Los días desde que Samanta y yo estábamos juntos eran tan distintos que sentía que caminaba con mi propia música de fondo. Nada de lo que ocurría a mi alrededor me afectaba, ni siquiera el hecho de haber reprobado el examen parcial de Análisis de Datos, y eso era decir mucho, ya que de esa nota dependía gran parte de mi corte semestral. Para cuando llegó el fin de semana, los moretones de Samanta habían desaparecido por completo.
Establecimos un ritmo en nuestra relación que se sentía casi irreal; perfecto en todos los sentidos. A pesar de que ella regresó a vivir con Abril a su casa para evitar problemas, siempre nos encontrábamos afuera de los dormitorios para ir a clases juntos. La semana pasó tan rápido que no nos dimos cuenta que prácticamente estábamos viviendo juntos de nuevo, pero está vez en su propia casa. Aun no me sentía del todo cómodo con la idea, sin embargo, ella supo cómo convencerme. Cada vez que intentaba sacar el tema a colación, teníamos una pequeña discusión y luego sexo en cualquier parte de la casa.
Últimamente me encantaba discutir con ella.
— Entrenador, creo que Damián no está dando el cien por ciento. Por favor, reconsidere su decisión. Los muchachos necesitan un verdadero líder, señor. Ayer incluso lo vi de farra con sus amigos. ¡No se toma en serio el equipo!
Me detuve en seco al escuchar las palabras del capitán mientras me dirigía a las duchas. Habíamos terminado con el entrenamiento de la semana un poco más tarde y debía bañarme rápido para ir al bar, pero no pude evitar quedarme a mitad del pasillo escuchando lo que parecía una discusión acalorada entre ambos.
— Thomson, desconozco los motivos de la rivalidad entre ustedes, pero no voy a permitir que perjudique al equipo— respondió el entrenador con voz grave— Estamos jugando un torneo demasiado importante. El lunes son las eliminatorias y todavía te tengo a ti intentando echarle tierra a ese muchacho cada vez que termina un entreno. ¡Madura, hombre!
—Disculpe señor. No quiero faltarle al respeto. Pero Damián se toma atribuciones dentro de la cancha que me dejan mal parado con mis compañeros. Solo intento que usted lo note.
— ¿Siquiera estás escuchándote? ¿De qué demonios hablas? Él hace lo que yo le pido que haga. ¿Estás cuestionando la manera que en entreno al equipo?
—No, señor. Por supuesto que no. Solo quiero…
—No quiero seguir escuchándote. Lárgate de mi vista antes que pierda los estribos. Si no estás en condiciones de aceptar mis reglas dentro y fuera de la cancha, mejor deja al equipo una temporada. No sigas dándome problemas, Thomson.
Escuché el sonido seco de pasos acercándose a la puerta y retrocedí despacio, girando sobre mis talones antes de que pudiesen atraparme espiando. Me metí a las duchas en silencio, me despojé del uniforme empapado en sudor y dejé que el agua caliente relaja mis músculos. El vapor comenzó a llenar el lugar mientras intentaba procesar la conversación. El idiota del capitán estaba cavando su propia tumba con el entrenador por culpa de sus celos. Solo esperaba que el lunes en el partido no quisiese desquitarse conmigo. En el último partido estuvo a punto de iniciar una pelea, pero gracias a Benjamín las cosas se calmaron antes de que el árbitro lo notara.
— Oye, ¿dónde estabas? — la voz de Ben resonó la voz de Ben resonó entre los azulejos mientras abría la regadera de al lado— Me quedé esperándote afuera.
— Me retrasé de camino acá. De hecho, escuché una conversación bastante interesante entre el capitán y el entrenador.
—¿Otra vez? Joder con ese imbécil. ¿Hasta cuándo va a dejar de ir a llorarle al entrenador después de cada entrenamiento?
— Yo creo que hasta hoy— respondí riendo— El entrenador lo mandó a retirarse una temporada si continuaba con sus berrinches.
— Uy, eso debió pegarle fuerte en su culo pretencioso. ¡Por fin! Que excelente noticia. Ojalá se largue.
— No lo creo, pero esperemos que mantenga la calma. No quiero continuar con estas peleas sin sentido, y mucho menos dentro de la cancha. Pierdo la concentración cada vez que él intenta provocarme. Es agotador.
— ¡Te digo que el tipo es un cobarde! Ese día te atacó porque sus amigotes estaban con él, pero como en la cancha no puede hacer nada y el entrenador ya lo tiene en la mira, solo busca joderte la existencia con sus mañas. Un día de estos deberíamos hacerle una visita. Desquitarnos por la que nos hizo. Le pegó a la rubia, no lo olvides.
— No fue culpa de él, Ben. Samanta se interpuso por su propia voluntad. Además, no voy a echar a perder todo lo que he conseguido solo para darle un par de golpes. El lunes comienzan las eliminatorias. Quiero jugar todos los partidos, hombre. Si el entrenador ve mi rendimiento, podré ser titular hasta que termine el torneo.
— Eso sí. Y no olvides que podemos encontrar fichaje de algún promotor. Sería genial poder terminar este año en un equipo profesional.
— Es lo que más espero, amigo— murmuré sintiendo la emoción recorrer mi cuerpo— A Samanta la haría muy feliz.
— Te hace feliz a ti, Damián. No a la rubia. Joder contigo… ¡es tu futuro, no el de ella!
— Bueno, ya, no me grites. También me hace feliz a mí. Y a mis padres. A ellos más que todo se los debo. Después de todo lo que sufrieron por mi recuperación, me gustaría darles esa sorpresa.
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Editado: 20.08.2026