Te AmÉ En Otra Vida

Capítulo 28: El virus en el linaje

La base metálica del Trono del Retorno vibraba bajo las plantas de los pies de Ha-yun con la fuerza de un reactor en plena crisis. Al sentarse en el frío asiento de aleación de plata, el siseo del fluido azul cobalto que corría por los tubos transparentes a su alrededor se intensificó, como si la maquinaria misma jadeara de anticipación. De los brazos de la imponente estructura emergieron de inmediato unas abrazaderas mecánicas con terminales biométricos que se cerraron alrededor de sus muñecas, justo encima de la fina línea plateada de su piel.

Un dolor punzante, frío y eléctrico, perforó sus arterias cuando las agujas de encriptación cuántica penetraron su piel.

—Iniciando secuencia de acoplamiento de plasma real —anunció la voz automatizada del sistema, pero esta vez distorsionada por un eco áspero que rebotaba en las paredes de la cripta subterránea—. Sincronización del vector temporal al noventa y dos por ciento.

A tres metros de distancia, de rodillas contra la columna de granito, Kang-dae luchaba por mantener los ojos abiertos. El veneno violeta avanzaba de forma implacable por su cuello, dibujando venas cenicientas que amenazaban con apagar el oro de sus pupilas para siempre. Su mano izquierda arañaba el suelo, intentando alcanzar la empuñadura de la espada de plata, pero sus músculos ya no respondían.

—¡Ha-yun… no…! —el grito quedó atrapado en su garganta, convertido en una bocanada de humo grisáceo. Verla entregarse al enemigo dolió más que el sable que aún goteaba veneno a su costado.

El príncipe Lee Jin-wook subió los escalones de la plataforma con la mirada encendida por un fervor religioso. Se colocó detrás de la consola de bioingeniería, desplazando a la doctora Seo-yoon con un manotazo despectivo. Sus manos pálidas se apoyaron sobre el teclado táctil, observando cómo la sangre de Ha-yun comenzaba a ser succionada por los tubos, tiñendo el circuito de un color carmesí brillante que se mezclaba con el azul cobalto original.

—Es magnífico —susurró Jin-wook, su rostro bañado por el resplandor intermitente de las pantallas—. La línea de tiempo está colapsando en el exterior. Los servidores de Seúl ya están perdiendo la conexión con los satélites. El siglo XXI se está deshilachando, hermana. En pocos minutos, este búnker será lo único que quede de la era moderna, y despertaremos en el año del gran amanecer imperial.

Ha-yun no lo escuchaba. Su mente de cirujana operaba en un plano de concentración absoluta, aislando el dolor físico del pinchazo cuántico. A través del enlace nervioso que compartía con la máquina, podía sentir la estructura del software de Seo-yoon. El sistema buscaba un patrón de ADN real puro para validar la orden de regresión histórica. Jin-wook creía que el elixir azul había estabilizado el plasma de Ha-yun para actuar como un ancla... pero había olvidado un detalle fundamental de la inmunología moderna.

El plasma de Ha-yun ya no era puro. Al absorber el elixir del último latido en el estanque, su sangre había asimilado también el anticuerpo del año 2026: la memoria biológica de una mujer que había ejercido la medicina, que había salvado vidas comunes y que se negaba a dejar morir el futuro.

«Ahora», pensó Ha-yun, cerrando los ojos con fuerza.

Concentró toda su energía mental en la marca de su muñeca derecha. El anillo plateado invisible debajo de su piel se encendió, enviando una descarga de antígenos modificados directamente a través de las agujas de succión. No era sangre real de Joseon lo que inyectaba en el motor del Trono; era un virus biológico reversible, un código de rechazo del siglo XXI diseñado para sobrecargar los servidores cuánticos desde su núcleo molecular.

Las pantallas de la consola cambiaron de golpe de azul a un rojo parpadeante de advertencia.

—«Alerta de error crítico. Anomalía en el factor de transcripción del plasma. Mutación del vector temporal detectada»—, dictaminó la voz computarizada del búnker.

—¿Qué… qué está pasando? —el príncipe Jin-wook golpeó el teclado con desesperación, viendo cómo los gráficos de regresión histórica se congelaban, saltando del noventa y cuatro por ciento al sesenta en un suspiro electrónico. Giró el rostro hacia la bioingeniera con los ojos desorbitados—. ¡Seo-yoon! ¡¿Qué le hiciste al sistema?!

La doctora Seo-yoon, mirando la pantalla auxiliar con un terror puramente científico, dio un paso atrás, tapándose la boca.

—No fui yo, príncipe… es la doctora Yoo —articuló la científica, con la voz temblando—. Su sangre está actuando como un virus informático biológico. Está inyectando la información molecular de su vida moderna en el código de Joseon. El Trono no puede procesar la paradoja de una princesa que también es cirujana… ¡El sistema está entrando en un bucle de autodestrucción cuántica!

—¡Maldita seas, Yeon-woo! —rugió Jin-wook.

Olvidando la consola, desenvainó la daga de jade negro y se lanzó directamente hacia Ha-yun en el Trono, dispuesto a cortarle la yugular para detener la contaminación del plasma.

Sin embargo, el colapso del sistema cuántico produjo un efecto colateral inmediato. La sobrecarga de luz azul y plateada que emanaba del Trono del Retorno se expandió por las losas de granito como una onda de choque médica, barriendo la penumbra violeta y cortando los hilos místicos que sostenían el veneno del norte.

Kang-dae sintió que la parálisis de sus vasos sanguíneos se rompía en mil pedazos. El oro líquido regresó a sus pupilas con una furia divina que hizo que las antorchas violetas de la cripta se apagaran por completo, reemplazadas por el resplandor blanco de su aura ancestral.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.