Soy Damián

Capítulo 38

Dos cosas bastante impresionantes estaban sucediendo en mi vida en este momento y no podía estar más agradecido y feliz. Con el tiempo había aprendido que por más doloroso que fueran los procesos para llegar hacia donde debías estar, lo importante era disfrutar del proceso. Había llorado por amor, fracasado varias veces como deportista, luchado contra la ideología de que si no naces en una familia adinerada no puedes aspirar a más, y a fin de cuentas todo estaba resumido en una sola palabra “constancia” a parte de la diciplina, era una de las cosas que por las que había tenido que luchar diariamente.

Mi constancia y tener claro mis objetivos, me permitían disfrutar de este momento en el que mi vida parecía totalmente alineada con mis sueños. Estudiaba en un abuena universidad, tenía al amor de mi vida junto a mí, y la oportunidad de convertirme en un jugador profesional los próximos dos meses. No podría pedir más. Solo agradecer a quien sea que estuviese detrás del destino y rogar que las cosas siguieran mejorando para todos. Incluido mis padres. Desde que supieron que había vuelto con Samanta, las cosas entre nosotros eran un poco tensas y las conversaciones algo torpes. Sin embargo, me mantenía firme ante sus constantes comentarios pasivo-agresivos. Podía entenderlos. Para ellos mi relación con Samanta era como un castigo. Sin contar que tenían que soportar las llamadas constantes de la mamá de Sam, cosa que no entendía del todo porque según Samanta todo estaba solucionado.

En cuanto la clase acabó, recogí mis cosas y me dirigí a la biblioteca. Mañana comenzaban los parciales finales de semestre y necesitaba ponerme al día con varias actividades atrasadas que tenía. Está semana no había podido dedicar tanto tiempo a la universidad. Entre los entrenamientos del club, el campeonato universitario y el trabajo, mi tiempo estaba absolutamente copado. Me sentía tan agotado que a penas mi cabeza tocaba la almohada me quedaba dormido. Seguir el ritmo después de estar ausente durante tanto tiempo, estaba pasándome factura.

— Damián, ¿puedes prestarme tus apuntes para mañana?

Me detuve en medio del pasillo y volví la mirada hacia mi compañera.

— No puedo, lo siento. Ni siquiera tengo los temas para el examen de mañana.

—¡No puede ser! ¡Eras mi única salvación! — gimoteó ella haciendo un puchero— ¿Qué se supone que haga ahora?

— Voy a la biblioteca a estudiar. Si quieres venir conmigo, no tengo problema.

— ¿Ahora? No, olvídalo. Nos vemos después. ¡Adiós!

No entendí muy bien su reacción, pero no era mi problema, así que…

Una hora después estaba casi al bode un colapso ante la pila de libros de estadística sobre la mesa. Por alguna extraña razón mi cerebro no lograba comprender la teoría de … A pesar de ser uno de los mejores de la clase, hoy me sentía extrañamente mediocre. Era como si mis neuronas estuviesen muertas. Como si mi cuerpo no me perteneciera y la sensación era increíblemente molesta.

Resoplé recostándome en el respaldo de la silla mientras cerraba los ojos. Me permití respirar hondo intentando calmar la ansiedad que estaba a punto de arruinar mi tranquilidad. No es como si fuese uno de esos chicos perezoso o algo así, pero en este momento solo quería ir a casa y acurrucarme en los brazos de mi chica y dormir durante horas.

Samanta también estaba ocupada tratando de seguir el ritmo a su primer semestre, sin embargo, la carga académica era mucho menor que la mía por lo que ella siempre tenía más horas libres. Si no estaba con su amiga de compras o en algún restaurante por ahí, venía a visitarme a mi salón o la cancha y esperaba a que me desocupara de los entrenamientos. Por la noche cuando llegábamos a casa, terminábamos enredados en una sesión de sexo donde nos cogieran las ganas. Ayer había sido justo en el umbral de la puerta principal. La intensidad de mi deseo por ella estaba llevándome al límite de cometer actos indiscretos. Y teniendo en cuenta que Abril vivía también allí, a pesar que ella se la pasaba más con Ben que en la casa, si continuábamos dejándonos llevar por las ganas, tarde o temprano Abril se toparía con una de nuestras escenas sexuales.

— Puedo vender una sola de estas, pero no te aseguro que vaya a funcionar. La dosis mínima no consigue el efecto que quieres.

Abrí los ojos de golpe ante la voz extrañamente conocida proveniente del rincón algo oscuro paralelo al lugar donde estaba sentando.

— Sí— continuaron hablando— Pero ya te lo dije. Son dos dosis. Si a la semana necesitas más de dos, tienes que pagar por adelantado. Y no se te ocurra pedir fiado. Dinero en mano para todo el mundo.

No estaba seguro de si la voz de aquel chico era la misma que la del capitán, pero ese tono arrogante definitivamente era una de sus características. Agudicé el oído un poco esperando escuchar la voz de la otra persona con la que estaba hablando, sin embargo, no se escuchaba nada a parte de algún murmullo extraño.

— Llámame si te decides.

Los pasos resonaron entre el silencio de la biblioteca y bajé la cabeza intentando ocultarme entre los libros que tenía adelante. Por el rabillo del ojo vi la espalda de Thomson mientras caminaba silbando tranquilamente. Seguí observando hacía él esperando ver también a la persona con la que estaba hablando. Si era lo que estaba imaginando, no tenía idea de que hacer con la información. Obviamente las drogas eran parte del mundo universitario, pero no esperaba que el capitán del equipo estuviese vendiendo drogas a escondidas. Si el entrenador se llegase a enterar estoy seguro que lo expulsaría de inmediato.




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