Intentar meter a Samanta en los dormitorios fue casi una tarea imposible. Me quedé en el auto con ella mientras Ben vigilaba los alrededores. Necesitábamos entrar rápido, pero Samanta estaba tan adolorida que moverse requería de toda su voluntad. Lo analgésicos la mantenía somnolienta lo que me obligó a tomarla en brazos y llevarla cargada hacia la entrada, solo que, entrar al edificio con una mujer en brazos era una muy mala idea. Las cámaras definitivamente harían toma doble de la escena y para mañana tendría otro problema que resolver. Ben y yo tomamos la decisión de sobornar al encargado de hacer la vigilancia.
Solo después de que ofrecí mi sueldo del mes completo y Ben aportara la misma cantidad fue que pudimos entrar. Y todavía quedaba convencer a Ray de que se fuese a dormir a otro lado.
— Oye, Damián. No creo que sea buena idea que te acompañe hasta la puerta— dijo Ben en voz baja deteniéndose a mitad del pasillo— Si Ray me ve, me mata, hombre.
Lo miré por encima del hombro mientras sostenía con cuidado el cuerpo de Samanta, pero sin detenerme.
— ¿Te parece buena idea decir eso ahora? Estamos dando papaya, Ben. Déjame poner a Samanta en una cama y después hablamos de como eres un gilipollas que no puede resolver sus conflictos.
— No es mi culpa— replicó siguiéndome el paso— Abril debió terminar con él antes de enredarse conmigo. Pero Ray la está evitando. La última vez, creo que se pelearon o algo así.
— Ben, no me importan tus problemas amorosos ahora. ¿Ya te diste cuenta? — le pregunté molesto, señalando con la cabeza hacia Samanta— Tengo muchas cosas en que ocuparme. Si estás tan asustado de Ray, mejor vete. Yo lo convenzo. Ah, pero eso sí. Necesito dinero para pagar el hotel de Ray. Por lo menos unos tres días. Déjame tu tarjeta.
— ¡¿Tres días?!— resopló mientras rebuscaba entre sus cosas su billetera — En cuanto Ray se entere que es mi tarjeta, se va a desquitar conmigo. ¡Mierda! Espero que valga la pena el gasto. Toma, ya sabes la clave— añadió colocando el plástico en mi mano medio libre.
— Después te pago todo. Ya deja de quejarte. Puedes cobrarme el doble por el favor, no me importa. Voy a tomar dobles turnos en el bar.
—No digas estupideces. Yo te ayudo, no te preocupes. Ahora más que nunca debes estar enfocado en los entrenamientos. Trabajar los fines de semana te quita tiempo de entreno.
Nos detuvimos al llegar a la puerta de la habitación. Samanta todavía seguía dormida así que miré a Ben y murmuré tiendo especial cuidado de que ella no pudiese escucharme.
— Gracias, Ben. Pero no tienes por qué hacerlo. Te voy a pagar por todos los gastos. No eres mi banco personal, hombre. Además, bastante me ayudas con lo demás. Por favor, déjame hacerme cargo de esto.
Bufó sacudiendo la cabeza en desacuerdo, pero luego asintió.
— Está bien, como quieras. Nos vemos mañana entonces. Dale mis saludos a la bella durmiente. Si tienes problemas con Ray, me llamas enseguida.
— Bien. Adiós.
La mirada que me dio Ray al abrir la puerta y verme allí de pie con Samanta en mis brazos fue de espanto. Casi tuve que rogarle que no hiciese un escándalo. No estaba sorprendido por su reacción. Es más, podía entender que no quisiera ver a la mejor amiga de su ex. Obviamente estaba molesto por como Abril había manejado su vago enamoramiento. Ray parecía muy entusiasmado al respecto y que ella ahora se decidiera por Ben, era una situación muy jodida. No tenía idea de cómo estaban las cosas entre los dos, pero al ver su rostro totalmente descompuesto mientras acomodaba a Samanta sobre las sábanas de mi cama, me daba una idea bastante clara de que todo iba de mal en peor.
— Damián. ¿Qué fue lo que pasó?
— Mañana te cuento— murmuré tomándolo del brazo para alejarnos un poco y no despertar a Samanta— Por ahora necesito que te vayas a un hotel cerca. Samanta va a quedarse conmigo aquí. Necesito cuidarla, Ray. ¿Me harías ese favor?
— Claro, manipulemos al amigo que nunca dice que no cuando se trata de ustedes— comentó en tono sarcástico— Tú al igual que Benjamín sabían lo mío con abril y aun así decidiste ayudarlo. ¿Ahora quieres que te ayude con ella? no me jodas, Damián.
—Oye, lo siento si no te dije nada, pero no quise involucrarme justamente para evitar conflictos. Además, abril es quien te debe explicar que fue lo que pasó. Hombre, ya conoces a Ben. Ustedes deben aclarar todo.
— Ese imbécil me robó a mi chica. ¡Ella ya no quiere nada conmigo!
— No grites, Ray. Estoy justo aquí— espeté mientras echaba un ojo hacia Samanta dormida— Mira, te prometo que mañana hablamos con más calma. No creo que sea para tanto. Las cosas se van a solucionar ya verás. Dales tiempo a ambos. Yo no tengo cabeza ahora para pensar en nada que no sea Sam, Ray. Puedo darte dinero para que duermas en un lugar cerca de aquí. Dame tres días por lo menos. Solo te pido tres días mientras ella se recupera. Por favor.
Bufó sacudiendo un poco su cabeza y luego asintió reticente con una mirada molesta.
—Está bien. Tienes tres días, Damián. Me voy porque sé cuánto te interesa esa chica, pero no creas que me voy a olvidar que escogiste ayudar a Benjamín antes que a mí. Voy a recoger algunas cosas y me largo.
Asentí, sintiendo cómo un peso enorme se me quitaba de encima, y me apresuré a ayudarlo a empacar lo básico en su mochila para acelerar su salida.
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Editado: 20.08.2026