Olivia salió del ascensor con paso tranquilo, aún recordando la conversación con Page en el almuerzo. Entrar al centro de fotografía la llenaba de emociones encontradas. Por un lado, estaba el nerviosismo de trabajar cerca de Oliver; por el otro, la determinación de descubrir si realmente era el hombre de su sueño.
Al cruzar las puertas de cristal, lo vio. Oliver estaba sentado en su oficina, inclinado sobre su escritorio, escribiendo algo en una libreta. La luz del atardecer entraba por los ventanales, dibujando sombras suaves sobre su rostro concentrado. Olivia se detuvo por un instante, casi sin querer, admirando la escena. Era tan familiar. Cada movimiento suyo, cada gesto, le recordaba al hombre que había amado en su mente durante lo que parecían años.
Antes de darse cuenta, Oliver levantó la cabeza. Sus ojos se cruzaron con los de Olivia, como si sintiera su presencia. Fue un instante breve, pero cargado de significado. Oliver arqueó una ceja, y Olivia sintió un leve calor en las mejillas, apurándose a caminar hacia la oficina.
-Hola -dijo con una voz suave pero clara.
-Hola -respondió él, mirándola con una ligera curiosidad.
Dentro de la oficina, Olivia notó una fotografía enmarcada sobre el escritorio. Dos personas sonrientes, tomadas de la mano, posaban frente a un paisaje montañoso. La mujer tenía un cabello oscuro que le caía en ondas suaves sobre los hombros, y el hombre llevaba gafas y una expresión tranquila. Todo en la foto parecía irradiar calidez.
-Qué bonita foto de tus padres -dijo sin pensar.
Oliver dejó de escribir y la miró, algo desconcertado.
-¿Cómo sabes que son mis padres? -preguntó, su tono entre curioso y desconfiado.
Olivia parpadeó, dándose cuenta de su error.
-Supuse que lo eran -improvisó, señalando la fotografía-. No sé, tienen ese aire familiar contigo.
Oliver ladeó la cabeza, como si analizara sus palabras, y luego asintió.
-Bueno, supones bien. Son mis padres.
Olivia se sintió aliviada cuando Oliver no presionó más.
-Vine porque necesitaba la contraseña para recibir algunos correos -añadió rápidamente, cambiando de tema.
Oliver le dio las indicaciones con precisión y volvió a concentrarse en su libreta. Olivia aprovechó la oportunidad para salir rápidamente y dirigirse a su estación de trabajo. Pero la calma no duró mucho.
Mientras revisaba unos documentos, escuchó el sonido de tacones acercándose por el pasillo. Al alzar la vista, vio a una mujer entrando. Era elegante, con un porte que parecía llenar el espacio. Llevaba un vestido negro ajustado que resaltaba su figura esbelta, y su cabello, perfectamente peinado, caía como una cascada oscura sobre sus hombros. Sus labios rojos esbozaban una sonrisa impecable, y su perfume llenó la sala antes de que siquiera hablara.
-Hola -dijo la mujer, su voz firme pero encantadora.
Olivia sintió cómo su corazón daba un pequeño salto.
-Hola. ¿Tenías alguna cita? -preguntó con cortesía, esforzándose por mantener la calma.
La mujer negó con un leve movimiento de cabeza.
-No, vine por Oliver. Tú debes ser la nueva.
Olivia asintió, extendiendo la mano para saludar.
-Sí, soy Olivia.
La mujer estrechó su mano con firmeza, su sonrisa apenas moviéndose.
-Tessa Gutiérrez. Soy su novia.
El mundo de Olivia pareció detenerse por un segundo. Una mezcla de frustración y desencanto la invadió, aunque hizo todo lo posible por mantener una expresión neutral.
-Mucho gusto -murmuró, esforzándose por sonar amable.
-Mi amor olvidó su celular en el almuerzo, así que se lo vine a traer -añadió Tessa, levantando un teléfono en su mano perfectamente manicurada.
Sin esperar respuesta, Tessa caminó con seguridad hacia la oficina de Oliver, dejando a Olivia plantada en su lugar. Olivia la siguió con la mirada, sintiendo cómo una espina de inseguridad se clavaba más y más profundo. "¿Cómo puedo competir con ella?", se preguntó, su corazón apretado.
Cuando Tessa entró en la oficina de Oliver, él alzó la vista y sonrió al verla. Hablaron en voz baja, lo suficiente para que Olivia no pudiera escuchar. Pero el hecho de verlos juntos era como un recordatorio cruel de que su conexión con Oliver, si es que alguna vez existió, podía no significar nada en el presente.
El día terminó rápidamente después de eso. Oliver salió de su oficina con Tessa, quien lo despidió con un beso en la mejilla antes de marcharse. Olivia se quedó quieta, pretendiendo revisar unos papeles, aunque sentía cómo su pecho se llenaba de emociones difíciles de procesar.
Cuando finalmente fue su turno de salir, pasó junto a Oliver, quien aún estaba revisando algo en su escritorio.
-Buenas noches, Oliver. Nos vemos mañana -dijo con una sonrisa tímida.
-Buenas noches, Olivia -respondió él, levantando la mirada.
Cuando Olivia subió a su vehículo, se permitió soltar un suspiro pesado. Miró por el retrovisor hacia el edificio, preguntándose si estaba destinada a quedarse atrapada entre lo que fue y lo que nunca sería.
Mientras arrancaba el motor, unas palabras suaves y apenas audibles escaparon de los labios de Oliver dentro de la oficina.
-Solo es temporal.
Oliver había pronunciado esas palabras en un murmullo casi inconsciente, como si estuviera hablando más consigo mismo que con alguien más. Después de despedirse de Olivia, había vuelto a sentarse en su escritorio, pero su mente no estaba en los papeles frente a él. Su mirada se perdió por un momento en la fotografía de sus padres, colocada en el borde de la mesa. Los recuerdos y pensamientos comenzaron a mezclarse con una confusión que no sabía cómo explicar.
Había algo en Olivia que lo inquietaba, algo que no podía ignorar. La manera en que lo miraba, como si lo conociera desde siempre; su familiaridad al mencionar cosas que nadie más debería saber; su forma de quedarse en silencio observándolo cuando pensaba que él no se daba cuenta. Todo eso lo había dejado con un extraño cosquilleo en el pecho. Una sensación que no era exactamente incómoda, pero tampoco completamente agradable.