Suspiros.

Capítulo 14

La primera impresión que tuvo adler sobre México fue ver a través de la ventanilla del avión todas aquellas luces de la ciudad. Para él, eso fue algo extremadamente maravilloso.

La segunda grande impresión fue al ver al tío de Elizabeth, Don francisco, un hombre con complexión robusta, tez morena, cara redonda, labios gruesos, cabello negro y lacio y con bigote que lo hacía verse como un hombre bastante rudo.

Pero lo saludó, lo abrazó y sonrío tanto como si ya lo conociera. De la boca de don francisco salían tantas palabras y sonrisas que no lograba entender nada de lo que decía.

Adler solo observaba como aquel señor le arrebató la maleta a Elizabeth e intentó hacer lo mismo con su maleta. Haciendo que éste se negara pero que hizo que don francisco le diera una palmada fuerte en la espalda sonriendo y burlándose de la desconfianza de adler. Así que adler no tuvo otra opción que dársela.

Cuando llegaron a una camioneta Chevrolet de color azul se subieron rápidamente puesto que éste se encontraba en una fila de autos que avanzaban. Solo observó como don francisco echó las maletas a la batea de la camioneta de manera fuerte y sin la menor preocupación. Se subió él a la batea y los obligó a que ellos se subieran a la caseta de la camioneta rápidamente.

La camioneta empezó a avanzar y vio como un hombre joven conducía el volante. Elizabeth y el joven empezaron a sonreír y saludarse con palabras. Elizabeth los presentó diciendo que él era su primo José, hijo de don Francisco.

A adler le hablaba en alemán y a su primo le hablaba en español, así como lo había hecho cuando se lo presentó a su tío.  Aquel joven le sonrió y empezó a hablarles. En el camino adler solo escuchó una plática entre aquellos dos que no encontró ningún sentido.  

 

Cuando adler escuchó que Elizabeth se iría a su país, pensó en que no quería que se fuera. Ella se había convertido en alguien demasiado especial para él. Podía considerarla como su única amiga. Y a pesar de cómo la había tratado todo el tiempo, pensó que ella junto con Jaden eran las únicas personas a quien le importaba y que estaban con él a su lado sin ningún interés.

Cuando escuchó todas las palabras que le había dicho Elizabeth de manera enojada en su cuarto, supo que cada palabra que pronunciaba tenía razón. Quiso decirle algunas otras cosas, pero Elizabeth se fue rápido y tan enojada aquél día.

Cuando regresó y le dijo que volvería a su país, por un instante su pecho le dolió aún más.

Así que el lunes le dijo a Jaden que se quería ir con Elizabeth. Que necesitaba un viaje para pensar las cosas y decidir qué es lo que haría más después. Que por el momento no renunciaría y que todo seguiría igual. Pero que quería ir de viaje y que por el momento se encargara de todo Jaden. Jaden le arregló todo para que se fuera en el mismo avión de Elizabeth, no les tocó en asientos cercanos, pero al fin y al cabo sería en el mismo vuelo.

Pensó mucho si en ir o no, pero se decidió. Antes se aseguró en preguntarle a Jenell si eso sería algo bueno, no le había comentado nada a Elizabeth y Jenell no quiso que se lo dijera, solo le dijo que apareciera en el aeropuerto, que Elizabeth no lo rechazaría y que a ella le agradaría.

Y efectivamente así fue, Elizabeth se alegró tanto, le dijo que no se preocupara por nada, y ella llamó a sus familiares diciendo que un amigo llegaría con ella.

 

Evidentemente adler no pensó en el idioma, sabía muy pocas palabras de español, solo saludos y alguna otra frase o expresión, pero no podía entenderle a nada de lo que platicaban Elizabeth y su primo. Hablaban muy rápidamente y no entendía a ninguna palabra. Lo único que le pudo entender a don francisco y a José fue el “hola” en español.

 

Pasaron horas para llegar al destino. Todo estaba oscuro y no se podía apreciar la casa a la cual habían llegado.

Cuando entraron, una mujer delgada, tez morena, cabello largo de color negro, cara alargada, con ojeras y con arrugas en los ojos reflejaba una edad de señora. Al ver el trato que reflejaron con abrazos y llanto por parte de la mujer, adler supo que aquella persona era la madre de Elizabeth.

Elizabeth se lo presentó a su madre, ella, le dio un beso a él en la mejilla a lo que él no supo como responderle. Le enseñaron un pequeño cuarto donde él dormiría y después dejaron que él descansara. Antes de que se fueran don pancho y pepe se despidieron de él abrazándolo y diciéndole algunas palabras que adler no entendió.




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