El cielo se tornaba anaranjado cuando Oliver y Olivia salieron juntos del centro de fotografía. El aire fresco de la tarde envolvía el ambiente, y el murmullo de los autos pasando por la calle era un telón de fondo casi tranquilizador. Oliver, con la chaqueta colgando de su brazo y el semblante cansado, miró a Olivia antes de hablar.
-Disculpa por terminar temprano -dijo, rascándose la nuca en un gesto nervioso-. Hoy no me siento concentrado. Creo que terminaré con los retoques mañana.
Olivia lo miró con comprensión, deteniéndose un momento antes de responder.
-No te preocupes. Terminamos lo que teníamos pendiente.
Oliver asintió, mostrando una leve sonrisa de agradecimiento.
-Gracias, Olivia.
Ella se giró para irse, pero entonces una idea cruzó por su mente. Se volvió hacia él rápidamente, un brillo animado en sus ojos.
-Oye, ¿te gustaría ir al acuario?
Oliver la miró, sorprendido por la propuesta. Frunció el ceño, claramente dudando.
-No creo que sea buena idea... -respondió con voz apagada, encogiéndose de hombros.
Olivia no se desanimó.
-Allí me inspiro para escribir. Te haría bien distraerte un poco.
Oliver suspiró, aún indeciso, pero al ver la insistencia amable en sus ojos, se dio cuenta de que quizás algo diferente no le vendría mal.
-Está bien -dijo finalmente, con una leve sonrisa-. Creo que sería buena idea.
Ambos se dirigieron al acuario. El trayecto fue tranquilo, con el sonido del tráfico llenando los espacios de silencio entre ellos. Al llegar, las luces suaves y el ambiente sereno del lugar los envolvieron. El acuario estaba parcialmente lleno, con familias y parejas caminando entre los pasillos oscuros iluminados solo por los tanques de agua azul brillante.
Olivia respiró profundamente, como si aquel lugar le devolviera una parte de sí misma.
-Vengo aquí cada vez que puedo -dijo, su voz apenas un murmullo mientras observaba un cardumen de peces que nadaban en sincronía.
Oliver la miró con curiosidad.
-No entiendo cómo puedes escribir aquí. Es ruidoso y oscuro.
Olivia sonrió, señalando uno de los bancos cercanos.
-Conozco los días en los que puedo venir. No siempre está tan lleno. Pero no solo vengo a escribir, también me gusta observar a la gente.
Oliver arqueó una ceja, intrigado.
-¿Para crear personajes para tus historias?
-Algo así -respondió con una sonrisa enigmática-. Podríamos decir que sí.
Caminaron juntos, deteniéndose frente a un tanque enorme donde nadaban majestuosas mantarrayas. Olivia rompió el silencio con un tono más personal.
-Hace un par de meses tuve un accidente. Desde entonces estoy tratando de volver a ser la misma Olivia de siempre.
Oliver, sorprendido, la miró con genuino interés.
-¿Ya estás bien? -preguntó mientras ambos se sentaban en un banco cercano.
Ella asintió tímidamente, con una sonrisa pequeña.
-Sí, estoy mejor.
Hubo un breve silencio antes de que él volviera a preguntar:
-¿Tus padres están vivos?
-Sí. -Olivia rió suavemente-. Ceno con ellos todos los domingos, quiera o no.
Oliver soltó una leve carcajada, pero sus ojos mostraban un matiz de melancolía.
-Considérate afortunada.
Olivia entendió el trasfondo de su comentario y sintió un nudo en el pecho.
-Lo siento, en verdad.
Él negó con la cabeza.
-No te preocupes.
Olivia continuó, con un tono reflexivo.
-Tenía un amigo que perdió a su madre de repente, como tú. Antes de conocerlo, no entendía lo difícil que era. Él solía hablar mucho de lo que extrañaba a su mamá.
Mientras hablaba, sus palabras parecían adquirir un significado más profundo, casi como si se dirigiera a alguien más. Oliver la escuchó atentamente.
-¿Qué pasó con tu amigo? -preguntó, inclinándose un poco hacia ella.
Olivia bajó la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de emociones.
-Al parecer, estamos distanciados. -Hizo una pausa, intentando mantener la compostura.
Oliver decidió cambiar el rumbo de la conversación.
-Háblame de tus padres.
Olivia sonrió al recordar.
-Mi papá es un buen hombre, arregla todo lo que puede. Y mi mamá... me encanta ver cómo lo pone en su lugar cuando se pasa de listo.
Oliver sonrió tímidamente, como si pudiera imaginar la escena.
-Mi mamá siempre me apoya en todo, aunque le gusta tener el control de las cosas.
-Eso suena muy... mamá -respondió Oliver, esbozando una sonrisa más cálida.
Ella lo miró expectante.
-¿Y los tuyos?
Oliver miró hacia el tanque más cercano, sus ojos perdiéndose entre las burbujas que subían a la superficie.
-Mi mamá era puro amor. No hay más que decir. Mi papá... está muy mal sin ella.
Olivia suspiró, su voz se suavizó.
-Lástima que no la conocí.
En realidad, ella había imaginado ese momento tantas veces, tanto en su mente como en su corazón, que sus palabras tenían un doble sentido que Oliver no percibió.
-Dale tiempo a tu padre. Lo aceptará -dijo, con una seguridad que sorprendió a Oliver.
Él la miró con curiosidad, casi admiración.
-Me gusta tu seguridad. Si tuviera un gramo de ella... -suspiró-. Es como si me conocieras.
-Sé a qué te refieres -respondió Olivia, con una sonrisa tranquila.
En ese momento, el móvil de Oliver sonó. La pantalla mostraba el nombre de Tessa. Él miró el teléfono, pero en lugar de responder, simplemente colgó la llamada y lo guardó en su bolsillo.
-No importa -dijo, volviendo su atención a Olivia-. ¿En qué estábamos?
Ella sonrió y siguieron conversando, sumergiéndose en un mundo que parecía solo suyo, donde el ruido del acuario y las llamadas externas no tenían lugar.
Cuando Oliver y Olivia salieron del acuario, la noche ya había caído, y las luces de la ciudad brillaban reflejándose en las ventanas de los edificios cercanos. El ambiente estaba fresco, pero agradable. Caminaban juntos por la acera, con un ritmo pausado que parecía extender el momento que compartían.