La noche era fría en Fairbanks, Alaska, y la universidad se alzaba solitaria bajo un cielo despejado, con estrellas que titilaban en un firmamento que parecía infinito. Las luces del edificio principal proyectaban un suave resplandor sobre la nieve que cubría los jardines, mientras Oliver atravesaba el campus con una bolsa térmica en la mano. El aroma cálido y especiado del curry verde que llevaba consigo era un contraste absoluto con el gélido aire nocturno.
Cuando llegó al aula donde Tessa, su novia, estaba revisando unos papeles en su escritorio, la encontró profundamente concentrada. Un grupo de libros y cuadernos estaba apilado junto a su portátil, que emitía una luz azulada.
-Te traje la cena -dijo Oliver, dejando la bolsa sobre la mesa.
Tessa levantó la mirada y sonrió al verlo.
-¡Oh, qué considerado! ¿Es curry verde?
-El que te gusta -respondió él, abriendo los envases cuidadosamente.
Tessa se inclinó hacia los recipientes y aspiró el aroma.
-Huele delicioso.
Oliver sacó dos platos y sirvió el curry verde junto con arroz jazmín esponjoso. La mezcla tenía un color vibrante, con trozos de pollo jugoso, pequeñas rodajas de pimientos rojos, y hojas de albahaca tailandesa que le daban un toque fresco. Había también una guarnición de ensalada con zanahorias ralladas y pepino en rodajas, cubiertas con un aderezo de maní.
Mientras comían, Tessa comenzó a hablar con entusiasmo.
-¿Sabías que finalmente van a abrir un nuevo campo en la facultad? Llevo tres años insistiendo en que enfoquemos más en la antropología lingüística, ¡y por fin ha sucedido!
Oliver, mientras tomaba un bocado del curry, asentía de forma automática. Aunque estaba ahí físicamente, su mente vagaba. La antropología no era un tema que le interesara, y las palabras de Tessa se convertían en un ruido de fondo mientras intentaba enfocarse en disfrutar la comida.
-¿Y lo vas a dirigir tú? -preguntó en un intento de mantener la conversación.
Tessa se encogió de hombros.
-No sé, vamos a ver. Hay muchas cosas por decidir, pero me emociona. Este es el tipo de oportunidades que he esperado durante tanto tiempo.
Oliver, más concentrado en el curry, respondió:
-Eso suena... genial.
Entonces Tessa, mientras tomaba un bocado, cambió el tema.
-¿Y qué tal te va con tu nueva recepcionista?
Oliver se detuvo un momento, sorprendiendo un poco por la pregunta.
-Bien, me va muy bien -respondió mientras tomaba un sorbo de agua para suavizar el picante. Al principio lo dijo con una ligera duda-. Pensé que era rara, pero hoy estuvo muy bien. Así que, por ahora, no tengo quejas.
Tessa frunció los labios, evaluando su respuesta mientras cortaba un trozo de pollo del curry.
-¿Extraña? Bueno, me imagino que no debe ser fácil encontrar alguien que encaje.
Oliver asintió.
-Sí, pero hoy, en serio, me ayudó mucho. Fue impresionante, diría.
Tessa, con una ceja alzada, le ofreció su tenedor con un poco de curry para que lo probara. Oliver tomó el bocado sin pensar, pero en cuanto el picante tocó su lengua, abrió los ojos de par en par y dejó escapar un gemido ahogado.
-¡Esto está como una bomba nuclear! -exclamó, agitando la mano como si eso fuera a aliviar el calor en su boca.
Tessa rio con suavidad, llevándose otro bocado a la boca como si el picante no la afectara en absoluto.
-A mí me encanta así, tal y como está.
Oliver bebió un largo trago de agua y la miró con incredulidad.
-No sé cómo puedes comerlo sin explotar.
Tessa se encogió de hombros con una sonrisa triunfante.
-Es cuestión de costumbre, cariño.
Mientras continuaban cenando, Oliver pensó en Olivia, en su sonrisa genuina mientras ayudaba al niño en el estudio, y en la forma en que lograba resolver problemas de maneras inesperadas. Aunque Tessa hablaba con pasión sobre antropología, sus palabras no lograban capturar su atención de la misma manera que los recuerdos de Olivia. Por un momento, Oliver se preguntó si había algo más detrás de la conexión inexplicable que sentía con su nueva recepcionista.
Tessa, sin notar el silencio de Oliver, continuaba hablando de sus planes para el nuevo enfoque en antropología lingüística, completamente ajena al torbellino de pensamientos que cruzaba por la mente de su novio.
La mañana comenzó tranquila para Olivia, como solía ser. El suave aroma del café recién hecho llenaba su pequeño apartamento, mientras ella, aún en bata, preparaba una tostada con mermelada de fresas. Afuera, los primeros rayos de sol se reflejaban en las ventanas, iluminando los colores cálidos de su cocina decorada con azulejos amarillos y utensilios colgados en perfectas hileras. Olivia bebió un sorbo de su café negro, se colocó los zapatos y tomó su bolsa. Miró el reloj en la pared: las agujas marcaban las 7:45 a.m.
Encaminándose hacia su auto, un sedán gris algo viejo pero confiable, Olivia pensó en cómo sería su día en el trabajo. Al llegar al centro de fotografía, el aroma de químicos reveladores y la luz tenue del lugar siempre la reconfortaban. Encendió su computadora y comenzó a revisar la agenda del día, anotando citas y revisando archivos.
Minutos después, Oliver apareció, vestido con una camisa azul arremangada que dejaba ver las líneas de sus brazos. Su expresión era tranquila, pero sus ojos siempre parecían ocultar algo, un misterio que Olivia no podía descifrar del todo.
-Tengo unos clientes que pidieron su sesión en el exterior -dijo, inclinándose ligeramente sobre el mostrador donde ella estaba trabajando.
-Lo tienes agendado -respondió Olivia, girando la pantalla de su computadora para mostrárselo.
Oliver asintió, pero luego frunció el ceño.
-¿Puedes confirmar que es esta casa de campo? -señaló un archivo PDF que había abierto.
Olivia lo miró por unos segundos, reconociendo la imagen que aparecía en la pantalla. Era una casa de campo con paredes de madera desgastada, un jardín amplio lleno de flores silvestres y un porche amplio donde se mecía una silla antigua. De pronto, un recuerdo borroso invadió su mente: la había visto antes, en sus sueños mientras estaba en coma.