Te AmÉ En Otra Vida

Capítulo 30: El código de la última hora

El pitido rítmico, agudo y aséptico del monitor cardíaco de la suite de cuidados intensivos del Hospital Central de Shinwha era el único sonido que competía con el murmullo de la lluvia de la tarde contra los cristales blindados. El olor a desinfectante, sábanas lavadas con cloro y ozono médico había reemplazado por completo el aroma a azufre, magnetita y pólvora fría de la frontera del norte.

Yoo Ha-yun permanecía sentada en un taburete metálico al lado de la cama de aislamiento, con la espalda encorvada por un cansancio que ya no provenía de las fluctuaciones cuánticas del tiempo, sino de la pura y agotadora fragilidad humana. Llevaba puesta su bata blanca de cirujana, aquella que no había vestido desde que la tormenta del hilo rojo la arrastró fuera de su sala de urgencias. Sus manos, habitualmente firmes y templadas, sostenían la mano izquierda de Kang-dae.

El General, el hombre que había desafiado imperios y cruzado cuatro siglos para resguardarla en sus brazos, lucía una palidez de cera bajo las luces fluorescentes de la suite. El monitor registraba un ritmo cardíaco de cuarenta y cinco pulsaciones por minuto: una bradicardia severa que mantenía a los cardiólogos del hospital en un estado de alerta constante. El vendaje quirúrgico en su costado derecho estaba limpio de fluido necrótico violeta, pero la cantidad de sangre roja ordinaria que había perdido en el barro de Paju lo había dejado al borde de un choque irreversible.

Al tacto de Ha-yun, la piel de él se sentía fría. Un frío común, el frío de un paciente en shock hipovolémico, desprovisto de cualquier aura dorada o calor divino.

—Despierta, por favor… —susurró ella, apoyando la frente contra el dorso de la mano del hombre. Una lágrima caliente se deslizó por su mejilla, empapando los electrodos de la muñeca de Kang-dae—. Ya no hay espadas, ni tronos, ni abuelas hambrientas de eternidad. Solo somos tú y yo en una habitación de hospital de Seúl. Cumpliste tu juramento, General. Ahora cumple tu promesa de vivir conmigo en este siglo.

La delgada cicatriz en la muñeca derecha de Ha-yun —aquella línea de piel común que había reemplazado al anillo plateado invisible— emitió una sutil pulsación térmica. No fue un destello de luz, sino una corriente de calor íntimo, una vibración biológica que pareció viajar a través de los dedos entrelazados de ambos hacia el torrente sanguíneo de Kang-dae.

En la pantalla del monitor médico, la línea del electrocardiograma dibujó un complejo QRS alto y definido. El pulso saltó de golpe a sesenta y cinco latidos por minuto, y los párpados de Kang-dae temblaron sutilmente antes de abrirse.

Sus ojos, completamente negros, limpios del brillo dorado de Joseon pero cargados de una lucidez peligrosamente humana, se fijaron de inmediato en el rostro de la cirujana.

—Ha-yun… —su voz fue un susurro áspero, quebrado por la sequedad de la entubación previa, pero con una firmeza que le devolvió el alma al cuerpo de la doctora—. Estás… usando tu bata.

Ha-yun soltó una risa ahogada que se convirtió en un sollozo de puro alivio. Se inclinó sobre él, rozando sus labios con la frente de Kang-dae en un gesto de devoción infinita.

—Te dije que soy tu médica, Kang-dae. Tu pulso es mío hoy —respondió ella, limpiándose las lágrimas con la manga de la bata—. Los cirujanos de Shinwha hicieron un trabajo impecable con tu desgarro muscular, pero tu cuerpo se aferraba a la anemia. Tuviste que recordar cómo sangrar como un hombre común.

Kang-dae esbozó una sonrisa débil, sus dedos largos apretando sutilmente la mano de ella.

—Se siente… ligero —articuló, mirando el techo de la suite—. Ya no escucho el eco de los tambores de guerra en mi cabeza. El pasado… finalmente se ha quedado callado.

—Lo enterramos bajo la roca de la frontera —sentenció ella, acomodándole la manta térmica sobre el pecho—. Tu abuela está en prisión preventiva, Hanseong ha entrado en liquidación de activos y la doctora Seo-yoon está cooperando con la fiscalía especial para borrar los servidores del Velo. Ganamos, Kang-dae. El año 2026 nos pertenece.

La paz de la habitación, sin embargo, tenía la densidad de un cristal a punto de romperse bajo la presión del mundo exterior.

La puerta de madera de la suite se abrió con un deslizamiento suave. El secretario Kim, vistiendo un traje de sastre negro impecable pero con el brazo izquierdo inmovilizado en un cabestrillo de lona ortopédica debajo de la chaqueta, entró a la estancia. Su rostro no reflejaba la alegría del subordinado que ve a su líder sobrevivir; mostraba la seriedad tensa de quien trae la primera fisura al refugio de los amantes.

—Señor… doctora Yoo —dijo Kim, haciendo una inclinación de cabeza de treinta grados, el máximo respeto que sus costillas lesionadas le permitían—. Lamento interrumpir el protocolo de recuperación, pero el fiscal general de Seúl está en la planta baja. Ha emitido una orden de restricción de salida del país para ambos bajo el cargo de "infiltración ilegal en zona militarizada".

Kang-dae intentó incorporarse en la cama, pero una punzada de dolor en su costado lo obligó a contener el aliento, apretando las sábanas con el puño.

—Kim, los contratos de confidencialidad de Shinwha con el Ministerio de Defensa cubren cualquier operación periférica en Paju —advirtió el presidente de la corporación, su voz recuperando la modulación del estratega—. La fiscalía no tiene jurisdicción sobre las operaciones de rescate biológico de la empresa.

—No es la fiscalía local lo que debe preocuparnos, señor —Kim extendió una carpeta de piel negra que contenía documentos impresos con el sello en relieve de la Organización Mundial de la Salud y el logotipo de una corte de arbitraje internacional con sede en La Haya—. La farmacéutica global de Suiza, la que financió la traición de la doctora Seo-yoon desde las sombras, ha presentado una demanda de emergencia ante las Naciones Unidas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.