Tarde En El Verano

—Capítulo 6—

Alfred.

(Pasado).

Quedarme viendo el perfil de Instagram de ella no es la mejor idea que pude haber tenido, debido a que cada que veo una de sus publicaciones una sonrisa apretada aparece en mis labios, Rebecca Belanger “la rectitud andando” justamente acaba de subir una historia de una canción de Pavarotti, titulada Carusso, fotos de ella en medio de una tumbona y a su lado un libro de matemáticas, fotos de ella en medio de la nieve sin lucir un apretado traje, sino más bien parece un esquimal, sin importarle que el cabello le vuele por toda la cara, no, ella lo deja ser libre una característica que he notado, no hay clean look, no hay pestañas, no hay rubor, es ella al natural, lo cual me descoloca porque es todo lo que no debería llamarme la atención, me gustan las mujeres con el cabello prolijo, con maquillaje, que se visten a la moda y pierden el tiempo eligiendo si el color es Pantone o no, las que escuchan música de moda, esas que siguen el curso de la vida, y no es que ella no demuestre eso, pues de todas las prendas que trae en cada foto no salieron de cualquier tienda, ni los zapatos, ni los lentes, no, carga con buenos accesorios, solo es que no los pretende como todos los demás, los hace ver simples y creo que es ella, si le pongo una ropa de la H&M la luciría con tal gracia que no se darían cuenta que es de marca comercial, porque maneja un gran potencial.

Miro algunas fotos donde se supone que no es la protagonista y su estatura, su porte, su rostro hacen que la foto se vuelva solo de ella, tiene algo que hace que hasta yo quiera obedecerle, yo quien tiene el mundo bajo sus pies, quien con solo pedir se le da, estoy viendo fotos de ella, y la odio con el alma por ello, porque me ignora, me desprecia de la forma en la que nadie más lo ha hecho.

Duermo viéndola a ella, imaginándola, como si fuera una puta Diosa y no lo es.

Cuando despierto lo hago de mal humor, como si deseara que el mundo se extinguiera y solo quedara yo, compréndeme vida soy hijo único, soy un líder nato, no tengo temas parentales, al contrario, mis padres me adoran, así que la vida ha sido demasiado buena conmigo o eso creo.

Cuando salgo de la casa el cielo promete una tormenta, espero que sea digna de mi estado de ánimo, pues odiaría que el clima no combinara con el.

Cuando llegó al colegio veo los camiones que se encargaran de llevarnos a una de las empresas más prestigiosas de la tecnología médica moderna, así que subo al que este asignado para mí y no puedo evitar mirar con repudio al miserable de Robert.

— ¿A quién quieres golpear? — se acomoda a mi lado mi fiel amigo Scott Williams. — o solo estás en tu estado natural ¿eh?

—Ambas cosas, —le señalo con la mirada al imbécil de Robert, —Pero viéndolo bien, no me es competencia.

—¿De qué hablas? ¿te sientes bien? Sabes que, no me interesa, tengo demasiado sueño como para entrometerme en tus aires de grandeza, y no tengo ganas de escuchar a tu ego hablar.

Se acomoda su cojín de viajar y cierra los ojos. Es un cretino cuando no ha dormido sus ocho horas de sueño y no fue a su importante partido de golf matutino con su padre. Por algo somos amigos, veneno con veneno deja de serlo.

Por la ventana empapada diviso como ella y Ariadne suben en el otro autobús y maldigo no estar en el mismo que ellas, la excusa perfecta sería acercarme a Cox.

Rebecca

Ariadne y yo vamos fascinadas con lo que podemos observar de los prototipos de prótesis y máquinas de alta tecnología de la mente maestra de Adam Hoffmann, un Ingeniero Biomédico que juega a ser el Da Vinci de la tecnología médica y no solo eso, junto a sus grandes colegas como lo son Bruno Hartmann han diseñado las más grandes de las IA, con su esposa Caroline Cooper desarrollo una cuna que detecta cada movimiento del bebé, si hay un peso extra, y si este es demasiado brusco hace una llamada a los cuidadores, siente si hay respiraciones del que la usa e igual si hay algo inusual genera una alarma, mencionan que esto ha ayudado a lo que se conoce como muerte de cuna, prevención de que el bebé sufra de una caída porque manda notificaciones cuando no detecta peso. Un diseño que debieron pensarlo muchísimo al momento de que tuvieron a su primogénito, detecta si hay temperatura, es una maravilla y algo que salía de su trabajo, pero, que como mencione al volverse padres tuvieron que innovar.

Sin duda alguna sus mejores obras son sus prótesis, la robótica en su máximo esplendor, los bastones para personas invidentes, todo lo que han creado es lo que yo llamo saber aprovechar el ingenio y los recursos en una buena causa, sin hablar de todo el equipo médico que ha elaborado desde ropa quirúrgica hasta marcapasos y el brindarle apoyo a su ejército.

Venir aquí es más que solo escuchar quien es o que hizo, es demostrarnos que si vamos a hacer algo debemos hacerlo en grande, es amar con pasión tu labor, y compartirla con el mundo. Creía que estas cosas de alta tecnología solo se veían en las películas, pero, no, Industrias Hoffmann es la realidad de que el ser humano supera la ficción.

—Es un Dios este hombre. ¿Será el Tony Stark de la vida real? — dice Ariadna cuando nos paramos a ver una de las pantallas donde lo muestran.

—¿Por qué Dios? ¿Por su talento? Y puede que lo sea, el hombre innova como si no tuviera una vida. —avanzamos.

—No, porque es guapísimo, además claro de inteligente, alto y obvio millonario, creo que envidio a su esposa porque me acabo de enamorar, acepto ser su amante señor Hoffmann. —se sonroja al decir las palabras.

—Cox, por favor.

—¿Qué? — me mira con gran ofensa.

—está casado, es padre de dos, es mayor que tú en todo aspecto y solo estás viendo una pantalla que lo muestra trabajando.

—No hay problema su esposa jamás se enteraría, gustosa de adoptar sus hijos, los cuarenta no se le notan. Como va, descubrirá la fórmula de vivir para siempre. Y creo que dé más viejo seguiría estando buenísimo.




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