El reflejo de la crepúsculo se asoma por la ventana de la veterinaria, iluminando el pequeño espacio con una calidez reconfortante. Olivia y Page estaban en la entrada, limpiando el taburete desgastado que recibía a los clientes. Page, con un trapo húmedo en mano, frotaba con energía mientras Olivia rociaba el limpiador con movimientos distraídos, claramente absorta en sus pensamientos.
—¿Qué tal si Oliver no me ve como yo lo veo? —preguntó Olivia de repente, rompiendo el silencio. Su voz sonaba vulnerable, como si apenas se atreviera a pronunciar esas palabras en voz alta.
Page, acostumbrada a la introspección de su amiga, dejó de frotar y la miró con curiosidad.
—¿Como una posible novia?
Olivia negó con la cabeza, su mirada fija en la botella de limpiador que giraba entre sus manos.
—No… como una compañera de vida. Como alguien a quien amar —murmuró, dejando entrever la profundidad de sus sentimientos.
Page levantó una ceja y apoyó las manos en la cintura, claramente sorprendida.
—¿Y acaso dudas de lo que viste en tu sueño? —preguntó con suavidad, refiriéndose al coma que Olivia había atravesado y que siempre describía como una visión de un posible futuro junto a Oliver.
Olivia suspiró, dejando el limpiador sobre el taburete. Su expresión era una mezcla de anhelo y resignación.
—No es que dude… —respondió lentamente—. Es que Oliver tiene una pareja. Es novio de Tessa, y yo no soy de esas que andan robándole a nadie.
Page se quedó callada por un momento, asimilando las palabras de Olivia. Conocía a su amiga desde hacía años y sabía cuánto le costaba admitir lo que sentía. Pero también sabía que Olivia siempre había tenido un código moral inquebrantable.
—Pero, Olivia… —dijo finalmente, inclinándose un poco hacia ella—, ¿se le puede llamar robo a algo que sabes que es tu destino?
Olivia dejó escapar una risa breve pero amarga.
—¿Destino? —repitió con escepticismo—. Page, me hace sentir como si fuera una acosadora.
Page soltó un bufido y se cruzó de brazos.
—¿Acosadora? Vamos, Olivia. ¿Acaso le has confesado tus sentimientos? ¿Le has mandado cartas anónimas o le sigues a casa como en una mala película?
—No, claro que no —respondió Olivia, su sonrisa triste asomando mientras tomaba el trapo y comenzaba a limpiar el taburete nuevamente.
—Entonces no eres una acosadora —sentenció Page con firmeza—. Solo eres una mujer enamorada, y eso no tiene nada de malo.
Olivia no respondió de inmediato. Sus manos seguían moviéndose automáticamente mientras su mente volvía a esos momentos en los que había estado cerca de Oliver. Pensó en su risa, en la manera en que conectaba con las personas, en cómo había logrado que su padre sonriera después de tanto tiempo. Y luego recordó a Tessa, siempre entre ellos como una barrera imposible de ignorar.
—Recuerdo cuando te divorciaste —dijo Olivia de repente, cambiando el tema pero manteniendo el tono introspectivo—. Pensaste que, porque habías sido feliz con tu exesposo, no podías ser feliz con nadie más. Por eso te reprimiste tanto tiempo antes de intentar algo con alguien más.
Page, sorprendida por el giro de la conversación, asintió lentamente.
—Es cierto. Pero al final me di cuenta de que estaba equivocada —admitió.
—Tal vez yo siento lo mismo —continuó Olivia, sin apartar la mirada del taburete que limpiaba. Sus movimientos eran cada vez más lentos, como si las palabras pesaran en el aire—. Tal vez siento que no puedo volver a amar porque… bueno, porque ya vi cómo sería con él.
Page dejó escapar un suspiro y se arrodilló junto a Olivia, colocando una mano en su hombro.
—¿Sabes qué creo? Que aunque te sientas así ahora, el tiempo te dará las respuestas. Y mientras tanto, yo estaré aquí contigo.
Olivia levantó la mirada, encontrando los ojos sinceros de su amiga.
—¿De verdad?
Page sonrió con picardía.
—Claro. Podremos ser dos ancianas quejándonos de San Valentín, saliendo con hombres terribles y usando aplicaciones de citas que no valen la pena.
La imagen hizo que Olivia soltara una risa suave, aunque su sonrisa seguía teniendo un tinte melancólico.
—Gracias, Page. No sé qué haría sin ti.
—Lo mismo digo, amiga. Ahora, dejemos de hablar de hombres por un rato y terminemos de limpiar antes de que entre algún cliente y se tropiece con este desastre.
Ambas rieron, y por unos momentos, el peso en el corazón de Olivia pareció aligerarse. Aunque todavía no tenía las respuestas que buscaba, sabía que no estaba sola en su lucha interna. Page, con su lealtad inquebrantable y su sentido del humor, siempre estaría ahí para recordarle que la vida, con todos sus altibajos, siempre merece ser vivida.
El amanecer pintaba el cielo con suaves pinceladas de naranja y rosa, mientras los primeros rayos del sol iluminaban la ciudad. Olivia cerró la puerta de su apartamento tras de sí, ajustándose su abrigo para protegerse del aire fresco de la mañana. Las llaves de su vehículo tintineaban en su mano mientras avanzaba hacia el estacionamiento. Subió al auto, encendió el motor y dejó que la suave melodía de la radio la acompañara en el camino hacia el centro de fotografía, donde tenía programada una sesión temprana.
Al llegar, Oliver ya estaba allí, revisando el equipo con la eficiencia de quien lo hace casi de manera instintiva. Olivia bajó del auto, cerrando la puerta con cuidado, y lo saludó con una sonrisa cálida.
—¡Buenos días! ¿Listo para el gran día?
Oliver levantó la vista, respondiéndole con una sonrisa despreocupada.
—Siempre listo. Pero agradezco que me ayudes a cargar todo esto —dijo señalando las maletas y los trípodes.
Entre risas y conversación ligera, montaron el equipo en el vehículo de Oliver y se dirigieron hacia el lugar de la sesión: un majestuoso castillo a las afueras de la ciudad. A medida que avanzaban por el camino serpenteante, el paisaje se transformaba. Los árboles formaban un túnel natural, dejando pasar la luz del sol que se filtraba entre las hojas. Cuando llegaron, el castillo se alzó imponente ante ellos, con sus torres de piedra que parecían rozar el cielo. Los jardines estaban impecablemente cuidados, con flores de todos los colores que adornaban los senderos, y un lago plateado se extendía en el horizonte, reflejando la majestuosidad del lugar.