hacia la banca. El capitán me lanzó una mirada cargada de molestia, pero lo ignoré; a estas alturas ya estaba acostumbrado a que se sintiera amenazado por cualquiera de nosotros.

En cuanto me acerqué al entrenador, él me dio una palmada en la espalda.

—¿Cómo te sientes? ¿Puedo contar contigo para ganar el juego?

—Sí, entrenador. Totalmente —respondí con seguridad— Me siento bien. Un poco ansioso, pero puedo manejarlo.

—Bien. Estaré atento a tu juego, muchacho. Creo que tienes cualidades, pero hoy necesito que les demuestres a tus compañeros que valió la pena darte esta oportunidad. Mi mejor pívot está en la banca por ti. No me defraudes.

—Así lo haré. Muchas gracias, entrenador.

—Eso espero, muchacho. Ve con tus compañeros.

Durante los siguientes minutos antes del inicio del partido, escuchamos las indicaciones del entrenador y las palabras de «aliento» del capitán. Ben y yo compartimos una mirada de reojo al verlo sacar pecho como un maldito pavo real, y algunos de los demás chicos también se miraban entre ellos, como preguntándose a qué se debía tal despliegue de ego. No fue sino hasta que vimos aparecer a un grupo de chicas bastante atractivas, que le sonreían con demasiado entusiasmo, que entendimos que todo se trataba de su imagen de conquistador. Creo que el entrenador se dio cuenta, pero solo lo vi sacudir la cabeza con una sonrisa burlona en los labios.

En el momento en que el otro equipo salió también a la cancha, mis nervios aumentaron. Miré a Ben al otro extremo; me hacía señas con la cabeza como solía hacerlo cuando estábamos en la escuela. Tener a mi amigo en la cancha conmigo hoy era un gran incentivo para darlo todo. Habíamos soñado con jugar juntos después de graduarnos, así que estábamos cumpliendo ese sueño.

—Damián, ¿todo bien? Estás pálido —dijo Ender, uno de mis compañeros de equipo— Relájate, hombre. Eres bueno y todos te apoyamos.

—Estoy bien —reí, permitiendo que la tensión saliera de mis hombros— Ya quiero jugar, eso es todo.

Él rió también, dándome un ligero empujón.

—Si supieras que a partir de hoy ya no tendrás vida privada, no dirías eso —comentó burlonamente, y luego señaló hacia la primera fila de la gradería— ¿Ves a aquel grupo de chicas?

Seguí la mirada hacía donde señalaba y observé al grupo entusiastas de mujeres vestidas con sus mejores ropas deportivas dejando al descubiertos sus cuerpos de infarto. Seis chicas increíblemente atractivas. Cualquier hombre se quedaría embobado admirando las piernas de todas.

—A ver ¿Qué pasa con ellas? Si lo dices porque están buenas, sí, efectivamente son muy lindas.

—Hombre, son el grupo de fans oficial de la universidad. Y me alegra que te gusten. Son como moscas, amigo; van a comenzar a revolotear a tu alrededor como si fueses su alimento favorito. Lo hacen con todos nosotros, pero cuando hay un chico nuevo, enloquecen. La de pelo rojizo es la novia del capitán y la chica que está al lado es su mejor amiga. Ambas se encierran con él después de las duchas. Ten cuidado con ellas.

—Bien, gracias por la información, pero dudo mucho que yo llegue a llamar su atención. No soy el capitán del equipo y tampoco el chico popular en busca de atención, no te preocupes. Esas chicas no me mirarían ni, aunque volara por toda la cancha con el balón.

—¡Uy, amigo, no estés tan seguro! —exclamó, riendo fuertemente— Te apuesto lo que sea a que al terminar el partido se acercan a ti. No las subestimes. ¡Hoy eres la novedad, y cuando te vean jugar, van a chorrear la baba! ¡Es por eso que el capitán estaba tan molesto hace un rato!

Continuó riendo, llamando la atención del resto de nuestros compañeros. Lo miré con el ceño fruncido, totalmente en desacuerdo con sus palabras. No era mi intención llamar la atención de ninguna chica en particular, a menos que fuese una rubia de cabello largo y ojos verdes que conocía desde hacía como diez años. Sin embargo, era improbable que Samanta se apareciese por aquí, dado que estaba evitándola a toda costa después de nuestra conversación en la biblioteca. No había querido decirle nada del partido; necesitaba mantenerla lejos para poder pensar con claridad.

Eché un ligero vistazo de nuevo hacia el grupo de chicas en cuestión y me sorprendió encontrar a la pelirroja con los ojos puestos en mí. Parecía estar analizándome de pies a cabeza, lo que me produjo cierto recelo. Me removí, inquieto, y decidí apartar la mirada.




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