Tarde En El Verano

—Capítulo 11—

REBECCA.

(PASADO).

Han pasado semanas desde que Alfred L. Cromwell, decidió dejar de hablarme, me imagino que se canso de mi evasiva. Lo vi muy junto con alguien mas y a decir verdad me alegro, no se que es lo que traía con Sylvia, pero también a ella la he visto muy distante últimamente con respecto a él.

Estoy en el aula de música haciendo mis prácticas semanales para un concierto que daré el viernes, por el momento estoy sola porque así es como será, termino mi ensayo y los chicos de la orquesta entran a dicho sitio.

En lo que ordeno mis cosas, bebo de mi bebida deportiva me es imposible no escuchar su conversación, lo admito, el cotilleo es un elixir que debe ser al menos escuchado. Por ello ralentizo mis actividades.

—la vi muy mal. Raro en ella. —dice A. pues no reconozco sus nombres, de hecho, me son indiferentes.

—Ya te dije, estaba triste, él la voto como si no valiera nada. Y si me lo preguntas es un imbécil. —dice B.

—no quiero decir que se lo dije, porque él así es.

—yo te veía muy convencido en apoyar cuando ella nos dijo porque se había mudado aquí. Dejo todo por un romance que no se concretó.

—lo estaba, aunque no sé que cambió, ellos llevaban desde el primer semestre de colegio siendo eso… —limpia su violín— estaban ambos de acuerdo.

—ella estaba de acuerdo porque siempre lo ha querido, según me contó que desde que iban en la primaria ella lo quería.

—pues según lo que me dijo fue que él conoció a alguien, y que lo trae embelesado, tanto que ni siquiera son nada y él decidió renunciar a mi bella Sylvia.

Lo ultimo me deja desconcertada, pues me temo que conozco a dichos personajes.

—¿Quien deja a Sylvia?, solo un tonto, pese a que ella aceptaba ser solo su amiga con derecho a roce, ella la mayoría del tiempo rechazaba a todos, por querer que él se fijara en ella. Además quien tendría ojos para alguien más que no sea ella, tiene todo, carisma, cuerpo, cara, modales, talento. Es perfecta.

—pues tienes razón, Alfred es un idiota, dejar a Sylvia cuando ella lo es todo, dicen que su madre la adora no me quiero imaginar cuando Zinaida se de cuenta de que su hijo tiene una neurona funcionando y es por una chica que lo ha rechazado tantas veces, la va a odiar con el alma y ni hablar de Henry. Por lo que solo asumo que Alfred esta encaprichado.

—lo sabemos, pero la mejor opción de su vida la ha dejado ir, sabemos que Sylvi, lo ama, aunque nunca se lo ha dicho…

—o él no quiere escuchar eso, se aferra a un sueño. No me quiso decir quien es la involucrada en esto, no se si lo sigue protegiendo, o tiene la seguridad de que ella no le hará caso y él volverá una vez mas con ella, como lugar seguro.

—no dice quién es, porque sabe que si lo dice Alfred no solo dejaría de verla como amiga con derecho sino como su mejor amiga, porque eso han sido siempre, Sylvi no respeta a nadie como lo hace con él, le tiene lealtad y este no lo ve o se hace ciego… Se cambio hasta de aula, me da la impresión de que ella esta ahí, porque no lo hizo por Sylv.

—yo opino que Alfred esta pensando con otra cabeza, como vulgarmente dicen, cuando recobré la conciencia volverá con Sylv, porque no hay nadie que la superé.

—pues yo la vi muy desanimada, esta vez perdió, puede que la otra no sea tan bonita, tanto como ella, pero si me lo preguntas yo a Alfred lo veo muy…

Mi celular comienza a sonar, una llamada de Cox. Y hace que los chicos A y B, se me queden viendo con intriga.

—Con permiso. —tomo mis cosas y salgo con fingido apuro.

Cuando me aseguro de que estoy lo suficientemente lejos me detengo y suelto el aire, ¿estaban hablando de mí? ¿soy la villana en una historia donde ni siquiera yo he decidido colocar mi participación? Vaya, no me creía tan popular, no me gusta ser pretenciosa a mil voces, sino de esas discretas y ahora resulta que estoy metida en algo parecida a un triangulo amoroso y algo que me hace ruido es ¿Por qué estoy en boca de chicos y no de chicas? Se supone que los de sexo masculino no les interesa nada de eso, porque es una pérdida de tiempo. Malditos hombres.

Me es imposible no aguantarme la sonrisa enorme que me sale de mis labios, ¿arrogancia? Muy probablemente. Aunque no me gusta el papel que me están dando.

—¿Dónde estabas? Tu practica término hace mas de veinte minutos. —me mira con falsa molestia—y de ¿qué te estás riendo?

—estaba en el aula de música, —le acomodo un mechón de cabello tras la oreja, —ni te imaginas.

Me toma del brazo y me encamina a los jardines.

Mientras avanzamos le cuento todo lo que escuche de A y B.

—Vaya, mi pequeña seductora, rompiste un falso noviazgo, ¿cómo te sientes y por qué te encanta la idea?

—no me llames de ese modo, y aunque te lo dudes, no me da entusiasmo. Me hacen ver como si yo no mereciera gustarle a alguien porque no soy tan perfectamente rubia como ella.

—Diría que son celos, pero solo es tu ego subiendo a la cima. Conquistaste a Sir Alfred Louis Cromwell. Y eso amiga mía, es mas que suficiente para ignorar todo lo que ese par de tonto y tontín pudieran haber dicho…

Me le quedo mirando, ya lo dije; Ariadne es la amiga, no tiene envidia de ti, no te subestima, no te niega la verdad cuando sabe que tiene que decirla, es como si hubiera una parte fusionada mía en su ser y Dios, por ello es la mejor.

—Sin duda estoy enamorada de ti. Mi detective. —le sonrió.

—Oigan, tienen idea de lo agotador que es jugar un partido de soccer sin que este tu porrista favorita. —llega Scott, lleno de sudor y de lodo de las calcetas y zapatillas deportivas. —dijiste que estarías, mentirosa Ari.

Mi amiga sin saber que decir se sonroja, y es del tipo de que está avergonzada.

—Lo siento, lo olvidé y me fui a estudiar.

Ari será de todo, mas nunca porrista, al menos no de esas que nos asombran con vestidos coloridos, caras pintadas y gimnasia poco apropiada. Ella es más porrista de banca. Sí, de esas que pierden sus modales que le han llevado años construir en los colegios mas caros de todo el Reino Unido.




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