Te veo...

CAPÍTULO 4: Libro mágico

Alana

Terminar este libro me ha tomado más tiempo que los libros anteriores; no digo que me aburre, porque no es así. Solo que últimamente me ha pasado algo muy extraño mientras leo la historia: es atrapante y graciosa, pero, a veces, cuando pienso en voz alta, escucho que alguien me contesta.

La primera vez, creí que me lo estaba imaginando y no le tomé mucha importancia hasta que volvió a suceder. Suele exasperarme y también hacer que me ría.

Creo que hubiera preferido que siguiera siendo escrito, así pensaría que soy disléxica en lugar de esquizofrénica.

Eso es igual de malo, idiota

Mm… cállate

Hablé con mi amiga, Joana, acerca de lo que me estaba pasando, porque ella es la única que me sigue en esas locuras. Aunque esta vez sí me fastidió diciéndome que debería salir más y conocer más porque me estaba afectando la cabeza solo leer.

—No te preocupes, amiga, yo tengo a un par de chicos guapos que te pueden distraer del “libro mágico”.

—Joana, Joana —la tomé por los hombros—. Me miré… No me crees, ¿verdad?

Mi amiga me miró sin decir palabra alguna.

—No es que no te crea, es solo que…

—Claro, está bien, no te preocupes.

Ahora que lo pensaba, sí sonaba bastante loco, es decir, ¿Un libro donde puedes hablar con su protagonista masculino? Además, el mismo protagonista, que se llama Omar, es un idiota.

Dios, sí, suena súper descabellado, pero tampoco voy a negar que leer este libro me hizo volver a escribir otra vez.

Me puse muy contenta cuando terminé el último capítulo de mi saga; se lo envié sin dudar a mi supervisor, el cual también se mostró emocionado cuando lo llamé para decirle que le había enviado el capítulo. Tenía sus pros y contras al leer este libro.

Me pregunto si a otros lectores les había pasado lo mismo alguna vez.

¿Spoiler?

No, a nadie le había pasado esto antes. Solo se quedaba como un “What if…” de los lectores, incluyéndome.

Era, simplemente, imposible y loco. Eso solo podría pasar en una novela juvenil. Así que decidí tomarme un tiempo de esa lectura; me estaba volviendo loca.

Empecé a salir al parque o solo a caminar por las calles de España, viendo las diferentes escenas que se armaban ahí.

La vida humana era como una hoja bond en el Word de Dios; crea varios personajes con diferentes apariencias y formas de pensar; describía a la perfección cada escenario; y aunque no todo es felicidad en el libro de Dios, es hermoso.

Además de andar caminando, conociéndome toda España, también le acepté una salida a Joana. Yo no salía mucho, pero ese cambio de ambiente me podría ayudar. Así que me encuentro aquí en mi habitación frente al espejo.

Traigo puesto un crop top de color verde oscuro, unos jeans, unas sandalias plateadas y el cabello lo llevo suelto. Me coloqué una chaqueta jean con un corazón bordado.

—Bueno, no me veo mal…

Le sonreí a mi reflejo, agarré mi celular junto con mis llaves y las coloqué en una cartera chica y salí de mi apartamento.

Al llegar a la discoteca, no fue muy difícil encontrar a Joana; ella se encontraba en una de las mesas. La reconocí por su cabello pelirrojo. Me acerqué a ella; traía puesto un vestido azul que resaltaba su piel morena.

—¡Alana! —me llamó ni bien me vio y yo le sonreí.

—Hola, loca… Bueno, aquí estoy.

Mi amiga me observó bien y aplaudió.

—Eso, qué bien te ves, amiga; esta noche es para festejar.

—De acuerdo. —Dije soltando una risa.

No sé si les pasa, pero cuando está Joana siento que puedo liberarme y sacar mis locuras; creo que son las ventajas de conocerse desde la infancia. Además de que, con ella, nada llega a ser aburrido.

Pedimos unos tragos para acompañar la conversación, los chistes, hacer karaoke; hasta llegamos a mencionar el tema del libro. Le conté todo lo que había podido descubrir y mis cortas conversaciones con Omar.

—Oye, amiga, si ese chico no fuera de un “libro”, yo te diría que estás viviendo tu enemies to lovers —se empezó a carcajear como desquiciada.

—¡Ay, por favor! —le empujé suavemente el hombro —¡Es un idiota!

Joana me mira aguantando la risa por mi comentario.

—Y así comienzan, me dijiste tú

—¡Sí, pero en este caso no entra eso porque estoy loca! —dije haciendo temblar mis manos frente a ella.

—Punto válido —dijo asintiendo, luego me miró —… Amiga, creo que tendremos que internarte.

Le di un golpe más fuerte que el anterior.

—¡OYE, YA, PUES! —dijo enojada —¡Tú empezaste a decir que estás loca!

—¡Pero no me sigas el juego!

—Ok, disculpa.

Medio sonreí y luego eché mi cabeza en la mesa.

—Ay, Joan… No sé qué haré…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.