Sueño Vivido /por Siempre Mi Amor

Capítulo 7) No estoy loca!

Mientras Olivia lo observaba, las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas.

—¿No te gustaría ponerle Summerfel Fotografía?

Oliver frunció el ceño ligeramente, su expresión pasó de la curiosidad a la sorpresa.

—¿Cómo sabes mi apellido?

El corazón de Olivia dio un vuelco. ¡Maldición! Se había adelantado sin pensar, dejándose llevar por la conexión que sentía hacia él. Buscó una salida desesperadamente, notando que sobre el mostrador había algunas tarjetas de presentación. Señaló una de ellas con rapidez y la tomó, mostrándosela como si fuera la explicación más obvia.

—Por esto… está aquí, en tus tarjetas.

Oliver observó la tarjeta y asintió, relajando los hombros.

—Ah, claro, tienes razón. A veces olvido que está ahí —dijo con una risa ligera, mientras se pasaba una mano por el cabello. Luego miró la tarjeta por un segundo más y añadió—. ¿Sabes? Algún día puede que cambie el nombre del negocio, pero por ahora estoy bien con este. Me gustaría centrarme en que esto funcione primero.

Había algo en su voz, una mezcla de determinación y vulnerabilidad, que tocó el corazón de Olivia. Lo miró con intensidad, permitiéndose unos segundos para admirar cómo su rostro se iluminaba al hablar de su trabajo.

—Lo lograrás, estoy segura de ello —dijo ella, con una firmeza que parecía provenir de un lugar más profundo que sus propias palabras.

Oliver la miró, parpadeando, quizás sorprendido por la seguridad en su tono. Pero finalmente asintió y le devolvió una pequeña sonrisa.

—Gracias, Olivia.

Él se giró hacia la oficina, indicando con un gesto que debía irse.
—Si necesitas algo, estaré allí. En diez minutos tengo otra sesión, pero mientras tanto, siéntete libre de acomodarte o preguntar lo que necesites.

—De acuerdo —respondió Olivia, observándolo mientras desaparecía por la puerta.

Cuando él se fue, Olivia se quedó sola en el mostrador, el sonido de sus pasos desvaneciéndose en el fondo. Se permitió un momento para cerrar los ojos y suspirar profundamente. "Él está aquí, justo frente a mí. Pero no me reconoce."

Apretó ligeramente los puños, no con frustración, sino con la promesa de no dejar pasar esta oportunidad de estar cerca de Oliver, incluso si las circunstancias eran tan diferentes a lo que había soñado.

El restaurante donde Olivia y Page habían decidido almorzar era uno de esos lugares pequeños y acogedores que parecían haber sido arrancados de una postal. Se llamaba Clementine's Corner, y estaba ubicado en una calle tranquila con árboles cuyas hojas otoñales caían al suelo, creando un suave tapiz amarillo y naranja. Desde el exterior, las ventanas estaban adornadas con cortinas de encaje blanco que dejaban entrever un interior cálido, con paredes pintadas de un tono melocotón claro y decoraciones rústicas que le daban un aire hogareño.

Al entrar, un suave tintineo anunciaba la llegada de los clientes. Las mesas, hechas de madera oscura y pulida, estaban adornadas con pequeños jarrones llenos de flores frescas: margaritas blancas y girasoles pequeños que añadían un toque vibrante al ambiente. Había una estantería en una esquina repleta de libros viejos y juegos de mesa, un detalle que hacía que el lugar pareciera más un refugio que un simple restaurante. El aire estaba impregnado de un aroma a pan recién horneado y café molido, mezclado con un toque dulce de canela.

Olivia y Page se sentaron en una mesa junto a la ventana. Desde allí podían ver cómo las hojas caían lentamente, mientras el sol de mediodía atravesaba las ramas desnudas de los árboles, creando patrones de luz y sombra en el suelo. La camarera, una mujer de cabello castaño recogido en un moño despeinado y un delantal que decía “Servimos con amor”, se acercó con una sonrisa amable y dejó dos menús sobre la mesa antes de desaparecer para darles tiempo a decidir.

Page hojeó el menú distraídamente, mientras Olivia miraba por la ventana, perdida en sus pensamientos. El silencio entre ellas duró solo unos segundos antes de que Olivia rompiera la tensión, hablando de nuevo de Oliver con una pasión casi obsesiva.

—No puedo creer que no me creas, Page —dijo Olivia mientras tamborileaba los dedos sobre la mesa—. Era él. Estoy segura. No estoy loca.

Page la miró con una mezcla de incredulidad y preocupación mientras bajaba el menú.

—¿De verdad era él? —preguntó, enfatizando la palabra como si todavía no pudiera creer lo que Olivia le contaba.

—¡Claro que sí! —exclamó Olivia con los ojos brillantes—. No tengo por qué mentirte. Era Oliver, mi esposo. El padre de mis hijos… bueno, en el sueño que tuve cuando estaba en coma.

Page arqueó una ceja y tomó un sorbo de agua del vaso que la camarera acababa de traerles.

—Olivia, no me malinterpretes, pero… él ni siquiera te reconoce. ¿Cómo puedes estar tan segura?

—¡Porque lo conozco! —insistió Olivia, golpeando suavemente la mesa con la palma de la mano. Su voz era apasionada, casi desesperada—. Lo conozco mejor que a mí misma. Es él, Page. Era él, con sus mismos gestos, su sonrisa, su manera de mirar.

Olivia sacó su teléfono y buscó la foto que le había tomado a Oliver en la oficina. Con una mezcla de emoción y frustración, lo extendió hacia Page, quien entrecerró los ojos para observarla.

—Esta foto ni siquiera se ve bien, está borrosa —dijo Page con un tono desaprobatorio.

—¡Claro que está borrosa! —respondió Olivia, cruzándose de brazos—. Se estaba moviendo en ese instante, estaba hablando por teléfono. Pero te prometo que es él. Yo sé cómo es Oliver. Lo reconocería en cualquier parte.

Page suspiró y dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿No crees que estás viendo lo que quieres ver? —preguntó con cautela—. Era un sueño, Olivia. No significa que sea real.

Olivia entrecerró los ojos, molesta.

—¿Me estás diciendo que todo lo que viví en ese sueño, todo lo que sentí, era solo una fantasía? ¿Que estoy loca?




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