Te seguiré a donde vayas

Encuentro

Cuando eres una adolescente se supone que quieres ser lo más rebelde posible. No debemos, pero lo somos. Pero yo no era así, a mis quince años era la chica más obediente que había en el mundo. Hacía todo lo que mis padres me decían sin protestar, siempre estaba estudiando o ayudando en el hogar. No tenía vida social ni siquiera en internet, cargaba el celular cada tres o cuatro días. Porque casi ni lo tocaba en lo que pasaba el día.

Pero todo no puede ir siempre bien. A veces obedecer en todo a tus padres trae consecuencias, a veces querer demasiado a alguien es malo. Y la vida me lo enseñó con solo quince años de edad y una mente limpia. Mi vida acabó ése día en aquel momento cuando entré por esa puerta. No me lo esperaba, creí que solo era para estudiar y que aquel hombre sería un profesional en las ciencias, pensé que solo sería un taller para niñas estudiosas y aficionadas a las ciencias como lo era yo. Y el extraño si me dió clases, pero las clases que una adolescente jamás debería tomar...

La burbuja en la que había vivido toda mi vida se rompió en el mismo instante en que crucé aquella puerta, en aquel hotel. Si tan solo hubiera sido una sola vez pero no, todo volvió una y otra vez hasta que perdí todo lo que me ataba a la vida. Quería morirme, yo...yo...

— Señorita Stuart? Señorita, acaso me está ignorando? — escucho la voz de alguien, mi vista está borrosa las lágrimas que antes no dejaban de brotar sin control ahora se arremolinan en mis párpados — Señorita responda!

— Sí profesor — reacciono — Me repite la pregunta?

— Quería que le explicará a toda la clase el problema que está en el pizarrón — responde el señor Benjamín, mi profesor de matemáticas.

— Lo siento profesor, pero no lo entiendo — todos se ríen burlándose de mí, claro! Cómo no hacerlo si estoy en último año de preparatoria y aun no se resolver los logaritmos.

Paso ambas manos entre mi cabello de color cobrizo y dejo caer mi cabeza sobre la mesa. Esto me trae muy mal, aún recuerdo el pasado como si fuera hoy, no puedo seguir así esto no está bien. Parece como si mi mente no pudiera despegarce de esos recuerdos, no quiero vivir en el pasado, sé que debo avanzar, pero no sé cómo hacerlo.

Cada vez que recuesto mi cabeza en la almohada todo vuelve sobre mí. Siento esas manos acariciando mi cuerpo como si con cada roce quisiera arrancar una porción de mí.

Otra vez escucho esos gritos, no son míos sino de otras chicas que vivieron lo mismo que yo en aquel estúpido hotel. Una vez más sus puertas se abren ante mis ojos mientras unos hombres uniformados nos llevaban dentro. Yo sujetaba con fuerza el borde de mi falda escolar y mis latidos comenzaban a agitarse. Todo tan vívido como si ocurriera nuevamente.

¿Cómo pude haber sido tan tonta para creer que aquel viejo iba a darme clases particulares de ciencias? Soy tan tonta de verdad?

Suspiro y comienzo a escribir la respuesta que mi chico escribe en la pizarra, él es un buen alumno. No sé si esté bien lo que estoy haciendo con él, no debería mentirle tanto.

— Oye Ely, ¿estás bien querida? — pregunta mi mejor amiga a mi lado y le sonrío forzadamente.

Es cierto que es mi amiga pero ella tampoco conoce mi historia. De hecho nadie en mi círculo cercano la conoce, eso es algo que me reservo solo para mí. No confío en los demás aunque parezca lo contrario, me dejó llevar por sus dulces palabras incluso sabiendo que son mentiras.

Intento estar bien, aunque ya no quiero estar ni un segundo más aquí — eso quise responder, pero las palabras no quisieron salir de mis labios — Saldré a tomar el aire un rato.

El timbre sonó y por fin terminó la clase, odio cuando matemáticas es de las últimas del día. No esperé ni dos segundos para salir del salón de clases. No me estaba sintiendo para nada bien y ya no podía prestar más atención a las clases. No es que sea de las mejores, pero tampoco soy mala en alguna «solo con los logaritmos»

Ví que Ian iba tras de mi, pero no le presté atención alguna, no me estaba sintiendo nada bien y no tenía tiempo para sus tontas suposiciones, que aunque me cuesta admitir probablemente sean las más ciertas.

Caminé entre las mesas hasta salir del salón rumbo al pasillo, me detuve al final de este y llené los más que pude mis pulmones con aire fresco, aquella desagradable sensación permanecía plasmada con sufrimiento en mi mente y cuerpo.

Unas frías manos se deslizaron por mi cintura agarrándome desde atrás. Fue como su tacto, tan frío y desagradable como sus instintos. Una imagen cruzó mi mente en una fracción de segundo, unas manos blancas envueltas en sombras agarrándome y envolviéndome sin que me pudiera liberar, un susurro como si anunciace muerte se adentró en mis oídos; sus labios alcancé a distinguir dentro de la temible oscuridad, mientras pronunciaba algo que no pude decifrar. Me asusté al momento y me safé de su agarre con violencia, mi cuerpo estaba temblando de miedo.

Me envolví en mis brazos y me volteé para encontrarme con unos ojos marrones que me escrutaban a detalle. Ian se encontraba en frente mío con la mirada perdida como si mi actuar lo hubiera dejado en shock, era obvio saber lo que estaba pensando en aquel momento con solo mirarle.

— Lo siento — me disculpo e intento acercarme a él para abrasarlo, me sujeta de ambas manos y me detiene — De verdad lo siento.

Intento besarle y gira rápido su rostro para luego alejarse un poco de mí.

¿Qué quiere que haga? Acaso podría entender si le digo las cosas? No, eso lo sé mejor que nadie...

— Descuida, no finjas algo que no sientes — dirige su mirada hacia mí nuevamente, se ve triste. Pero por alguna razón no puedo creer que su tristeza sea cierta del todo — No es necesario que digas nada, desde hace unos días estás distante, perdida. ¿Es porque quiero tener sexo contigo? ¿Acaso tú no? — su pregunta me toma por sorpresa, me sorprende que sea tan directo en medio del pasillo estudiantil cuando un montón de estudiantes puede escucharnos.




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